Reportajes
¿Se «oyen mal» las series y películas españolas?

'La peste' (2018-2019), serie criticada por cómo se oían sus diálogos. ©Movistar Plus+
¿Las series españolas, a veces también las películas, no se «escuchan bien»? ¿Falla el sonido, falla la dicción de los intérpretes (como bromean habitualmente en las redes sociales)? Es uno de esos tópicos instalados en el imaginario colectivo respecto al audiovisual español, pero que parece tener cierto agarre en la realidad.
La respuesta a por qué a veces el sonido ambiente, la banda sonora y, sobre todo, los diálogos parecen superponerse sin criterio es una mezcla de factores que operan al mismo tiempo: las tecnologías que aplica el streaming, la costumbre del doblaje, el apoyo de los subtítulos en otros idiomas o los aparatos en los que vemos las películas y series.
¿Alguien pone en duda la calidad del sonido de la industria española? Lo desmentiría la nominación al Óscar de Laia Casanovas, Amanda Villavieja y Yasmina Praderas por esta categoría con Sirât, además haciendo historia como el primer equipo 100% femenino en lograrlo. Pero no es solo una cuestión puntual de premios y reconocimientos: los datos oficiales indican que la soluciones tecnológicas y la cantidad y calidad de los técnicos formados en nuestra industria han aumentado en los últimos 10 o 15 años.
@rauloterocc jajajajajajaj es que es literal 😂😂 #fyp #parati #humor #lentejas #crgzf ♬ gymnopédie no.1 – Edits
Lo que ocurre es que lo han hecho de la mano de un agente que determina todo, un embudo tecnológico que determina desde el grano de la imagen hasta el margen creativo para los ambientes sonoros: las plataformas de streaming. Y no es un fenómeno exclusivamente español. En 2023, Brian X. Chen, redactor especializado en tecnología de The New York Times, titulaba un reportaje: ‘¿No entiendes el diálogo de tu serie favorita? No estás solo’.
El embudo del streaming
«Las plataformas encapsulan el sonido de otra manera. Es como emiten, y te tienes que adaptar a esas normas. Es un sonido mucho más comprimido, donde los bajos están más altos y los altos más bajos», Pelayo Gutiérrez, sonidista y compositor ganador de tres Goya a Mejor Sonido —por El otro lado de la cama (2002), Te doy mis ojos (2003) y Obaba (2005)—. «Es un rango dinámico mucho más corto, y suena más homogéneo tengas el sistema que tengas», añade.
La plataforma por antonomasia, Netflix, que ya ha recibido muchas críticas por su tendencia a homogeneizar el tipo de imagen e incluso encuadre, pide en el caso del sonido «que sirva para una tablet o un móvil, ya no te hablan ni de la televisión ni del ordenador», aclara Gutiérrez, un veterano del gremio con casi 250 créditos a sus espaldas, desde series como Crematorio (2010) hasta películas como Los abrazos rotos (2009), entre muchas otras. «No es ni mejor peor, solo diferente. Pero cada sistema tiene sus pros y sus contras».
Añade que «no es lo mismo sonorizar cine que televisión. En cine la dinámica de sonido es de orquesta sinfónica, puedes pasar de cero a 120 decibelios en un segundo, y el altavoz de la sala es buenísimo. En casa no: hay más ruido, menos atención, algunas plataformas piden adaptarse a un sistema de Atmos Home que luego no tiene casi nadie… Personalmente me parece que se pierde un componente de narrativa sonora, pero son los nuevos tiempos y formas de consumir, y hay que adaptarse».
Para Gutiérrez influyen tanto o más que las cuestiones tecnológicas, las industriales: «En cine seguimos teniendo más tiempo y más presupuesto. No digo que en las series no se cuide, pero los plazos son otros. Las plataformas han generado bastante trabajo, pero el listón lo hemos tenido que bajar, porque no es lo mismo sonorizar un episodio de 50 minutos teniendo cuatro semanas que dos».
Por establecer una comparación, estima que la media para una película estaría en «siete semanas de montaje de sonido, tres de mezclas, ocho días de efectos de sala y foley… más los doblajes que puedan salir. En una serie son con mucho dos semanas de sonorización y tres días para mezclas y sacar materiales. Y además adaptándote a los estándares de las plataformas».
Diálogos tirados, acentos y doblaje
En los Premios Actúa de 2022, organizados por la entidad de Artistas Intérpretes, Entidad de Gestión de Derechos de Propiedad Intelectual (AISGE), recibía un homenaje la veterana actriz de doblaje Ana María Simón, ya jubilada. Y al recogerlo, dejó un recadito para una parte de sus compañeros de profesión: «Y una cosita. A todos los que empezáis en [actores de] imagen, ¿tanto os cuesta por la noche cogeros un librito en casa y poneros a leer en alto?».
Silvia Sarmentera, actriz de voz, consejera de AISGE y portavoz para asuntos relativos al doblaje, recuerda la anécdota como «un momento simpático, en el que mucha gente lloró de risa», pero cree que responde «a una crítica real. Ha cambiado la forma de actuar y se entiende que es más natural hacer diálogos muy tirados [en un tono de voz y vocalización normales o más naturalistas] frente a la proyección más teatral de actores más veteranos. Y en algunos actores jóvenes, que no digo en todos, eso hace que a veces no se entienda bien».
Para la intérprete es una prueba «de que nuestra especialidad no está reconocida. Das por hecho que el doblaje tiene que ser la pera, solamente te acuerdas si es malo». Aunque ella tiene también algún recado para la compresión del sonido en plataformas: «No es que sea la norma, pero a veces el director de doblaje, a mí me ha pasado, te indica que proyectes o subas más porque la pista de sonido te come. Puede pasar en una película de acción, pero también en una escena con un parque con niños».
«¿Que no entienden a los actores? Que se pongan Peaky Blinders o Juego de Tronos en versión original», bromea Pelayo Gutiérrez. «Que se busquen una serie ambientada en el Bronx y verán». En su caso trabajó en La peste (2018-2019), la serie dirigida por Alberto Rodríguez ambientada en la Sevilla del siglo XVI, muy criticada por la supuesta ininteligibilidad de sus diálogos.
«Se quejaban porque rodamos los diálogos muy tirados y del acento de los actores», comenta, «y es por la educación tan mala que tenemos como espectadores del doblaje de las películas extranjeras, ¿es que tendría sentido que en una serie en una aldea gallega todo el mundo hablase con acento neutro?», lamenta.
Y nos ayuda a cerrar este reportaje con otra anécdota de una serie cuyo título prefiere no desvelar: «El director se puso a escuchar dándole la espalda a la pantalla y me dijo: ‘Pelayo, hemos hecho un pódcast’. ¿Qué pasaba? Que en vez de utilizar las escenas con el diálogo más tirado, elegimos las de voz más proyectada».
Es decir, aclara Gutiérrez: «Había sacrificado el acting para ganar inteligibilidad, porque, ¿de qué me sirven interpretaciones que a mi me gustan si la gente no se entera? El cine te lo tolera, porque tienes un margen dinámico que admite lo muy bajito y lo muy alto. La tele o el streaming, no».


Jose A. Cano



