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Ama: Madres solas

Una de las películas españolas de lo que llevamos de curso, un drama social sin domesticar

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Ama te mete de un tortazo en la vida de Pepa (Tamara Casells), una mujer que de noche a la mañana, de discoteca a mañaneo, es echada de su casa junto a su hija (Leire Marín), de la que nunca se ha ocupado realmente. Juntas buscarán un techo bajo el que pasar las noches. La semidebutante Júlia de Paz (La filla d’algú) se destapa con esta película que se va quitando de encima tu mirada enjuiciadora, la que va de arriba a abajo, y te zambulle de frente en su historia de maternidades que fallan sin que se les obligue a pedir perdón.

Pepa y su hija

Ama: Madres solas 1

Estos días coincidía que se hacían (semi)virales dos hilos sobre maternidad en Twitter: uno en tono humorístico y otro mucho más serio. Aunque con intenciones muy distintas, los dos textos tratan la relación de las mujeres con la maternidad, que se da por descontado que tiene que regirse únicamente por la dedicación, el sacrificio y el amor incondicional a los hijos. Eso es ser madre. Salirse de ese orden de ideas predeterminado, la sugerencia que pueda resultar un peso o una responsabilidad conflictiva, o ni se contempla o significar entrar en terreno lleno de suspicacias sociales.

Ama busca también desacralizar este concepto patriarcal de madre cuidadora/trabajadora/supermadre y añadir capas contradictorias a la temida figura de la «mala madre». Lo hace con una protagonista que lo cubre todo: Pepa. Con la sombra de su propia madre (Estefanía de los Santos) a cuestas, el egoísmo de Pepa y su distante relación con su hija se dan de bruces con una situación límite, en la que tiene que actuar sí o s para sobrevivir.

El posible juicio inicial sobre una persona que no se está haciendo cargo de su hija se va confrontando con la situación cada vez más desesperada que viven las dos. El desmoronamiento progresivo de Pepa la ponen en una situación humana que va resquebrajando también ese dictamen desde fuera. Tratando sus dificultades económicas, donde el trabajo también cobra protagonismo, Júlia de Paz va cerrando el paso a una lectura moral. El tiro se acaba poniendo en la -cada vez más habitual- familia monomarental, una dura responsabilidad y posible disparadero de exclusión.

Cumple aquí la parte formal de la película, que busca constantemente a Pepa poniéndonos detrás o muy delante de ella. En ese sentido, el equipo de Ama (atención a Sandra Roca como directora de fotografía) ha conseguido captar esa sensación de desazón y malestar, de casi permanente conflicto, y, sobre todo, de progresivo aislamiento de los demás. Pepa se va quedando sola, sin saber a quién recurrir, y la película lo va expresando también en plano. Sin necesidad de florituras ni distorsiones sobre la sobreexplotada costa alicantina, con una mirada directa.



Pepa y su madre

Ama: Madres solas 2

A lomos de una gran Tamara Casellas como Pepa, que ya aspira a todo en la próxima temporada de premios, Júlia de Paz y Nuria Dunjó han escrito una protagonista/película que va cayendo en un pozo hecho de cicatrices del pasado y de decisiones de supervivencia que toma en el presente. Insegura, decidida, agresiva, dulce, desapegada, cariñosa… todo cabe en este personaje, que es mujer y madre sin saber bien cómo ser ninguna de ellas.

Pepa termina de coger impulso como personaje precisamente en su otro rol de vida: como hija de otra «mala madre». Ella es el reflejo de su propia figura materna. Dejando que el espectador rellene la información que no se da sobre ese pasado traumático, la película presenta otro personaje ausente, comido por la culpa en breves pero significativas intervenciones (especialmente la última). Finalmente, Ama busca romper el círculo condenado a repetirse de dolor, soledad y abandono entre abuela, madre e hija.

La película evita, por lo general, caer en los clásicos dejes más domesticado del cine social, siendo capaz de conectar una experiencia individual al límite con un discurso más amplio sobre las madres trabajadoras y solas. Es decir, estando más cerca del conflicto de La hija de un ladrón que del proceso de crecimiento de Las niñas o Verano 1993. Aunque no termine de explotar ni de tener muchos momentos brillantes, todo se sostiene con energía. Una de las películas españolas a apuntarse de este 2021.






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