Críticas
La buena hija: Reconocer al mal padre

Fotogramas de 'La buena hija'. ©Astra Pictures/Avalon. Montaje: ©Cine con Ñ
La buena hija es Carmela, una joven que entra en la adolescencia teniendo que afrontar la separación de sus padres. De momento, vive con su madre en casa de su abuela y a su padre tiene que verlo a través de un centro de encuentro familiar. Pero a ella le encantaría pasar más tiempo con él.
Segundo largometraje de Júlia de Paz Solvas después de la cruda Ama (2021). Un drama que se acerca al tema de la violencia de género desde la piel de la hija en común —algo que ya exploró la francesa Custodia compartida (2017)—, víctima colateral de un maltratador al que no identifica como tal. La buena hija se mete en los sentimientos contradictorios que giran alrededor de una circunstancia como esta, vista desde los ojos de una chica que idolatra a su padre.
Escrita por de Paz junto a Nuria Dunjó, La buena hija es una película más serena en la exposición de lo que era Ama, más nerviosa y directa, pero que, como aquella, también está centrada en describir cómo funcionan las heridas familiares transmitidas. Aunque lo que rodea la vida adolescente de su protagonista es más accesorio y prescindible, de Paz y Dunjó han preservado el centro emocional de un drama que sabe dónde y cuándo golpear.
La buena hija, la mala hija

Si en Ama la perspectiva era la de una ‘mala madre’, en La buena hija es, claro, la de una ‘mala hija’. Sus padres se separan, sabe que algo no estaba bien en lo que ha vivido, pero ella siente un resentimiento hacia su madre por haberla separado de un padre al que quiere. Reconocer ese sentimiento también le hace sentir mal, pero no puede evitar confundirlo todo con una agradable sensación de rebeldía o inconsciente voluntad de armonía.
Una de las cosas que hace mejor la película es tener claro que convive con dos miradas juiciosas: la que se mueve por dentro (la de Carmela frente a la separación) y la que se produce por fuera (la del espectador, consciente de la manipuladora dinámica de fondo). Un tira y afloja de un lado y el otro de la pantalla, que va tensando las secuencias entre la representación de una ficción creíble y una capa de neta lectura feminista de las dinámicas perversas de la violencia machista.
El peaje la adolescencia

Ese estrés que generan de Paz, Dunjó y el buen trabajo de los actores se diluye en lo que se ha decidido que tiene que rodear a su protagonista en su entrada a la adolescencia, una colección de momentos clásicos de esta etapa: las amigas, el primer beso, las primeras rebeldías o la traducción en ataques de ira por la situación familiar que está viviendo.
Aunque se puede entender la voluntad de darle un respiro dramático al público y la buena intención de no querer privar a su protagonista de estas situaciones, de querer hacerle vivir lo que vive cualquier joven, dentro de la dinámica de la película se perciben como condescendientes y hasta artificiales. Ya sea porque el resto del elenco adolescente no está a la altura del trabajo que se ha hecho con Kiara Arancibia —otro gran debut de una persona joven en el cine español de 2026— o porque las situaciones son demasiado arquetípicas, bajan el nivel.
En cualquier caso, La buena hija cuida el punto central de su tesis, eligiendo con sabiduría los momentos clave en los que apretar las tuercas y expresar una idea clara desde las tripas: pese a todo, un maltratador no puede ser un buen padre. Dejar claro esto, a partir de un grupo de valiosas secuencias de impacto, es más que suficiente para que esta película tenga su espacio.


Arturo Tena