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España ama El Destape pero ya no soporta sus películas

Repasamos con expertos y cineastas la última ola de recuperación de las comedias populares de la Transición, que reivindica el fenómeno pero no revisita sus filmes

Andrés Pajares

¿Estamos revisitando, una vez más, El Destape? La etapa de la historia del cine español más menospreciada parece no acabar de morir. Si su tipo de humor y algunas de sus estrellas se refugiaron en la televisión y películas como Muertos de risa o Los años desnudos la visitaron desde la ficción, en los últimos años vuelve con forma de documental histórico o estudiada desde las universidades. Chusco, machista, faltón, ridículo, cutre… ¿qué tiene El Destape que no podemos dejar de mirarlo?

Este domingo 23 de enero se estrena Pajares y CIA, docuserie de ATRESPlayer sobre el cine de la Transición contado a través de la figura de Andrés Pajares. El pasado octubre lo hacía Susana y el sexo, película documental de RTVE Play dedicada a la figura de Susana Estrada y su desafío a las convenciones de la época. Incluso Sesión salvaje, en su reivindicación del cine de género y explotation de los 70, salvaba algunas cintas del llamado Landismo.

La historiadora Natalia Ardanaz ha participado tanto el documental sobre Pajares como en el de Estrada a raíz de su tesis doctoral sobre el cine de Destape con perspectiva de género. Atiende a Cine con Ñ al teléfono para indicar como «ya en el mismo momento de ese cine, cuando es vapuleado por la crítica, hay voces como Umbral, Vázquez Montalbán y otros que dicen que en el futuro se reivindicará para analizar la memoria de aquellos años».

Ardanaz publico su tesis en 2018 y cree que en estos años «más que un revival del Destape vemos un revival de los 70 y 80, de recuperar esa sensación de frescura que hubo un España. Es una recuperación de ese cine, pero sin esperar que nadie vuelva a verlo. Un joven de hoy no se va a sentar a ver No desearás el vecino del quinto, pero sí se interesa en quién es Susana Estrada. Es un regreso al fenómeno sociológico».

Olvidar El Destape, recordar a sus actrices

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Susana Estrada en ‘Susana y el sexo’.

La historiadora añade, con los fallecimientos de Agatha Lys o Carmen Carrión recientes, que a esto se une que los protagonistas del cine de la época «ya van teniendo una edad y se intenta homenajearlos en vida. Cuando hace unos años se le dio el Goya de Honor a Mariano Ozores fue muy polémico, pero es que es alguien que hizo casi 100 películas». Con las actrices de la época, eso sí, ha constatado en su investigación que «es más difícil hablar, porque fueron muy atacadas por la prensa de la época. Cuando alguien va a buscarlas son prudentes si no están seguras de con qué enfoque se va a tratar el tema».

Unos años antes, en 2015, Juan José Montijano, profesor de Literatura y especialista en teatro humorístico, publicaba el ensayo Pajares y Esteso: Tanto monta, monta tanto… Andrés como Fernando, un repaso por la carrera de ambos actores junto a Mariano Ozores. Para él la «valentía» de recuperar a estos actores se encuentra en reconocer su validez como artistas: «Alfredo del Real, Florinda Chico, Juanito Navarro, Luis Barbero, el propio Antonio Ozores… Gente que se había curtido en los escenarios de España, que procedían de la revista, un género al que erróneamente se le ha adjudicado el sambenito de Franquista».

El contenido de las películas en sí «sería políticamente incorrecto hoy, aunque entonces no se percibían como tales. Pero hay que verlas con la perspectiva del tiempo». Montijano cree que ahora «sí se está entendiendo que lo que hacia Ozores era la escuela de autores como Jacinto Benavente: reírse de uno mismo. En su caso, no de la burguesía, sino de la clase media de la época y sus códigos. ¿Racista, machista? No tiene sentido analizarlo en términos de 2022 cuando hoy en día No desearás al vecino del quinto no tendría cabida en una sala de cine».

