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Mirza Delibašić, el genio del baloncesto que fue símbolo de una Bosnia devastada y un padre ausente

Mirza Delibašić: transparente y, al mismo tiempo, impenetrable. Es la paradoja que abraza Shooting for Mirza, un documental dirigido por Juan Gautier que muestra las diferentes caras, tan coherentes como contradictorias, del mítico jugador de baloncesto yugoslavo. Deportista genial, amigo excepcional, bohemio, hombre comprometido con su pueblo… y padre ausente. A través sobre todo de su hijo, Danko Delibašić, Gautier rebusca en el legado de la leyenda, tanto en su dimensión personal como de símbolo de una época durísima para una Bosnia desgarrada por la Guerra de los Balcanes.
Es el hijo menor de Delibašić el que encarna el relato del documental. «En él confluyen los dos elementos: es, por un lado, el hijo que está orgullosísimo de todo lo que hizo su padre. El guardián de su memoria, el que mantiene viva la llama de lo que representó. Por otro, Danko tiene una herida por su ausencia: tomó una serie de decisiones que lo convirtieron en un héroe para el país pero no para él y su familia», comenta Gautier en entrevista a Cine con Ñ.
Shooting for Mirza sigue los pasos en Sarajevo de un Danko en la treintena, ahora convertido él mismo en padre. El protagonista, que también tuvo una carrera como jugador, va reconstruyendo la herencia de su padre, fallecido en 2001, a través del encuentro con distintas personas (su hermano, su madre, sus amigos, sus compañeros en el Real Madrid…). Así, Danko «trata de pacificar un poco esa herida personal», haciendo «un viaje tanto físico como emocional para redescubrir a su padre y así ver por qué hizo lo que hizo y lo que ha dejado después», explica el director.
Delibašić, el atípico jugador de baloncesto

Mirza Delibašić fue una de las figuras principales de la generación de oro de la canasta en la antigua Yugoslavia. Dos veces campeón de Europa (1975, 1977), campeón del mundo (1978) y, como colofón, campeón olímpico en Moscú 1980. Con 26 años lo había ganado todo sin salir del equipo de su ciudad, el Bosna Sarajevo. Era un jugador que lo tenía todo: físico, visión de juego y capacidad anotadora. Delibašić era un tirador excelente pero también un gran pasador, habilidades que lo convertían en un escolta de élite.
Finalmente, su brillante trabajo en Sarajevo —donde también ganó también una Copa de Europa (1979)— y en la selección de Yugoslavia le dieron a Mirza una gran dimensión internacional. Un estatus que llamó la atención del Real Madrid, que lo acabó fichando. Fuera del club de sus amores, Delibašić llegó a ser el máximo anotador del todopoderoso equipo de Lolo Sainz con los Corbalán, Brabender, Martín, Iturriaga, Romay y compañía. Pero, cuando estaba aún estaba dando un altísimo rendimiento, un derrame cerebral le obligó a una temprana retirada en 1983, a los 31 años.
Más que centrarse en la parte deportiva, Shooting for Mirza recoge el particular carácter y estilo de vida de Delibašić, totalmente alejado del que se le podría presuponer a una gran estrella del basket. Generoso, muy ‘amigo de sus amigos’, no estaba demasiado pendiente de su salud y exploraba otras inquietudes inquietudes nocturnas más allá del baloncesto. «Era un personaje singular, no el típico deportista, sino alguien que estuvo muy vinculado a la vida cultural de Sarajevo, que era bebedor y fumador», dice Gautier. El documental recoge cómo, tras ese primer derrame que le apartó de las pistas, Delibašić agudizó sus vicios para tapar el hueco dejado por la canasta.
El símbolo de Bosnia y el padre ausente

Pero el corazón del documental de Delibašić está en lo que sucedió después de la retirada del ídolo local en Sarajevo. El filme retrata la forma que tuvo el exjugador de vivir la durísima Guerra de los Balcanes, que significó un golpe muy doloroso para él. «Se crió en el momento de máximo apogeo de Yugoslavia, cuando realmente se sentían que eran un país unido, y le afectó mucho la desintegración», explica el director de Shooting for Mirza.
30 años después, Delibašić sigue siendo un símbolo de resistencia y compromiso en Bosnia porque, pese a tener varias oportunidades de salir del país durante el conflicto para reunirse con su familia, quiso quedarse y volver siempre a Sarajevo, entonces uno de los epicentros de la Guerra. «Es una decisión muy dramática que igual debería tener más razonamiento detrás, pero que en realidad viene por un impulso o una idea muy simple: tengo que estar con mi gente en estos momentos difíciles», resume Gautier.
El cineasta recalca que Mirza no se quedó en Bosnia «para empuñar un arma». Según el director, el exjugador no tenía ningún sentimiento «belicista» sino que quiso ayudar a su pueblo través de lo que mejor conocía: el baloncesto. Delibašić creó la selección de baloncesto de Bosnia en 1993 pese a todas las dificultades del momento y con la ciudad sitiada. Consiguieron acudir a los Juegos Mediterráneos y luego al Eurobasket de Alemania, donde quedaron octavos con Mirza de seleccionador, pese a que sus jugadores no estaban preparados para competir al máximo nivel.
«Danko se convierte en lo que él no fue: un padre ejemplar y entregado a los cuidados»
Gautier recuerda de nuevo la contrapartida que conllevaba esa lealtad social de Delibašić, siempre generoso y dispuesto a ayudar. Al no aceptar irse, pese a sus problemas de salud o los ofrecimientos del Real Madrid, estaba dejando atrás también a su mujer y al pequeño Danko, que sí habían salido del país por seguridad. Mirza Delibašić moriría el 8 de diciembre de 2001 por un cáncer linfático. Poco antes de fallecer, pudo ver lo que llevaba años pidiendo: el fin de la Guerra de los Balcanes, que acabaría en noviembre de ese mismo año.
El retrato del mito Delibašić, de toque impresionista y siempre con un halo de cierto misterio, solo se puede completar entonces hoy a través de la figura de su hijo, motor de Shooting for Mirza. Al final, la película recoge también un arco dramático de un hombre que consigue ser fiel al legado de su padre mientras sigue su propio camino. «Trata de seguir los pasos dentro del baloncesto de Mirza, pero se acaba convirtiendo en lo que él no fue: un padre ejemplar, con varios hijos y entregado a los cuidados», concluye Juan Gautier.

Arturo Tena