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CRÍTICAS

Yo siempre a veces: Qué significa vivir bien

Marta Bassols y Marta Loza han creado una serie honesta, directa y libre de prejuicios sobre la maternidad, la madurez y la precariedad laboral
Crítica de la serie 'Yo siempre a veces'

Yo siempre a veces es la historia de Laura, una joven barcelonesa con un trabajo en el mundo de la cultura y los festivales en Berlín, pero que en una visita a casa conoce a Rubén, del que se queda enganchada. Tienen un hijo… y no se llevan bien, sobre todo porque él sigue siendo un tipo bastante inmaduro. Así que mientras busca un trabajo que le permita seguir con la crianza y rota por la casa de sus padres, de sus amigas y algún piso prestado, se pregunta cómo recuperar su antigua vida en Alemania.

Marta Bassols y Marta Loza Alonso son las creadoras de la cuadratura del círculo: una serie indie en Movistar Plus+. Junto a Loza dirigen dos nombres muy destacados de la realización de series españolas reciente: Claudia Costafreda (Cardo, Superestar) y Ginesta Guindal (Su majestad, Drama) y completa la terna de guionistas Almudena Monzú (Pubertat, Esmorza amb mi). La explicación es que detrás está Suma Content, la productora de Javier Ambrossi y Javier Calvo, con todo lo bueno y malo que conlleva, pero regalando su crédito en libertad creativa a proyectos que sin ellos quizás no existirían.

Yo siempre a veces ha estrenado sus primeros capítulos en el D’A Film Festival de Barcelona, lo cual la coloca en un lugar muy específico del tipo de lenguaje audiovisual, temas y aspiraciones de documento social, tanto en la línea de representar feminidades diversas, imperfectas, representativas y positivas como en la de una crítica al mecanismo escacharrado del ascensor social, usando para ello además una maternidad tan complicada como al mismo tiempo gozosa.

Yo siempre a veces y dónde vivir

David Menéndez y Ana Boga en 'Yo siempre a veces. ©Sophie Koehler
David Menéndez y Ana Boga en ‘Yo siempre a veces’. ©Sophie Koehler

Entiendo que decir indie y Movistar Plus+ en la misma frase dé la risa floja, pero en este caso hablamos de un estilo de representación. Iluminación naturalista —es decir, a veces demasiado oscura como desafiando el fogonazo Netflix—, mucho cámara en mano, secuencias de cortes rápidos con minielipsis sin romper la acción, zooms en busca de la reacción en primer plano del personaje… ¿se podría contar la misma historia de Yo siempre a veces con un estilo audiovisual más «televisivo» o institucionalizado? ¿La vería la misma gente? Preguntas.

La gran virtud de Yo siempre a veces es que encuentra el equilibrio entre proponer una historia sobre el discurrir de la vida sin intervenir demasiado —no hay giros, diálogos acartonados o arcos de personaje, por ejemplo, el padre del niño no cambia ni cuando hace cosas «buenas», siempre es un chuflas inmaduro— y al mismo tiempo ordenarlo de forma temática y que tenga un sentido tanto narrativo como en sus lecturas sociales. Y la clave está en el alquiler. O su ausencia.

La crisis de la vivienda ya es tan transversal que salpica a todas las ficciones excepto a las que activamente buscan ignorarla, y en esta serie cada episodio se titula como el lugar en el que vive la protagonista, sea la casa de sus padres, de las amigas o el piso en Berlín. Ese tránsito vital, como insinuaba Chavalas (2021), es también de clase y creativo. Aunque, en un giro que no hacía tan explícito Los Tortuga (2025), los pobres hablan castellano —con acentos diversos— y los pijos —como el padre irresponsable—, catalán.

Es reseñable también como Yo siempre a veces dialoga, quiera o no, con Ama (2021) o Salve María (2024), aunque su visión de la maternidad es mucho más positiva. Nos invita a no juzgar a Laura cuando hace cosas que nos parecerían de «mala madre» en un personaje al que no se hubiese contextualizado, y a entender que muchos de esos momentos tienen que ver también con su edad —en un reflejo de otro título sobre los cuidados, Yo no moriré de amor—. También se cuida mucho de darle a Laura cualquiera de las soluciones obvias.

Yo siempre a veces y para qué vivir

Ana Boga en 'Yo siempre a veces. ©Sophie Koehler
Ana Boga en ‘Yo siempre a veces’. ©Sophie Koehler

Ana Boga, por otra parte, es el descubrimiento de Yo siempre a veces. La joven actriz soporta la serie ella sola, prácticamente en cada plano de los seis capítulos, y pasa por todo el espectro posible de emociones que se puedan esperar del personaje. Laura no es particularmente heroica ni un dechado de virtudes, tampoco se redime de sus momentos crueles —como la pelea con los padres, o la que lía en el bar de su amiga—, pero es una persona con buena voluntad y «adoptable» por un público que no tiene por qué reflejarse en ella.

Una limitación de este tipo de ficciones se encuentra en el difícil equilibrio entre que la historia sea «representativa» y la protagonista no sea una santa, pero al mismo tiempo no parezca que da de lado a los motivos estructurales. Laura a veces se queda sin trabajo por las circunstancias, pero otras por ser una cabezona un poco clasista… siendo ella de origen obrero. En ese sentido, también rima con Los años nuevos (2024), que escribe y dirige otra generación pero viene a hablar de temas parecidos, solo que aquí la protagonista es precaria.

Lo mejor de Yo siempre a veces es que huye de cualquier tipo de sermón, y si Laura considera que «merecerse vivir bien» es tener un buen sueldo —entre muchas comillas, al menos mejor que lo que le dan en Barcelona con sus contactos precarios— y vivir en ciertos ambientes de Berlín, allá ella. Aunque se deje claro que no son precisamente lugares acogedores o ideales para el que no pertenece a sus círculos concretos, a menos que se haga servil o accesible en el modo que sea.

Por cerrar el vistazo a la nómina de cuando se acerca el final de mes, se podría decir que Yo siempre a veces es la descripción más ecuánime del paso a la madurez de cierta generación en la España actual, muy centrada en las preocupaciones sobre responsabilidad, acceso a las profesiones creativas y declasamiento de un estrato social muy concreto, pero aún así tan honesta y libre de prejuicios que puede ser adoptada por cualquiera.

Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.