Críticas
Altas capacidades: Víctor García León y los padres que se mentían demasiado

Fotogramas de 'Altas capacidades'. Montaje: ©Cine con Ñ
Altas capacidades son las que podría tener el hijo de Alicia y Gonzalo. O, por lo menos, eso es lo que ellos han decidido creer cuando ven la posibilidad, tras un turbio suceso que podría dejar una vacante, de poder matricular a su problemático hijo en un colegio de élite. En la encrucijada de abandonar o no su colegio público, la pareja se irá introduciendo en las altas esferas que rodean el posible nuevo centro.
Nueva película de Víctor García León (Los europeos, Animal), que vuelve a un cine más personal con esta sátira social sobre las aspiraciones de ascenso de la clase media española, concretadas en las contradicciones y proyecciones egoístas que vuelcan los adultos en la educación de los hijos. Ahora compite por la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga.
Altas capacidades es una película divertida, de esas que calibra bien las dosis de parodia —y su necesaria exageración— con la mala baba que solo se encuentra en la verosimilitud de las situaciones que quiere retratar. En la línea de El buen patrón (2021), pero con menos aspiraciones de epatar, le sale casi siempre bien.
Altas capacidades y la comedia de padres

¿Se ha abierto un camino en España para la «comedia de padres» que se desmarca del cine familiar formulaico? Si el año pasado ya Los aitas (2025) —de Borja Cobeaga, coguionista de Altas capacidades— abría otra línea, ahora tanto Lapönia, de David Serrano, como Altas capacidades coinciden en hacer humor con algunos de los dilemas «modernos» de la crianza. Los conflictos éticos, morales y hasta ideológicos que hay detrás de las decisiones que se toman a la hora de educarlos.
En el caso de Altas capacidades, García León deja a las claras que la pareja protagonista está volcando sus propios deseos y frustraciones en su hijo. La posibilidad de garantizarle un buen futuro no es una contradicción porque estén pensando en él, sino porque están pensando en ellos mismos y cómo esa nueva puerta les puede llevar a unos espacios que consideran de éxito. García León y Cobeaga sacan secuencias que son auténtico oro a la hora de describir la espiral de hipocresía, apariencias y autoengaño en la que se va metiendo su pareja protagonista.
Israel Elejalde y Marian Álvarez están muy bien a la hora de interpretar a personas normales a las que se les va de las manos el no aceptar que son unos infelices —y que, probablemente, estén fracasando como matrimonio—. No hay piedad con ellos y, al mismo tiempo, se puede hasta empatizar con ellos al ver lo vulnerables que son en un mundo terrible al que claramente no pertenecen. Al fin y al cabo, son solo unos pobres padres.
Los círculos y la represión

Otro de los aciertos divertidos de la película es la descripción de determinados ambientes sociales de élite a la madrileña, en los que la paternidad o la maternidad es una esfera más en la que seguir ejerciendo poder y determinar círculos de confianza. Ahí brilla, como buen actor fetiche de García León, un Juan Diego Botto que le ha cogido el gusto a la comedia y se está convirtiendo en el actor que mejor hace de pijo insoportable de la ficción española.
Es cierto también que a la película, quizá, le faltan algunas cosas para terminar de ser la gran comedia que apuntan sus actores y el guión que sí vemos en pantalla. Se nota que se podrían haber metido más cosas tanto para empezar (el off de la situación inicial que lo provoca todo no termina de funcionar) como para acabar (la resolución es coherente con las ideas de la película, pero le falta un gag final más contundente), pero también a la hora de describir un poco más ese «otro» mundo (el del colegio público, el de su vida normal) que pueda funcionar como contraste.
Por ir cerrando la inscripción: Altas capacidades es una comedia que consigue esa mezcla tan difícil de farsa y retrato, que genera risas pero también una cierta sensación amarga. Es el Víctor García León de Más pena que gloria (2001) y Vete de mí (2006), ahora ya no lidiando con la adolescencia o el fracaso de la primera vida adulta, sino con una madurez reprimida y que solo puede desahogarse a través de sus responsabilidades.


Arturo Tena