Uno de los directores en rescatar a intérpretes del momento ha sido Tirso Calero, que contó con Susana Estrada en Carne cruda (2011) y Fernando Esteso en Blockbuster (2013). A nuestras preguntas por correo electrónico opina que «como aparecían en producciones que no siempre tenían una gran calidad, no se pensaba que ellos como actores tampoco. Un claro error». Y defiende la capacidad como actor dramático de Esteso: «Cuando rodó sus escenas en nuestra película, el equipo técnico rompió a llorar».

El Destape para millennials y zetas

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‘Yo cree a Roque III’, de Mariano Ozores.

Claro, esto tiene sentido para un público de cierta edad y familiarizado con dichos nombres. César Vallejo, director de Susana y el sexo, nos explica al teléfono que la intención de su documental fue «revisar aquella época para audiencias más jóvenes y en un formato más cercano al de las plataformas que al del documental tradicional más historicista, ya que era una película para RTVE Play».

La idea original era reivindicar el papel de las actrices de aquél cine: «Pensábamos que tuvieron una función y que pagaron una doble moralidad». Al final se acabaron centrando en Estrada «una figura muy especial. En aquel momento era como Rosalía: estaba en todos los medios a todas horas. Rompió moldes, rompió con todo. Y a las nuevas generaciones les llama la atención cómo lo hizo. ¿Te imaginas una actriz al lado de Pedro Sánchez con una teta fuera?».

Vallejo, también director de la serie Nosotrxs somos sobre historia del colectivo LGTBI, subraya como la forma de enfrentarse al desnudo de los nuevos espectadores es muy diferentes: «La sociedad ha superado el cuerpo pero al mismo tiempo lo ha vuelto a ocultar, como las redes sociales que tapan los pechos de mujer. Revisionas la tele de final de los 70 y primeros de los 80 y en cuanto al cuerpo es mucho más abierta, ahora estamos encorsetados por lo políticamente correcto».

El director valora que Susana y el sexo llegase a ser lo más visto en RTVE Play la semana de su estreno y en general las reacciones positivas. «Se ha percibido a Susana Estrada como una figura feminista: eliminó a los hombres de la ecuación, convirtiéndose en productora de sus propios espectáculos. Su olvido es sorprendente, porque actrices con carreras similares en Francia han recibido homenajes. Al público más joven le llama mucho la atención, igual que al saber que en España hubiese una Ley de Escándalo Público vigente hasta 1989».

Las siete vidas de El Destape

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‘Torrente’ (1998), de Santiago Segura.

Cuando Vallejo comenta los tropos machistas y homófobos que hoy resultarían inasumibles, una vez más, sin que nosotros lo mencionemos, alguien pone como ejemplo No desearás al vecino del quinto (1970), de Tito Fernández. En la misma Jean Sorel interpreta a un ginecólogo tan guapo que los maridos no permiten que las mujeres acudan a su consulta por celos y Alfredo Landa a un modista que encarna todos los tópicos del homosexual amanerado. Hasta el estreno de Torrente 2 (2001) fue la película española más taquillera de la Historia.

Natalia Ardanaz nos señala que la mayoría de aquellas películas «son productos que no pueden descontextualizarse, están completamente ligadas al momento en que se produjeron». Sin embargo, llegó el vídeo doméstico, la legalización de las salas X, la Ley Miró, se creó la etiqueta despectiva de ‘españolada’… pero su tipo de humor pasó a las series de televisión, las cifras de audiencia de Cine de Barrio siempre eran altas y en 1998 «llega Torrente, heredero absoluto, recuperando códigos muy familiares para el espectador: humor chabacano, uso del cuerpo de la mujer…».

La historiadora recuerda que «en mis cinco años de investigación apenas encontré bibliografía. Esas películas estaban tan denostadas que la Academia nunca se ocupó de ellas como sí ha hecho con el cine de autor. Pero ahora estudiamos que eran un fenómeno más complejo, aunque fuesen productos cutres. Abrieron espacios para replantear cosas que se habían silenciado, y eso ya tiene un valor sociológico».

Lo que nos trae de vuelta a César Vallejo: «Es imposible disfrutarlas con un criterio cinematográfico actual, sobre todo por algunos valores que transmiten. Si te pones a ver No desearás al vecino del quinto como un espectador normal, la tienes que quitar. Pero si la lees como representación de una época, entonces sí. Ahí se convierte en algo interesante».

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