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Análisis

El documental ‘Sunu Gaal’ lucha contra la dificultad de que África cuente su propia historia… y la entendamos en Europa

Se estrena en Festival de Málaga el documental del periodista Josep T. París, una reflexión sobre las migraciones y la realidad de Senegal que intenta dejar solo las voces de sus protagonistas y borrar el filtro de la mirada europea
Sunu Gaal (Nuestro cayuco)

Sunu Gaal (Nuestro cayuco) sigue el día a día a diferentes jóvenes senegaleses que se plantean la posibilidad de inmigrar a Europa. Por ejemplo, Arfa, un joven pescado que sufre la dureza de su trabajo pero también la falta de peces causada por la sobreexplotación europea. También Mariatou, que planea su viaje al viejo continente pero es consciente de los muchos peligros que implica para una mujer joven. O Aloiu, que cree que las apuestas online son la única manera de conseguir el dinero suficiente para financiar su aventura. Todos sabiendo que los esperan la pobreza, el racismo o el maltrato, pero también de las condiciones de vida de su país causadas por el colonialismo.

El antropólogo David Graeber, conocido por sus ideas anarquistas, sostenía que el problema de la clase obrera es que se preocupa demasiado, incluso por los ricos. Aplicando teoría feminista del punto de vista al análisis de clase de toda la vida, en una especie de inversión del signo de los tiempos, venía a decir que en una relación de desigualdad el que está en la parte privilegiada no tiene ni por qué molestarse en intentar entender al que se mantiene por debajo porque es este el que pondrá todo su esfuerzo en que la comunicación sea fluida. Por eso las mujeres entienden mejor a los hombres que a la inversa, o los pobres a los ricos.

Y sí, las personas de los países emisores de migrantes a las de los receptores. Sunu Gaal (Nuestro cayuco) es otra película dirigida por un europeo que se enfrenta a esta cuestión, como puedan ser Érase una vez en Canarias (2023), de Armando Ravelo; Fin de fiesta (2024), de Elena Manrique o el corto Los cayucos de Kayar (2024), de Álvaro Hernández Blanco, que directamente va de lo mismo que esta pero usando al actor senegalés residente en España Thimbo Samb como hilo conductor. Bwana (1996), de Imanol Uribe, ni se planteaba explicar al inmigrante. Era El Otro, y sobre esa diferencia se construía una amistad imposible. Han pasado 30 años, claro. Y cosas peores.

El documental 'Sunu Gaal' lucha contra la dificultad de que África cuente su propia historia... y la entendamos en Europa 1

Porque todas esas películas recientes, y otras que se me olvidan, o la ganadora del Óscar Anora (2024), de Sean Baker, inciden en el hueco en la comunicación de Graeber. Sunu Gaal, firmado por el periodista catalán Josep T. París, es perfectamente consciente de ello, y por eso intenta que los africanos se expliquen a sí mismos en sus propios términos, de forma fidedigna… pero para que los entendamos nosotros, espectadores españoles, europeos o de un festival de cine como el de Málaga en que se estrenó. Y en esa contradicción, necesaria está todo.

En Sunu Gaal no hay voz en off ni rótulos y, sobre el papel, el documentalista no ha tenido «más» intervención que ponerse a grabar, hacer preguntas y luego montarlo, aunque obviamente algunas situaciones —como el debate de clase o la discusión durante la pesca— han sido sugeridas o son recreadas. Se intuye en París un trabajo largo y paciente de intentar integrarse en el ambiente y ganarse la confianza de sus fuentes, y un conocimiento de las preocupaciones de las personas que refleja en el documental que le hace buscarlas para no hacer el enésimo retrato miserabilista o paternalista. Es un periodista tratando de hacer su labor de filtro honesto, y eso merece respeto.

Así que el retrato de los jóvenes senegaleses que aparece en Sunu Gaal no se parece a otras versiones, incluidas las documentales, bastante más infantilizadoras o cargadas de tópicos. Son personas mucho más conscientes de la realidad europea, de media, que lo que cualquier joven español o francés de su edad lo será de la vida en Senegal salvo que tenga alguna clase de vínculo con ella. Saben que el viaje no es ya peligroso, sino potencialmente mortal, que pueden sufrir estafas, abusos y violaciones, y que al otro lado del Mediterráneo, si tienen éxito, les espera probablemente más pobreza y, sobre todo, racismo.

El esfuerzo máximo de París es intentar meternos en su punto de vista, porque los relatos y discusiones que se producen ante la cámara son de unos senegaleses para otros. Las chicas de instituto debaten en clase si inmigrar o no en base a la situación del país y a cómo son sus vidas allí, y hablan de orgullo africano desde África, no es una nebulosa condición de afrodescendiente en otro continente. El pescador que ya estuvo en España da consejos a su joven aprendiz por la idea que sabe que este tiene del viaje. No son explicaciones para blancos europeos, son conversaciones entre ellos y ellas. Y sin embargo, la película la vemos nosotros.

El documental 'Sunu Gaal' lucha contra la dificultad de que África cuente su propia historia... y la entendamos en Europa 2

El mayor muro a esta comunicación —aparte del habitual: solo verá Sunu Gaal gente que al menos sobre el papel ya esté convencida de que el racismo y el colonialismo son «malos»— es que Aloui, el joven que apuesta online para financiarse el viaje, se sabe los jugadores de la mayoría de equipos de la Primera División de fútbol española, y la mayoría de la gente en España no tenemos claro cómo situar Senegal en un mapa ni si su capital es Dakar. Aquí no miramos el país de procedencia de cierto pescado, pero allí tienen clarísimo por qué les escasea el género cada vez que salen a faenar. A nosotros hay que explicárnoslo, y saltar ese vacío voluntariamente no es tan fácil.

Josep T. París sabe esto mejor que yo que escribe esto y probablemente que usted que lo lee. La película existe sobre la conciencia de forzar al privilegiado a que entienda lo que quiera decirle el oprimido, sin cargar esa comunicación de moralinas, intentando llevarnos al lugar de los motivos lógicos de la migración desde una base material que no implique pornografía de la pobreza, sino comprensión humana. Personalmente no tengo claro si esto es más efectivo que, por ejemplo, Nowhere (2023), de Albert Pintó, que lo que hacía es que la migrante en una embarcación a la deriva fuese una actriz española famosa, a ver si así se pillaba la idea.

La solución pasaría en que Sunu Gaal la dirigiese un cineasta senegalés en términos senegales, y no de presentarla a un festival europeo. Pero esa, claro, sería otra película. La paradoja que hace evidente la película es que saltar ese abismo de la incomprensión es imposible mientras las condiciones materiales que lo crean continúan existiendo. Y esa, en sí misma, es la advertencia que deberíamos recibir.

Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.