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Críticas

Tros (Tierras): Payeses agridulces

Una película estimable sobre las patrullas de agricultores en Cataluña que no acaba de encontrar su espacio entre hablar de ese importante contexto e ir contando un ocaso familiar
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Pau Calpe Rufat dirige su primer largo con Tros (Tierras), película que se acerca al rural catalán a través de la historia de un deteriorado payés (Pep Cruz), que vuelve a vivir con su despegado hijo (Roger Casamajor) tras la muerte de su mujer. Cansado de los robos en su masía, una noche el payés Joan y su hijo Pep se unen a la patrulla ilegal de campesinos del pueblo que vigilan las tierras. Durante la ronda, ocurre un desastre que lo cambiará todo en un segundo.

El principal gancho de la película es que trata directamente el problema real del somatén del siglo XXI, de los campesinos catalanes que, ante el abandono institucional y la falta de recursos, patrullan sus tierras para que no haya robos. Calpe Rufat mira así a un campo nublado por la desconfianza del penúltimo (el campesino) contra el último (el inmigrante necesitado), un síntoma más de la España Vacíada, y lo usa como catalizador para un drama familiar muy aspero, que va desde lo adrenalínico hasta lo trágico.

Tros (Tierras) quiere ser un canto desesperanzado de un mundo rural que busca protegerse y perpetuarse a la desesperada, a través del legado familiar y de una comunidad que entiende la solidaridad más como una forma de resistencia que de reconocimiento del otro. Con un metraje demasiado ajustado -seguramente por razones presupuestarias-, la película no acaba de encontrar su espacio entre hablar de ese importante contexto e ir contando un ocaso familiar.

Tros, el legado de la tierra

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Problematizar y enfrentarse a la España Vaciada es claramente uno de los grandes temas del cine español del siglo XXI. En los últimos años, hay continuos esfuerzos por darle al asunto una dimensión cinematográfica que se salga de lo paisajístico, del añadido de telón de fondo, para enfocar algunos de los problemas sociales y políticos del abandono del rural. Sin hacer una larga retaíla de citas de películas -como recomendación, este artículo de Santi Pagés en Canino-, el tema se ha tratado desde el fantástico, la comedia, el drama, el thriller o el puro acercamiento documental o de no ficción.

Tros se puede sumar claramente a la lista de estas películas con voluntad de salir de la victimización o romantización del campo y profundizar en sus problemas y contradicciones derivadas. En su caso, además, se vuelve una película de interés porque trata un asunto real que, aunque llenó titulares sobre todo hace casi una década, se sigue produciendo. Es el fenómeno de los payeses que se organizan para evitar hurtos en sus tierras, montando patrullas de vigilancia nocturna ante la incapacidad e inacción (por falta de recursos) de la Policía Local o los Mossos. Curiosamente, uno de los lugares donde pasaba esto era en Alcarràs, pueblo que ahora ha vuelto al foco por el acercamiento de la película Carla Simón, histórico Oso de Oro en Berlín.

Heredado de la novela de Rafael Vallbona que adapta, Tros se fija en el tema de estas patrullas ilegales con una apesudumbrada y casi paranoica mirada a una tierra que se quiere tener controlada pero que se va evaporando de las manos de las cansadas personas que la labran. Un punto de vista interesante, que Calpe acerca en un 4:3, símbolo del rechazo de la paisajística panorámica, rellenada por la oscuridad de la noche y una niebla con la que los habitantes del pueblo no pueden ver más allá de lo que tienen justo delante.

Una adaptación agridulce

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La intención de la película es hablar de esta consecuencia de la España Vacíada dentro de una historia familiar protagonizada por la difícil relación entre un padre y un hijo, también recogida en la novela. Seguramente el principal hándicap de Tros sea precisamente su dependencia al texto original, que ha obligado a encajar y contar todo el trasfondo y trayectoria de esta relación a través de varios flashbacks. El ir hacia delante y hacia atrás alterna la rima y la conexión emocional con la pura descripción, anticlimática y demasiado funcional.

La adaptación flojea también porque tiene que contar mucho en muy poco tiempo, con 83 minutos claramente insuficientes para contar la historia de esta manera. Dentro de queTros es estimable, da pena que no haya habido más tiempo (= a dinero) y sobre todo de que se no se haya aprovechado de otra manera, con menos anclaje a un texto que también frena el buen hacer de las interpretaciones. El último tercio de la película, en un acertado alto tono trágico, confirma esa sensación agridulce. La puedes ver online en


Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, en 2018 cofunda y dirige el medio especializado Cine con Ñ.

Twitter: @artena_

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