1. Análisis
  2. ‘La cocinera de Castamar’ y el buen uso de la multipantalla

‘La cocinera de Castamar’ y el buen uso de la multipantalla

La serie de Atresmedia hace buenas cifras en varias plataformas demostrando que se puede segmentar y ser transversal al mismo tiempo

'La cocinera de Castamar' y el buen uso de la multipantalla 1

La cocinera de Castamar ha terminado… o va por la mitad, depende de la pantalla en la que usted la siga. La serie de Atresmedia, culebrón de época con espectacular despliegue de producción, se ha emitido a tres ritmos durante estos meses: capítulo nuevo cada domingo en ATRESPLAYER Premium desde el 21 de febrero hasta el pasado 9 de mayo, cada jueves en Antena 3 desde el 8 de abril (esta semana llegará al episodio 6 de 12) y luego en Netflix con un día de diferencia. Y en todas con buenos números.

En Antena 3 la serie se está fajando pese a enfrentarse al gran formato del lineal, los realities. Atresmedia lanzó el culebrón al ruedo de medirse con Supervivientes y de momento responde no bajando del millón y medio de espectadores. Por su parte, en Netflix, La cocinera de Castamar no ha salido del célebre Top10 español de la plataforma desde su estreno.

Hagamos la salvedad de siempre: en realidad, las cifras de audiencia de Netflix o las de ATRESPLAYER Premium son «porque yo lo valgo». Hay que fiarse de la plataforma. No obstante, Netflix parece «poco de fiar» cuando coloca entre las 10 más vistas productos propios que están pasando sin pena ni gloria por las críticas o las redes, no en este caso de promoción de «la competencia». ¿Atresmedia? No: ¡la tele en abierto!

La estrategia de Atresmedia de diversificar la exhibición de sus productos parece acertar una vez más -también porque sus pinchazos no llaman tanto la atención- con estrenos en exclusiva –Luimelia, Física o Química– segmentados para un público más joven, difusiones en diferido como la de La valla -también perjudicada por pasar de ciencia-ficción a actualidad merced de la pandemia- o estrenos directos en abierto, como el inminente de Los Hombres de Paco. O Veneno, que come en plato aparte, tras su salto a HBO Max al otro lado del charco.

La cocinera de Castamar, para todos los públicos

'La cocinera de Castamar' y el buen uso de la multipantalla 2

La cocinera de Castamar está funcionando como un tiro quizás por contar con una serie de elementos que le permiten ser transversal. No es un producto que quiera hacer marca de modernidad ni fidelizar a la plataforma de pago a un segmento de nuevos espectadores que ni rozan el abierto, como Luimelia o Veneno, aunque trata temas perfectamente del gusto de este -el racismo, los derechos de las mujeres o la homosexualidad, pero en pleno XVIII-.

Tampoco es un típico producto del «abierto». No es lo que toda la vida se ha entendido por estos lares como «una serie de Antena 3», como si merecen el título Deudas o el retorno de Los hombres de Paco, con su costumbrismo, su mezcla de géneros y la comedia por bandera. Está más en la línea de El tiempo entre costuras, tanto por formato cerrado como por ser un culebrón histórico y basarse en una novela de éxito -quizás más la de María Dueñas que la de Fernando J. Múñez- con la profesión de la protagonista como percha para desarrollar la historia de amor.

Cuenta con un reparto de nombres conocidos distribuidos generacionalmente, lo que va desde Fiorella Faltoyano hasta la «luimelia» Paula Usero con los ya consolidados guapos oficiales Roberto Enríquez, Hugo Silva y Michelle Jenner cargando el peso de la trama -aunque diremos de los dos protagonistas oficiales que sus papeles son tan planos que tienen poco que rascar y el que da más juego es Silva-. Y encima cameos de lujo tipo Silvia Abascal y Nancho Novo.

Para rematar, el nivel de producción y la ambientación histórica con retranca -Felipe V y su hijísimo Luis I como las maracas de Machín- que exige el público ya más relamido, ese que se pone «seriéfilo» en la bio de Twitter y que podríamos llamar sofisticado si promete no creérselo mucho. Los temas contemporáneos citados antes no se restriegan por la cara del respetable, sino que se entregan a personajes bien definidos -algunos venían de la novela- como el joven Gabriel de Castamar y se dejan que hablen por sí mismo. Temáticamente es un culebrón, pero formalmente es una serie de prestigio con el «sello Buendía».

Ir a buscar al espectador

'La cocinera de Castamar' y el buen uso de la multipantalla 3

Pero la sabiduría de ese «para todos los públicos» de La cocinera de Castamar, al final, no está solo en la forma en la que se ha sido producido, sino sobre todo en cómo está siendo distribuida. Los datos no engañan: el share que lidera en las noches de los jueves en Antena 3 es el de los mayores de 55 años. Seguramente no es el mismo segmento, ni de lejos, que la ve en Netflix -aunque esto haya que intuirlo más que saberlo- y será muy diferente al de los suscritos a ATRESPLAYER Premium.

El quid aquí es que Atresmedia, en su doble función de exhibidor y proveedor, es la firma que parece haber comprendido mejor que ahora mismo al espectador hace falta ir a buscarlo allí donde este, que la lógica del lineal hace tiempo que murió, y por otro lado es la mejor posicionada para acometer dicha estrategia. Mediaset carece de plataforma propia, su asociación con Amazon no acaba de cuajar y claramente no está sabiendo evolucionar sus contenidos, y RTVE, como casi siempre, lo está haciendo todo bien pero lo enseña fatal.

Claro, no siempre sale todo bien, existen los imponderables y los productos fallidos. En fin, las series «malas». Habrá que ver qué pasa cuando la más convencional Deudas o esa moneda al aire con muchos problemas que es Alba salgan de la plataforma propia. La cocinera de Castamar consigue concitar elementos que la hacen apetecible para públicos muy diferentes, por mucho que en última instancia sea un culebrón al que se le pide final feliz, pero el mérito está precisamente en que a estas alturas eso es cada vez más difícil.

Obviamente se le pueden poner pegas a la serie. Ya algún historiador señalaba que la ambientación era demasiado «versallesca» y la corte española no asumió tan automáticamente la moda borbónica. Alguna subtrama se resuelve de aquella manera o parece que se les olvide en los dos últimos capítulos. Felipe V majara tiene gracia, pero al final el peso en el argumento de las intrigas políticas es nulo. Y un cierto aroma de ranciedad siempre presente en el culebrón donde todos tienen que casarse o ser castigados sobrevuela el tono de los enredos amor.

Pero aquí están las buenas noticias: hace 20 años, lo «transversal» que pedía el directivo clasista que tomaba por tontas a las señoras de Murciaestaban quemando parlamentos, José Francisco– era una familia desayunando y subtramas para el abuelo y el nieto mientras la hermana mayor se metía en la droga. Muchas pantallas, premios, dramas y crematorios después, en la era del público atomizado, es una serie de época que se rueda en escenarios de Patrimonio Nacional, se burla de Felipe V y rescata la memoria de la esclavitud en España. Si eso no es mejorar, que baje Antonio Mercero y lo vea.

Menú