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Críticas

Sorda: Otra forma de comunicación posible

Suave primera película de Eva Libertad, que supera su exceso de cálculo entregándose en plano a la interpretación de Miriam Garlo, lo más auténtico, y evita así tratar la sordera desde la excepcionalidad
Crítica de 'Sorda', de Eva Libertad

Sorda se acerca a un momento importante en la vida de Ángela (Miriam Garlo): va a ser madre junto a su pareja, Héctor (Álvaro Cervantes). Ella es sorda. Él, oyente. En un mundo hecho a espaldas de una persona con discapacidad, la armonía en la pareja se empieza a poner a prueba a medida que el proceso de la maternidad y la paternidad avanza.

Como avanza su título, Sorda no quiere (ni puede, por otra parte) despegarse de la condición de su protagonista, una mujer sorda en una realidad oyente. Y la película establece esta oposición y contraste desde unos códigos orgánicos, cercanos a sus personajes pero poco estridentes a la hora de representar su mundo. Son unas líneas suaves que resultan familiares en la corriente del cine naturalista en España y que Eva Libertad se lleva a una relación integrada con el sonido, tratado habitualmente desde la excepcionalidad —en el cine español reciente, en Sordo (2019) y Tres (2021)—.

Aunque las tentaciones en el tratamiento de la sordera no se evitan del todo, Sorda hace una respetuosa simbiosis, nítida pero a cierta distancia, con las circunstancias de su personaje principal. Por eso tiene que sintetizarlo todo en la presencia, la cara y los gestos de Miriam Garlo en cuadro, un descubrimiento de actriz que con su interpretación lleva a la película a un plano distinto. Libertad entiende que su película está en su protagonista y, sin necesidad de mimetizarse con su realidad, consigue zarandearla.

El lenguaje de una pareja

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Como buena parte de óperas primas personales integradas en la industria, Sorda está muy bien estudiada en sus preceptos de guión y tiene claro su enfoque de partida. Libertad consigue mucho de lo bueno que tiene la película al contraponer y normalizar desde un inicio el «tema social/general» en la vida en común de sus dos personajes principales. Al final, es una película sobre una relación de pareja y su experiencia como padres primerizos, pero desde unos condicionantes que atraviesan absolutamente todos los aspectos de su vida.

Las imágenes de Sorda parten de un núcleo común, un nosotros, que poco a poco se va rompiendo una vez se va estableciendo un progresivo choque con el mundo. La maternidad obliga a una relación distinta con el contexto: lo personal se cruza con una realidad no adaptada a otra cosa que no sea dividirlos en dos carriles distintos. Si lo personal es político, por aquí está el asunto también. Lo que eran planos conjuntos entre ambos se van rompiendo poco a poco, individualizando cada vez más en los planos la experiencia de su protagonista, cada vez más alejada de la relación con su hija y su pareja.

La película destaca en su intento de expresarse de forma horizontal y limpia. Se ve que Libertad quiere hacer entender, de una forma intuitiva y/o poco contundente, que el oralismo no es la única línea de comunicación directa posible. Es verdad que la película no se termina de atrever a desmontar estas reglas de base (la palabra hablada sigue siendo el vehículo principal que guía la relación entre los personajes —no deja de ser esta una película para oyentes—), a lo que Derrida o Foucault llamarían deconstruir o ‘desjerarquizar’ el lenguaje, pero sí que propone una vía posible para su integración en planos canónicos (plano contraplano, general, etc…).

Sorda y la indecisión

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Es verdad que, en su último tercio, la película toma una decisión inmersiva que es coherente con el arco (ay, los malditos arcos) de su protagonista, pero en cierta forma, traiciona su acercamiento tranquilo y respetuoso a su universo sonoro. Ahí es donde Sorda no termina de coger la madurez y riqueza dramática de otras óperas primas recientes como Cinco lobitos y se le notan más la indecisión, las ganas de agradar y conseguir un cierto golpe de efecto.

Esta parte final revive las sensaciones, disimuladas pero latentes en la película, de un exceso de cálculo narrativo, compartido por buena parte del cine de autor dentro de la industria que se hace en España, a veces demasiado temeroso de que no se le entienda o de que se le duerma alguien en el pase para académicos. A Sorda, como a tantas otras películas, tendrían que huir de este tipo de decisiones, que aunque parezcan osadas, son todo lo contrario. Con un tema tan tentador, como decíamos, mantener la coherencia, habitualmente una trampa conservadora, habría sido la decisión más valiente posible.

Con todo, Sorda se mantiene como una película valiosa en su vulnerabilidad a pecho descubierto. Enfoca su tema, que ya es original de por sí, de una forma inteligente y evitando el paternalismo habitual. En cuanto a la relación con su tema social/principal, seguramente sea más interesante interpretarla como un posible punto de partida, como un embrión, de otras vías que la representación cinematográfica definitiva sobre las personas sordas. Aunque es imposible que no traten la sordera (sería estúpido y antinatural no hacerlo al ser parte de su identidad), quizá podamos llegar, a través de semillas como estas, al punto de tener personajes protagonistas sordos en películas sin que todo el planteamiento gire alrededor de su discapacidad. Quizá.

Dónde ver

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.