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Espíritu sagrado: Creer es poder

Una película especial sobre aquellos que prefieren creer en ovnis y extraterrestres porque este mundo ya no tiene nada que ofrecerles

Espíritu sagrado: Creer es poder 1

Espíritu sagrado es la nueva película de Chema García Ibarra, que viene de conquistar circuitos de festivales desde hace una década con sus cortometrajes. Esta vez ha cambiado de duración para acercarnos al barrio de Carrús, Elche, donde se producen dos hechos fundamentales: ha desaparecido una niña con una hermana gemela (Llum Arqués) y ha muerto el líder de una asociación de aficionados a la ufología, compuesta, entre otros, por el tío de la niñas (Nacho Fernández).

Sobre estos dos hechos se desarrolla Espíritu sagrado, una película que crea desde el principio un «efecto limbo», en el que las vidas y los espacios de un barrio obrero se cruzan con estos hechos misteriosos, coqueteando con la ciencia-ficción y el misterio (en la acepción más Iker Jiménez del término). Todo ello marcado por una serie de personajes -todos intérpretes sin experiencia- con una particular expresividad y que se muestran totalmente ajenos a la realidad en la que viven.

La película te empuja a un estado de abstracción, suspendido en el aire, en el que hay que aceptar entrar. Allí hay hay costumbrismo, comedia, fantástico y, en el fondo, puro horror. Si se rompe esa aparente distancia que se establece con el que mira, la recompensa es hipnótica y estimulante. Se abre así la posibilidad de entrar en un mundo cinematográfico genuino, uno con el que García Ibarra debería de terminar de destaparse -si no lo había hecho ya- como uno de los cineastas españoles a seguir obligatoriamente.

Espíritu sagrado, comunidad alienígena

Espíritu sagrado: Creer es poder 2

Espíritu sagrado escoge no explicar demasiado o, más bien, absolutamente nada -algo que molesta a los buscadores de evidencias- de su contexto social, económico o de época. Salvo en momentos puntuales que es mejor no desvelar (algo parecido a un spoiler en los últimos dos párrafos), la película se sitúa en la perspectiva de sus personajes, sin pretender saber más que ellos. Y los protagonistas de este universo, habitantes de este barrio de Elche, no participan realmente de lo que pasa a su alrededor.

Aunque estén en el lugar y sufran las condiciones materiales que les ha tocado vivir, en Espíritu sagrado la manera de seguir adelante es creer en que hay algo más ahí fuera que nosotros mismos. Una fe en ovnis y planes extraterrestres que podría ser perfectamente religiosa y que evidencia que muchos prefieren creer en mundos lejanos, derrotados pero ilusionados, porque este en el que vivimos ya no tiene nada que ofrecerles a personas como ellos.

Es esta lógica de fondo la que usa García Ibarra, que vivió también en Carrús, para ser deliciosamente ambigüo. Así es como plantea situaciones de las que no sabes si reírte o no, si tomártelas en serio o no, si juzgarlas de alguna manera o simplemente suspender un posible juicio. Más que analizar el pensamiento conspiranóico desde fuera, la paranoia es compartida entre los personajes de una forma que acaba siendo el último reducto de verdadera comunidad que les queda. Y así, sin comprarles el discurso, el director puede mirarlos con una empatía que se transmite.

Desacralizados

Espíritu sagrado: Creer es poder 3

Impulsados por la fotografía de Ion de Sosa (en 16 y 35 mm y fluyendo en sus luces por tonos madera) y las coordenadas de estampados de la dirección de arte de Leonor Díaz, los planos fijos de Espíritu sagrado van siguiendo casi sin querer el camino de sus protagonistas, que siguen esperando a algo que no llega. Es así hasta que la ilusión de la revelación se desvanece de una forma tremendamente cruda, tal y como ya pasaba en Misterio, la película de García Ibarra más emparentada con esta rotura del espejo final.

Esa sonrisa helada, que antes era cómplice o burlona, resignifica toda lo que hemos visto antes, sin que eso significa traicionarlo. Como pasa con las grandes películas. Así es como se cierra la experiencia de ver Espíritu sagrado que, con su imaginario illuminati, es una de las mejores noticias cinematográficas de este año en España, que debería significar para el cine español algo similar a lo que significó hace una década Diamond flash. Ahora, en los años 20, lo que necesitamos es creer.

2 Comentarios. Dejar nuevo

  • No es un buen cineasta alguien que no utiliza actores profesionales, sino gente de la calle. Eso es no tener ni idea. Mucho guión y mucho plano, pero lo que verdaderamente importa es el corazón del personaje, y eso en un set de rodaje sólo lo puede hacer un actor

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  • Me parece muy acertada la referencia a «Diamond flash», ya que pienso que una de las cuestiones esenciales en esta película es esa aparente contradicción en los géneros. El tono, las interpretaciones y especialmente el ritmo conseguido mediante el montaje, los silencios y las elipsis, nos hace sentir constantemente que estamos dentro de una comedia (como ocurría frecuentemente en la cinta de Vermut). De esta manera, cuando la película pega, el puñetazo se siente doblemente fuerte: por lo que cuenta, sí, pero también porque nos pilla con la guardia baja.

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