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Superhéroes españoles: una historia de parodia

Desde ‘Superlópez’ y el anacrónico ‘Supersonic Man’ hasta la actual ‘El vecino’ o el retorno de ‘Los Protegidos’, los supertipos españoles no saben separarse de la comedia. Y la pregunta es, ¿deberían?

segunda temporada de El Vecino

Esta semana se estrena la segunda temporada y, presuntamente, última de El vecino, la serie de Netflix basada en el cómic de Santiago García y Pepo Pérez. Poco antes sabíamos que otro cómic del mismo escritor, ¡García! -este dibujado por Luis Bustos-, que responde a la inquietante pregunta de qué pasaría si el Franquismo hubiese creado su propio Capitán América y este se despertase en pleno 15M.

En la promoción de Orígenes secretos el director y guionista de la misma, David Galán Galindo, defendía la estructura de la película, que empieza siendo un thriller, pasa luego a buddy movie y finalmente ya se mete en el berenjenal superheroico en su último tercio. Quería «vender» el género como otra cosa porque en España solo estamos acostumbrados a afrontarlo desde la parodia.

Y ahora que vuelve El vecino y se anuncia una secuela nostálgica de Los Protegidos, que, al menos sobre el papel, nunca han querido ser parodia de nada, la pregunta, más que si son posibles los superhéroes españoles, es si son posible sin hacer humor con ellos. Aunque, en última instancia, el debate de verdad es si queremos que existan superhéroes que no sean, como siempre han sido un poco Superman o Spiderman, personajes de comedia.

Supersonic Man, I love you

superhéroes españoles

En 1979 el cine de superhéroes español queda inaugurado oficialmente con el estreno de Supersonic Man, un pequeño filme de aventuras derivado del éxito del Superman (1977) de Richard Donner que había arrasado en taquilla un par de años antes. Vista desde hoy es un despropósito a todos lo niveles con efectos de cartón piedra que cantan ópera, tomándose mucho más en serio a sí misma que sus referentes y ambientada en unos EEUU más falsos que una moneda de 300 pesetas.

Supersonic Man es el equivalente español a aquellos remakes locos rodados en Turquía o India en los 70, solo que teniendo la decencia de crear a un personaje derivativo -de hecho, con más cosas en común con el Capitán Marvel de la época que con Superman- en lugar de fusilar directamente al original. Es decir, al final resulta más ridículo precisamente porque no es una parodia, ya que la épica de marca blanca no está solo en los extras con traje de gomaespuma, sino el mismo guión. Se salva por la distancia temporal, que ha dado para resurrecciones nostálgicas en cómic, pero poco más.

Se podrían mencionar aquí Supernova y El Corazón del Guerrero, pero la primera emparenta con un tipo de cine ciencia-ficción y humor propio del momento y la segunda homenajea al género de fantasía. Habría que preguntarse, quizás, hasta qué punto el sacerdote de 30 monedas de Álex de la Iglesia no es de alguna forma un pariente cañí de Blade o John Constantine, o sí Acción Mutante puede ser considerada una adaptación de Días del Futuro Pasado y por tanto la primera película sobre los X-Men jamás rodada.

Del tebeo, si no lo veo, no lo creo

Superhéroes españoles: una historia de parodia 1

La discusión sobre los superhéroes españoles giró en algún momento entorno a si El Capitán Trueno o El Guerrero del Antifaz deben ser considerados dentro del género, cuando claramente no es así. La mayor producción de cómics de dicha temática en las últimas décadas los ha hecho caerse de las listas, aunque experimentos como el de la editorial Carmona en Viñetas -que mezcla superhéroes y Guerra Civil- o los Iberia INC o Ibéroes, sin funcionar mal entre los aficionados, nunca han trascendido al gran público.

Curiosamente David Galán se adapta a sí mismo desde la novela y en ese terreno no está solo. Rafael Marín, prolífico escritor de ciencia-ficción gaditano y también guionista de cómics, eligió la novela para su historia Mundo de Dioses, que desarrolla el concepto del superhéroe hasta sus últimas consecuencias en la línea de la obra de Alan Moore, más cerca de su MiracleMan -del que casi podría ser una secuela- que de Watchmen.

