Críticas
Balandrau, viento salvaje: Viven

Stills de 'Balandrau, Viento salvaje'. ©Filmax. Montaje: ©Cine con Ñ
Balandrau, viento salvaje, recrea a través de la ficción los hechos del 30 de diciembre del año 2000, cuando un temporal de viento y de nieve sin precedentes asoló el Pirineo catalán. En concreto, se traslada a las 48 horas durante las cuales un grupo de montañeros se quedó atrapado en la montaña del Balandrau, y en las operaciones para su rescate, en un desastre natural que acabó costando la vida de nueve personas.
Fernando Trullols, más que curtido como segunda unidad en medio centenar de largometrajes y con unas pocas series de televisión a sus espaldas, de Cucut (2022) a La Academia (2024), debuta en el largometraje con esta historia que tiene un hándicap: el documental de 2021, que cuenta, básicamente, los mismos hechos. Aunque esta versión cuenta con los recursos de la ficción para acercar aún más la tragedia de sus protagonistas, incluso en el enfoque sobre la fragilidad de la vida frente a la naturaleza resulta muy similar.
Aún así Balandrau, viento salvaje, merece ser juzgada por sí misma y, sobre todo, por quienes lleguen libres de spoilers —al fin y al cabo los hechos que recrea tienen ya más de un cuarto de siglo—. Es otro ladrillo, eso sí, en ese pequeño cine de catástrofes español, con algunas películas adaptando los hechos reales libremente —la inminente Cortafuego de David Victori—, las docuseries plataformeras exprimiendo el morbillo y este servidor vaticinando que tendremos ficciones hasta de la DANA o las recientes inundaciones de la borrasca Leonardo.
Humanos frente al Balandrau

Obviamente Balandrau, viento salvaje, frente a Balandrau, infierno helado (2021), tiene la ventaja de que en lugar de que aparezca un busto parlante contándote que una de las parejas atrapadas en la nieve se acababa de pedir matrimonio, tú los ves prometerse unos minutos antes, y sabiendo, aunque te falten detalles, la que se les viene encima. El guión juega sabiamente con esa expectativa los primeros minutos, y quizá convendría reprocharle un subrayado musical propio de telefilme que rompe el tono.
La película alcanza su cenit en los agobiantes minutos de la tormenta en sí, recreando para el espectador los escasos momentos en los que personas que estaban todas juntas y al alcance del brazo desaparecieron unas para otras tragadas por el viento y la nieve, algunas de ellas sin volver a verse jamás. Eso, que es el giro del primer tercio de la película, es el mejor momento de todo el metraje, no tanto porque el resto no tenga interés —depende en parte de lo que se «adopte» a los personajes— como porque le sale muy bien.
Y… porque el resto, en realidad, es algo más mediocre. Los actores andando por la montaña y buscando formas de ser localizados, en una dinámica que por saberse real transmite desesperación, pero que la puesta en escena y en ocasiones las interpretaciones no logran alcanzar. Más interesante, sobre todo en la parte central, es ver el trabajo de los equipos de rescate, sobre todo sabiendo que es una foto realista de hace 25 años, con otra tecnología, pero también otra experiencia.
Los límites del Balandrau

El reparto tiene a Álvaro Cervantes, Bruna Cusí, Francesc Garrido, Anna Moliner o Marc Martínez con su pericia habitual. Quizás el primero de todo echándole algo más de ganas al ser el que tiene que fajarse más minutos en solitario ante la cámara. En general, y pensando en las limitaciones de presupuesto, Balandrau, viento salvaje, se las apaña para hacer guiños a cine de supervivencia y experiencia humana al límite en mitad de la montaña y para transmitir sensaciones, así que tampoco se la puede calificar de fallida.
Eso sí, donde descarrila es al fiarlo todo a las tragedias particulares, esperando que resulten empatizables de por sí, y haciendo unos servicios de emergencia a veces tan eficientes y responsables que aburren. Está feo, de nuevo, compararla con el documental, pero se nota que la versión ficcionada ha querido hablar de los mismos conceptos de pequeñez humana frente a la naturaleza brutal e indiferente… y no le ha salido, optando por recursos más fáciles o por verbalizar lo que no se ve capaz de mostrar audiovisualmente.
Por cerrar, diremos que Balandrau, viento salvaje es una película de supervivencia efectiva y que aprovecha bien unos recursos que se adivinan los justos y necesarios, pero que al mismo tiempo, teniendo la oportunidad de expresar mucho más y siendo consciente de ello, se queda a medias o tira por los caminos más convencionales, sin llegar al telefilme pero usando algún recurso de aquel, un poco impropio.

Jose A. Cano