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Críticas

Salón de Te La Moderna: La escalera de servicio

La nueva serie diaria de La 1 es efectiva en lo que quiere hacer, lo que pasa que eso no es mucho más ambicioso que existir en su franja y tener paciencia
Salón de Te La Moderna: La escalera de servicio 1

Matilde es una joven que necesita trabajo para ayudar a su familia y es contratada en el Salón de Te de La Moderna, un lujoso establecimiento de una galería comercial en el centro de Madrid, cercano a la Puerta del Sol, en los años 30 del siglo pasado. Allí se reencuentra con Íñigo, un antiguo amor de adolescencia, y entra en contacto con un variopinto grupo de personas (empleados, dueños, clientes) que reflejan la sociedad de la época… y su muy complicada vida política.

Bueno, si uno ordena las series de RTVE con paciencia suficiente, puede contemplar una interpretación en clave de melodrama costumbrista de los últimos dos siglos de historia del país, o al menos, de Madrid y algún rinconcito así mono y nobiliario. Entre Acacias 38 (2015-2021), la Amar en tiempos revueltos (2005-2012) original y ahora La Promesa y esta La Moderna, metiéndole por medio, por qué no, algunas de las semanales fallidas, tipo Víctor Ros (2015) o El Caso (2016), te queda una cosa apañada. Un relato más o menos amable y que reduce la política a cosas personales o peligroso hobby, pero entretenido.

Perdón, no quería ponerme intensito. A nivel industrial La Moderna forma parte de la actual estrategia de RTVE, consistente en un bombardeo de miniseries semanales que son versiones rebajadas con agua para el prime time en abierto de los formatos de prestigio —y que tienen que ser vendibles fuera de España para ser rentables— y un conjunto de series diarias que permiten tener contentas a las productoras veteranas (aquí la Boomerang TV de Acacias 38, en 4 Estrellas la Good Mood del eterno Daniel Écija, en La Promesa la Bambú Producciones de Ramón Campos y Gema Neira) con contratos de larga duración y trabajo a repartir. Y, bueno, eso.

Gente con clase

Salón de Te La Moderna: La escalera de servicio 2

Salón de Te La Moderna se anunció como una adaptación de Tea Rooms, novela de Luisa Carnés publicada en la época en que se ambienta la serie y que sirve de inspiración lejana, la verdad, algunos escenarios y nombres de personajes y poco más. Sería interesante conocer el proceso de decantación hasta dejar el resultado en esto, que no está tan lejos de la vocación popular original de la autora, aunque en su momento esta era revolucionaria y vanguardista y la serie es conservadora en todos los sentidos… como el 90% de lo que se estrena en España.

Su seguro servidor llega aquí tras verse una docena de episodios de La Moderna, que en la vida media de una serie diaria —si no es de Telecinco— serían pocos, pero suficientes para echarle un ojo al tono y la factura. Que es… variable. Aún así, hay que entender lo que significa una serie diaria: ritmo estajanovista, necesidad de vueltas y revueltas para rellenar y recursos contados. Eso significa que los escenarios están currados pero se nota que son decorados, que los exteriores brillan por su ausencia y que las interpretaciones, prisa y diálogos enlatados mediante, van en calidad decreciente proporcional a la experiencia de los intérpretes, entre otras cosas.

La manera en la que cristalizan en este culebrón con aspiraciones —que vuelve a repetir el esquema de La Promesa, 4 Estrellas y Mía es la venganza—: introducir a una novata en un ambiente, en principio, laboral donde resulta una outsider y en el que acaba siendo el vértice inevitable de alguna especie de triángulo amoroso. Es probable que se use como punto de partida porque a estos formatos se viene en busca de lugares seguros narrativos y porque los guionistas necesitan una madeja muy enredada de la que poder tirar, pero también canta. Curiosamente la de Mediaset era la más original sobre esta fórmula porque el advenedizo era masculino y, de propina, el antagonista.

Clases de gente

Salón de té La Moderna

El problema es el mismo que con Acacias 38: se prefigura un público que es mayor del que se va a molestar en ver a Ana Rosa y su propaganda de turno, pero tampoco muy numeroso, desganado y que igual está haciendo otras cosas mientras tanto. Así que las representaciones históricas o las tramas personales, a poco que se rasque, resultan ingenuas. Hasta el punto de que el novio anarquista ni es anarquista ni nada y el comedor social es… es eso, un comedor social. Y de nuevo se cae en la famosa representación de los problemas de clase o machismo como cosas que resultan chocantes porque pasaban entonces, no ahora, que todo está fetén.

Por otro lado es un poco descarado que RTVE, o la productoras con las que colabora, usan estas series como si fuesen una especie de equipo filial, que lo mismo sirve para darle algo que hacer a los veteranos que para que cojan rodaje caras nuevas o darle proyección en algún papel principal a otras que se quiera ascender al titular. Eso explica también que aunque La Promesa y 4 Estrellas vayan razonablemente bien de audiencia en realidad aguanten sin haber aniquilado a sus oponentes o liderado sus franjas porque cumplen muchas funciones, y fidelizar al público en las tardes de La 1 es una importante, pero ni la única ni la principal.

Cerrando cocina hasta que lleguen las cenas, Salón de Te La Moderna es una serie diaria cumplidora para el que guste del formato que decide no usar ni una sola de las posibilidades que la harían un poco diferente. No se solapará con La Promesa o 4 Estrellas pero, más allá del esfuerzo industrial con decorados, extras y despliegue de ambientación, tampoco parece aspirar a ser recordada. Un Madrid de los años 30 muy limpito y con una política muy de andar por casa en el que lo importante es si Zutano es un buen muchacho y trata a Chindasvinta con respeto. Como toda la vida.

Imágenes: Salón de Té La Moderna – RTVE (Montaje de portada: Cine con Ñ)

Jose A. Cano

Jose A Cano (Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha colaborado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con El Salto, El Español o revista Dolmen. Socio de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE).

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