El padre de todos estos supertipos ibéricos, aunque no el primero, es Superlópez, nacido también al calor de la «supermanía» posterior al éxito de las mallas de Christopher Reeve, pero que evolucionó hasta independizarse de la parodia y entrar en el tebeo de crítica social. En sus primeras viñetas, no obstante, «Superlópez» ni siquiera existe, es directamente una fantasía de López, que cuando va a en el metro y ve a un grandullón ocupando un asiento mientras una anciana se queda de pie se imagina obligándolo a levantarse de una leche.

Más adelante, a pesar de venir del Planeta Chitón y tener la capacidad de pegar guantazos cósmicos, López es un tipo que pide medio dormido un café con leche y un croissant en la taquilla del metro y lo flipa con el fútbol. Eso, en aquél momento, es paródico, pero a estas alturas es casi realismo soviético, ya que la cotidianidad que imprime Jan a la vida de su personaje, plenamente independizado del referente gringo más allá de los superpoderes, es ahora mismo uno de los elementos más apreciados del género. Y más aún que eso, el enfoque político progresista que ha imprimido a los argumentos.

Los Protegidos, en su caso, beben más de la estadounidense Héroes , de moda en aquél momento, y la mezclan con el formato de serie familiar española de entonces. Un poco un cruce entre X-Men y Los Serrano. Pero tienen algo en común con Supersonic Man: se toman en serio la parte de los poderes. Aunque la serie tenga subtramas de niños graciosetes o enredos amorosos, toda la conspiración y las peleas se intentan, en la medida en que permitía el presupuesto, tratar de forma épica. El resultado fue, por supuesto, adolescente y al contrario que otros intentos posteriores se aísla de la tradición tanto local como del género.

Treinteañeros inmaduros

El Vecino

La crítica cultural Elisa McCausland, autora de Wonder Woman: El feminismo como superpoder, sostiene que los superhéroes actuales han pasado de representar elementos aspiracionales a ser reflejo de sus consumidores. Es un trasvase que en la ficción estadounidense se dio de Superman -como el lector querría ser- a Spiderman -como el lector es en realidad-. Así que los superhéroes españoles «actuales», ¡García! aparte, hablan de trentones, varones exclusivamente, con síndrome de Peter Pan.

El Javier de El vecino y el Juan López de la versión cinematográfica están interpretados por dos actores especializados en hacer de ‘el chico’ en comedias románticas. Sus personajes, de hecho, tienen el corte de los que suelen interpretar en ese tipo de historias y sus arcos se basan en madurar «sentando la cabeza» junto a una novias independientes y desafiantes. La autoidentificación que se expone aquí, al final, habla más de una cierta infantilización de la sociedad española -aunque con la necesidad de que le digan que es inteligente, en un giro, de nuevo, adolescente- que del género superheroico en sí.

Come aparte Orígenes secretos, donde el superhéroe tomado en serio, el detective metido a justiciero, en realidad es visto desde fuera por el público objetivo, que debe identificarse con el compañero vendedor de cómics y la novia cosplayer. Ahí todavía funciona el superhéroe clásico, el López que se imagina atizándole al maleducado en el metro: el superhéroe es más aspiracional que real.

Por eso va a ser interesante ver en qué termina la adaptación de ¡García!, un cómic mucho más violento y oscuro que casi cualquiera que hayamos mencionado por aquí. Porque el superhéroe protagonista está basado en Roberto Alcázar de Roberto Alcázar y Pedrín, que a su vez tomaba su modelo físico de José Antonio Primo de Rivera. Y la conclusión a la que se llega con él es la misma que con Alonso de Entererríos en El Ministerio del Tiempo, la del Cid Campeador: ay que buen vasallo fuese, si tuviese buen señor. Y si eso no es español, que venga Jan y lo vea.

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