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CRÍTICAS

Sidosa: Todos los secretos de Eduardo Casanova

El documental de Lluís Galter y Màrius Sánchez nos lleva a explorar no solo el estigma que aún arrastra el VIH, sino el mundo particular, entre el POP libérrimo y el body horror, del cineasta madrileño
Crítica del documental 'Sidosa'

Sidosa es la historia de cómo el guionista, director y actor Eduardo Casanova comunica al mundo que es portador del VIH desde los 17 años y esa circunstancia ha marcado su vida y su trabajo como cineasta. De la mano de Jordi Évole, recorremos varios meses de la vida de Casanova que incluyen el estreno de su serie Silencio (2025) en el Festival de Sitges y también sus conversaciones sobre el VIH con amigos y conocidos. También pone en valor la labor de los sanitarios especializados en el virus y el estigma que arrastran los seropositivos.

Dirigen Lluís Galter y Màrius Sánchez (Amén: Francisco responde, No me llame Ternera), colaboradores habituales del presentador y que hacen un trabajo en función de que se luzca Casanova, el cual firma un cortometraje dentro del documental que protagoniza Lucía Díez. Más allá de su interés como artefacto audiovisual, está que el protagonista y se para y no solo nos explica su experiencia como seropositivo, sino también su particular universo cinematográfico.

Sidosa parte de un discurso que quiere vivir en un mundo donde no existe el estigma pero no le queda otra que partir de él para contar su historia. La mayor parte de la violencia vivida por Casanova y otros portadores que aparecen en la película se deja en elipsis, pero lo que si aparece clarísimo es su miedo a revelarlo, siquiera insinuarlo, respeto a personas a las que conoce hace años y que intuye, aunque no lo sepa seguro al 100%, que deberían no tener prejuicios.

El estilo de Sidosa

Crítica de 'Sidosa'

Sidosa es, como se pueden imaginar, una película con mucho de confesional y en la que Casanova se expone sabiendo que, total, haga lo que haga lo van a insultar y despreciar… gente que ni ve sus películas ni se molestará en ver esta entera. Desde el trauma del contagio siendo menor de edad y en su momento de mayor popularidad gracias a Aída (2005-2014) hasta los comentarios despectivos recibidos en diferentes momentos de su vida o la dificultad para compartirlo con alguien más que sus padres.

Esto se intercala con la preparación y la promoción de Silencio y el rodaje de un cortometraje en el que Casanova desencadena todas sus obsesiones, en particular la del color rosa, contrapuesto a la fobia al color rojo que vehicula su trauma. Más allá de los habituales cuerpos deformados tan de su gusto, tenemos una protagonista que se contagia voluntariamente de la peste que transmite un monstruo enchufándose un tubo al ano y que a partir de entonces, aunque sigue igual, se percibe deforme en el espejo. Sutil.

Porque a ver. Eduardo Casanova te podrá caer mejor o peor por tus cosas, que tú sabrás, pero tiene un estilo muy definido, personal e intransferible que cultiva porque le obsesiona, no por conveniencia o modas, y que funciona —mejor a nivel de crítica que de público, pero qué remedio—. Y que explique de dónde salen esas obsesiones, esa particular visión del cuerpo y de la puesta en escena, como espectador y/o aficionado al cine es tan interesante como para justificar el documental de por sí.

La vida en Sidosa

<strong>Sidosa</strong>: Todos los secretos de Eduardo Casanova 1

Pero aparte, está la cuestión de Sidosa como una serie de cortes en la vida de alguien que se enfrenta a una decisión trascendental para su autoimagen, más que para su proyección pública —aunque lo expresemos todos así—. Una persona insegura, aunque el personaje mediático que conocemos vaya por otro lado, que de repente se avergüenza cuando se da cuenta de que le acaba de contar su secreto a un viejo conocido por la inercia del documental, o a la que le cuesta promocionar Silencio sin proclamarlo a los cuatro vientos.

Por último, destacar el esfuerzo consciente de protagonista y directores porque Sidosa sea un paseo por las circunstancias de los profesionales sanitarios que llevan décadas tratando tanto el VIH como el SIDA, subrayando como incluso ellos mismos han sufrido estigma dentro de una profesión que, sobre el papel, no debería tener prejuicios. Casanova sabe borrarse para convertirse en vehículo representativo, dándole otra dimensión a toda la película.

En fin, que Sidosa es, inesperadamente, un producto que va más allá de la habitual contención televisiva y periodística de Évole y compañía, más concentrados normalmente en que los hechos hablen de por sí, para construir un discurso de varias capas que habla de la autopercepción, el rechazo social, el cine y la vida y como pueden llegar a mezclarse.


Dónde ver

Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.