Industria
¿Cómo conseguir que la gente vea tu documental (e incluso pague por ello)?

©Documenta Madrid
Si cuesta distribuir una pequeña e independiente, más aún si se trata de un documental. Y si es uno con un enfoque poco habitual o comercial, más todavía. Aún así, las alternativas para que estas películas encuentren su público existen y no son inaccesibles ni para el más modesto de los proyectos. Solo hace falta conocer sus pros y sus contras, y sobre todo si se ajustan a los objetivos de cada cual.
Documenta Pro, las jornadas profesionales del festival Documenta Madrid, han dedicado este año sus encuentros a este problema y sus posibles soluciones. Bajo el título ‘Distribución y exhibición de cine documental: explorando el laberinto en busca de audiencias’ han sentado a distribuidoras, agentes de ventas, agentes del circuito cultural y cineastas con muy diversos enfoques para analizar casos concretos o el funcionamiento del mercado en otros países y su aplicación en España.
Las jornadas se han celebrado en la sede habitual de Matadero (Cineteca Madrid), entre los días 30 y 31 de mayo, con un programa diseñado por la Asociación Española de Cine Documental (DOCMA) y con la colaboración de la Madrid Film Office.
Así, se desarrollaron casos como el de Sands of Silence, de Chelo Álvarez-Stehle. Un documental estrenado en 2016 que acabó teniendo una «distribución de impacto» gracias a tocar temas que acabarían cristalizando en la ola del #MeToo y que lo llevó a tener varias vidas en diferentes circuitos tratados en las jornadas, no solo el comercial de las salas o las plataformas. Álvarez-Stehle, que en el propio documental comparte su experiencia como víctima de abusos junto a otras mujeres,
Distribuir pensando en los Goya
Carlo D’Ursi, productor de Contigo, contigo y sin mí, de Amaya Villar Navascués, explicó la estrategia seguida para conseguir la nominación al Goya de un título, en principio, tan de nicho como este. El documental, que narra mezclando animación y vídeos domésticos las principales relaciones sentimentales de la vida de la directora, tuvo un recorrido seleccionado por festivales buscando lo más cercanos a la ventana de votación de las nominaciones a los Goya, estrenando en salas (y por tanto apareciendo en la conversación en el sector) justo la semana de cierre de los mismos.
La propia cineasta desarrolló como fue la fase de diseño de audiencias y el posterior recorrido «provocado» por la nominación. D’Ursi agradeció las ayudas recibidas del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, que permitieron esa distribución tan seleccionado, y explicó la cuestión de los objetivos: «La nominación no tiene un retorno de público inmediato, pero es un paso adelante que permite a la productora o a la directora proyectar una siguiente película. Y salieron de ella más charlas, proyecciones e incluso un diálogo muy provechoso en redes sociales».
Otro casos concretos vistos en el Documenta Pro fueron los de Shooting for Mirza, de Juan Gautier, presentado por el productor Manuel Diaz; Código Marcos, de Liena Cid y Patricia Pérez, que contó con las propias directoras y la productora María López, y H, de Carlos Pardo Ros, el cual estuvo presente junto a Silvia Cruz, distribuidora en Virtine Filmes. En este último caso se abordaron, además, las diferentes aspiraciones que pueden tener los documentales según su enfoque, ya que los más artísticos o experimentales difícilmente se hacen pensando en un futuro comercial, pero que tienen una vida asegurada en los circuitos de Arte.
El circuito cultural y creación de audiencias
Marta Sánchez, consultora audiovisual y CEO de Pragda, y Helena Fernández, gestora Cultural y CEO de Aula Films, abordaron la tarea pendiente del circuito cultural y educativo. Un aspecto en el que España se mira en espejos como EEUU o Francia, a pesar de que cada país tiene una legislación y unas situaciones diferentes. Las universidad estadounidense, con su tradición del uso de soportes audiovisuales, sus bibliotecas y sus plataformas, son el espacio donde crece Pragda, especializada en contenidos en español, en un mercado que, en palabras de Sánchez, «da menos dinero, pero es constante y a largo plazo».
Un modelo de negocio «que cambia cada cinco años», resumió, ya que en su caso el lanzamiento de una plataforma especializada no tuvo el éxito esperado: las bibliotecas universitarias no quieren pagar al pinchazo ni suscribirse, sino adquirir las propias películas. Con todo, el modelo no sería 100% trasladable a España, donde en principio los centros continúan siendo públicos y no es que las matrículas sean más baratas, sino que se subvencionan por el Estado para hacer la educación superior accesible a ciudadanos de todas las rentas.
«l»La audiencia reclama algo más: que vaya el equipo, crear una conversación»
Fernández, por su parte, presentó Aula Films como «la alternativa legal al pirateo» para centros educativos, con sus filmes y sus programas y salas asociadas. La gestora cultural recomendó entender la mentalidad de los centros, sobre todo de Primaria y Secundaria, y los problemas de los mismos, antes de reclamarles derechos de autor. También puso en valor la función de los cineclubs o las aulas audiovisuales que se conviertan «en parte del mismo centro», una forma de contribuir a la «formación del gusto» de los futuros públicos.
Sánchez, finalmente, por su parte, insistió en que la distribución de un documental tiene que analizar si sus objetivos tienen que ver con la carrera del director, con «cambiar el mundo» o con «hacer dinero», porque necesitarán diferentes tipos de promoción en cada caso. También advirtió que, en cualquier circuito, sea el tradicional, el educativo o el cultural, la exhibición se ha convertido «en un evento». «Ahora, sobre todo por pospandemia, la audiencia reclama algo más: que vaya el equipo, crear una conversación. Y es una estrategia comercial: es más rentable reunir a 800 personas en un día que no empeñarse en la distribución habitual y tener la sala vacía dos semanas».

Jose A. Cano

