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Ser o no ser: La verdad está en la máscara

La serie de Coral Cruz es un drama adolescente que evita simplezas y reflexiona sobre la ficción para abordar con sensibilidad temas sociales

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Ser o no ser cuenta la historia de Joel, un joven trans que empieza sus estudios de Bachillerato Escénico en Barcelona y se enfrenta al dilema de si «salir del armario» a cuenta de su identidad o no ante sus nuevos compañeros. Su profesora, una veterana dama del teatro, lo hará enfrentarse al hecho de que su miedo a lo que piensen los demás lo limita como actor, de manera que cuando deba decidir con quién es completamente sincero, Joel pasará una prueba de madurez personal.

La miniserie de Coral Cruz y Marta Pahissa es un drama adolescente con sus toques de comedia pero que no carga las tintas demasiado en sus partes más duras, presentándolas con naturalidad. Seis episodios que se pueden ver en un suspiro, rodados en unas pocas localizaciones, con un reparto contado y mucha autoconciencia, que consigue tener personalidad más allá de la cuestión sobre la identidad trans por la vía de invitarnos a una reflexión sobre la ficción, la performance que son las relaciones y la verdad tras dichas representaciones.

Saben ustedes, y si no lo saben se lo recuerdo yo ahora, que quien suscribe es más de series sobre hijos de obreros que estudian una FP de Técnico en Electromecánica en Puertollano, provincia de Ciudad Real preocupados por la Superliga, que de burgueses alumnes de Bachillerato de Artes Escénicas en el centro de Barcelona votantes potenciales de Íñigo Errejón o Ada Colau, pero hay que reconocerle a Ser o no ser que es otro acierto de PlayZ a la hora de sumergirse en un debate de actualidad y especialmente sensible para los jóvenes, con empatía y sin estigmas, ni dramatismos o las tan habituales hipersexualizaciones.

Crítica de Ser o no ser con algún spoiler

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Nos atrevemos a decir que Ser o no ser es una buena o gran serie en el sentido en que cumple con los objetivos y las normas para alcanzarlos que ella misma se autoimpone. Pocos recursos bien aprovechados y un elenco muy comprometido con sus papeles -aunque la mayoría son intérpretes bastante jóvenes con margen de mejora- sirven para componer un drama con final redondo -que no exactamente «feliz», o al menos no el que parece predecible- que quizás saque a las series de PlayZ del ostracismo mediático y de reconocimiento que suelen sufrir, aunque sea por el método de recoger una de las causas «de moda» y el hito que supone el papel de su actor protagonista.

Dado que Joel -como Ander Puig– es un joven actor trans con passing que se ve en la tesitura de explicitar o no su identidad, el espacio escénico y la capacidad de la ficción para expresar realidades que la trascienden por la vía de «mentir» sobre ellas son la clave que hace que Ser o no ser se independice de dramas adolescentes más simplones. Con ánimo didáctico, la representación de las comedias de enredo de Shakespeare o los líos amorosos de los personajes sirven para explicitar el género como una performance y las diferencias entre identidad y orientación.

De esta manera, resulta casi inevitable relacionar el monólogo de Joel en Ser o no ser con el de la Agrado en Todo sobre mi madre. Una persona trans defendiendo la transformación como el verdadero yo a través de un monólogo teatral que es representación y realidad al mismo tiempo, en Barcelona y ante una audiencia que lo recibe cuando esperaba otra obra, una más normativa pero con un poso que reverbera con la historia principal, mientras una gran dama del teatro ejerce como madrina en elipsis. Y, de paso, compartiendo temas con Maricón perdido, la mejor serie española de 2021.

La chavalería y la identidad

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En cualquier caso, insistimos en que hay que tener siempre presente que Ser o no ser es una serie protagonizada por adolescentes y enfocada para ellos como público objetivo, lo que hace que los temas que trata se filtren a través de dramas de amoríos que a un adulto pueden aburrir un poco. Aunque hablemos aquí de chavalería a la que le compramos cierta erudición pedante por su deseo de dedicarse al teatro y una madurez emocional que ya quisieran muchos políticos de centro reformista, sigue habiendo dramáticos besos o salidas del armario en momentos que lo que demandan es más bien cierto autocontrol.

Por otra parte, es interesante como la creadora, Coral Cruz, aborda aquí temas muy presentes en su anterior trabajo, el largometraje Uno para todos, con un enfoque igual de sensible pero inverso en sus circunstancias. Frente a los niños de Primaria y el profesor en principio desmotivado, los bachilleres que rozan la edad adulta y la docente veterana pero comprometida. Frente al bullying explícito y la redención, la violencia simbólica implícita y un protagonista que aprende a ser responsable emocionalmente por el camino más duro, el de enfrentarse a las consecuencias de sus errores.

Echando el telón, diremos que Ser o no ser cumple con lo que promete porque sus objetivos son tan modestos como bien intencionados. No es una serie revolucionaria, como intentan ser con desesperación muchas que tratan su misma temática, sino un recordatorio de que una historia puede ser amable, sencilla e ir directa de A a B con la dosis justa de evolución para su protagonista, temas sociales y emoción como para resultar relevante. Otro buen producto marca PlayZ, y ya hemos perdido la cuenta, que no renuncia a tratar con respeto al espectador joven.

Imágenes: Ser o no ser – RTVE/The Mediapro Studio

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