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La Promesa, episodios 1 y 2: Servir y entretener

Un producto diseñado para la hora en la que se emite y que funciona

La Promesa, episodios 1 y 2: Servir y entretener 1

La Promesa es la propiedad ancestral de los marqueses de Luján, una que se encuentra de celebración: el primogénito del Marqués se casa… por conveniencia. La boda coincide con la llegada de una nueva doncella a la casa, una con un interés particular y familiar en indagar en la vida de los Luján y cuyos primeros intentos de conocerla llevarán a un trágico desenlace. Los personajes se ven atrapados en la finca por la investigación policial que sigue, y ello hará que todos los secretos ocultos en la misma empiecen a salir a la luz de la peor manera posible.

RTVE ha vuelto a hacer cosas raras con los lanzamientos de sus series y ha estrenado su nuevo producto diario el jueves 12 de enero en horario de prime time tras anunciarlo para el lunes 16 en su franja y el miércoles 11 en la misma que se emitió finalmente. Un lío considerable si quieres que la gente sepa a qué hora verla, sobre todo si no tienes claro si su público es muy de recuperar episodios en RTVE Play, pero que al menos implica cierta preocupación porque el producto funcione, toda vez que tiene la tarea de relevar a Servir y Proteger.

Con todo, es difícil que La Promesa salga «mal», ya que el ritmo diario impone lógicas de producción muy limitadas pero ambiciones a juego: se trata de entretener a personas que quizás no tienen ganas de prestarle demasiada atención a lo que pasa o que esperan de la serie una historia sencilla y fácil de seguir. No todo tiene que ser revolucionar el audiovisual moderno o refundar las bases de nuestra sociedad (y tranquilos, que ninguna serie hace eso, ninguna), y ser capaz de elaborar un producto efectivo que cumpla en esa franja a capítulo por día laborable requiere mucho oficio.

Folletines como los de siempre

La Promesa serie La 1 TVE RTVE

Las tramas de La Promesa se las imagina el espectador antes de que acaben de presentarlas todas a mitad del primer episodio: hijos secretos, matrimonios de conveniencia sin amor, el señorito y la criada (por partida triple, encima), peleas por la herencia, piques entre los criados (la mayoría secundarios graciosos, y únicos personajes con acento no neutro, por supuesto)… Etcétera. No es particularmente torpe, aunque exige un pacto de lectura con bastante fe.

La «novedad» es que intentan jugar a un giro a lo Agatha Christie, al menos en el segundo episodio, en el que los personajes se ven obligados a permanecer encerrados en La Promesa por una investigación policial. Será difícil mantener juegos así al ritmo diario, pero al menos van a tope con mantener el suspense desde el principio, no alargando situaciones antes de tiempo. Además la investigación policial, o la representación de la violencia, son de aquella manera, es de suponer que por falta de tiempo y presupuesto.

El tono del folletín provoca su habitual esquizofrenia: el guion se empeña en que la clase social no debe ser una barrera en el amor (aunque solo sirve para ascender, claro) pero se castiga la «soberbia» de creerse por encima de la propia posición; se supone que todo el mundo tiene secretos y planes misteriosos, pero a la mínima esas tensiones se hacen explícitas a grito pelado en mitad del pasillo… De nuevo, es cuestión de ponerle ganas al pacto de lectura. Si los vestidazos y los peinados (diría que no todo son pelucones, pero qué sabré yo) no son suficientes, al menos ver a la Guardia Civil haciendo su trabajo bien en una ficción de época compensa un poco.

Cultura del esfuerzo

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Porque la gracia de La Promesa o similares es esa ambientación, supuestamente de primeros del siglo XX, que es un poco atemporal. Quitando al momento aeroplano, que hasta tiene un rescate un poquitín ridículo, y que el lenguaje de los personajes a veces solo es «que suene antiguo», en general todo el tinglado funciona. Hay algún anacronismo comprensible en la forma de relacionarse de los personajes que se perdona porque hace falta que haya drama. El reparto hace lo que puede con las prisas, aunque están bastante mejor los veteranos de Vietnam (Eva Martín, Joaquín Climent, María Castro) que los jóvenes, quizás con la excepción de la pobre Paula Losada, a la que vuelven a dar otro papel de lacia (en el que se apunta, eso sí, giro a lo #Luimelia o a mí ya me empieza a fallar el sentido arácnido).

En fin, que disfrutar de La Promesa no depende tanto de la propia serie como de la disposición del respetable. Es un producto diseñado para la hora en la que se emite y contando con que se vea mientras se hacen otras cosas, sea la declaración del IRPF o la plancha, que ya les digo yo que son compatibles. Si quieren un culebrón con todos sus giros imposibles estirados en el tiempo, su ambientación convincente sin llegar a espectacular y un puñado de malos malísimos, pero más malos que la tiña, contra un par de buenos humildes pero con muchos recursos, pues zambúllanse sin miedo. Como apuntábamos al principio, se trata de servir y entretener.

Imágenes: La Promesa – RTVE
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