Películas españolas
Carta a mi madre para mi hijo: Carla Simón imagina una maternidad sin miedo

El mismo año que ha estrenado el fenómeno Alcarràs, Carla Simón presenta por sorpresa un nuevo trabajo: Carta a mi madre para mi hijo, un cortometraje que ha hecho para la marca de ropa MiuMiu, que ha producido piezas para cineastas como Lucrecia Martel, Agnés Varda o Alice Rohrwacher. El corto se acaba de presentar en el Festival de Venecia (Giornate) y pronto lo hará también en el de San Sebastián (Zabaltegi-Tabakalera). Además, la película se ha publicado en abierto en los canales de YouTube de MiuMiu y de la productora, Elastica Films.
Carta a mi madre para mi hijo aparece sin mucho aviso en Venecia y en Internet, accesible para todos, mientras Alcarràs aún está en cines. El efecto es como encontrarse por la calle con alguien con el que acabas de pasar una gran noche. Presos de lo instantáneo, se recibe como un regalo, una vida extra en el videojuego, lo más parecido a un capítulo más de la serie a la que estás enganchado que nos puede dar ahora mismo Simón. Por eso, medios y público cinéfilo -normalmente, pocos dados a dar nuestro tiempo y espacios a los cortometrajes- nos hemos lanzado a verlo y comentarlo: en menos de 48 horas, el corto acumula 50.000 visitas en los dos canales de YouTube donde está publicado.
La pregunta ahora es si este corto merece ese interés como pieza por separado o es más cosa de la luna de miel con el cine de Carla Simón. Se pueda o no discriminar lo uno de lo otro, lo que está claro es que los propias imágenes y temas de Carta a mi madre para mi hijo son, como las sensaciones del que ve la película, muy del momento. Son un acercamiento a la inquietud personal y familiar de una cineasta ante un momento concreto de su vida, la maternidad, y cómo se refleja eso en un acercamiento a su propia madre. Y así ha salido: personal, emocionante.
Carta a mi madre para mi hijo y la historia familiar

El título lo deja claro: la película es una carta de una hija a una madre, pero pensada para el que la lea/vea sea el hijo que no podrá conocer a su abuela. Simón, hija, se inventa una conversación epistolar imposible con su madre biológica -a la cual perdió siendo ella muy pequeña, como ya contó en Verano 1993 (2017)- para plantear una nueva memoria familiar, que le sirve a ella para crear un vínculo entre las tres generaciones. Todo empieza con Simón embarazada, recreando una fotografía de su madre desnuda, también encinta, casi como si invocase el resto de 20 minutos del corto: una fantasía de respaldos familiares, retazos poéticos, ensoñaciones y saltos generacionales en diferentes cuerpos que arden y se miran.
La historia de Carta a mi madre para mi hijo está menos pegado a la tierra y al espíritu de lo cotidiano que las de Alcarràs y Verano 1993 -o, incluso, del corto Las pequeñas cosas (2016)-. Con formas más cercanas a la confesión urgente de Correspondencia (2020) o al ensayo, Simón se permite el lujo de prescindir de la linealidad de los acontecimientos, de esa zona de confort naturalista, para desdibujarlos y mezclarlos. Crea así una nueva ficción de sí misma y sus raíces, la que necesita para acometer este momento de su vida. El Super 8 invita a entrar en la intimidad de una cineasta que se expone al 100%.
Una conversación imaginada

Esa voluntad de «hacer cine para poder inventarse» es lo que separa lo que ha hecho Carla Simón de una egopelícula demasiado ensimismada. Simón vuelve a demostrar que tiene la capacidad de crear imágenes nuevas, vibrantes, y aquí las termina de elevar a través de la imaginación y la música de Lola y Manuel. Aunque muy centrada en la historia familiar y el momento vital de la directora, la fantasía de Carta a mi madre para mi hijo despierta las posibilidades de un encuentro y una conversación, con los que están y los que no, y darle otro significado al pasado.
El encuentro de la Carla Simón de hoy con su madre -escenificado con Ángela Molina- y el nacimiento de su hijo ponen otra vez la mirada en el futuro, en el legado que verá su hijo. La directora, con su niño recién nacido en brazos, parece así querer rimar con el desasosegante plano final de Alcarràs, en el que los Solè observaban con incertidumbre el futuro mientras se destruía su forma de vida. Es verdad que la clave ahora es el reto vital y personal que implica la maternidad, pero la respuesta que da Simón al miedo compartido es la misma: la familia. La confianza en la fuerza de su vínculo no como muro de contención sino como posible esperanza de futuro para los que vienen.

Arturo Tena