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‘Streaming Wars’: Gómez-Jurado, ‘Gomorra’, Netflix y la Superliga

La competencia por el suscriptor en el mercado del streaming sobresatura de marketing la información ahogando novedades y talento

Streaming Wars

El panorama audiovisual español, inmerso en el frente local de las llamadas streaming wars, vive ya con más sobresaltos que los fichajes del Real Madrid. El mundo de las series ya tiene sus sistema de nombres consolidados -en el que las mujeres por fin meten cabeza, aunque poco a poco- y las plataformas buscan también a quienes fidelicen un público constantemente estimulado por estrenos y más estrenos y series que cambian el panorama audiovisual para siempre hasta el viernes que viene.

A esto se une la competición de España por convertirse en el nuevo plató de Europa, apoyada por el aterrizaje de Netflix en Madrid hace unos años, éxitos internacionales como La casa de papel o Élite y con productoras como Secuoya intentando convertirse en el mascarón de proa. No falta una gran plataforma internacional que no haya estrenado o ruede su propia serie original española con alguna estrella local como reclamo o adaptación que la respalde.

Así, las streaming wars en su manifestación netamente ibérica en parte recuerdan a la llamada Guerra del Fútbol de finales de los 90 y primeros 2000, de la que ninguno de los participantes salió bien parado y que sigue teniendo consecuencias en la configuración del mapa mediático actual e incluso en la política. Una huida hacia delante con un tufo a burbuja especulativa en la que no se para de cebar el marketing para atraer a un público saturado de estrenos… al que empieza a saturar también el marketing.

El equipo del jeque

'Streaming Wars': Gómez-Jurado, 'Gomorra', Netflix y la Superliga 1

Para Amazon los contenidos de su plataforma son un cebo para que compres más cosas. Al mismo tiempo, sus números de usuarios siempre son engañosos, ya que la plataforma va de la mano del usuario premium de la tienda y la obtienen compradores que no están necesariamente interesados en ella. Así que, como cualquier centro comercial o de atracciones, quiere atraer el máximo de gente molestando a la mínima imprescindible. Que parece que es lo que hacen todas, pero no exactamente.

Lo que hasta el momento no habíamos experimentado en España era la retroalimentación entre las diferentes patas del negocio, con la plataforma fichando a un escritor de éxito en el ebook –Gómez-Jurado fue de los pioneros del formato en España, además- y además presumiendo de que lo hace precisamente por lo bien que funciona en la librería online. Al mismo tiempo la compañía fundada por Bezos negocia la compra de la mismísima Metro Goldwyn Mayer, con su jugoso catalogo que incluye derechos como los de la franquicia James Bond.

Amazon y sus mareantes movimientos de mercado son aquí el competidor que juega con las cartas marcadas: tiene un respaldo financiero que el resto ni siquiera sueña, pero es que además, como a los clubes de fútbol propiedad de monarquías del petrodólar, ha venido a emborracharse, el resultado le da igual. Igual que los jeques quieren blanquear sus regímenes autoritarios, la multinacional desea parecer algo más que un depredador y retroalimentar sus diferentes servicios.

Hasta ahora en su producción propia española eso se ha notado poco o nada. Trabajando con Mediaset o Atresmedia, con resultados desiguales o directamente mediocres, Amazon da más titulares que buenos productos. No sabemos si Gómez Jurado será el Neil Gaiman español ni qué clase de series parirá su colaboración, pero si parece el primer paso por intentar pelear con producciones que no parezcan sacadas de la televisión tradicional.

Os recibimos con alegría

'Streaming Wars': Gómez-Jurado, 'Gomorra', Netflix y la Superliga 2

Hace unas semanas Cattleya, firma líder italiana perteneciente a ITV Studios, responsable de títulos como Gomorra, Suburra y ZeroZeroZero, anunció que creaba una nueva productora en España, Cattleya Producciones. Será la primera productora de ficción de ITV Studios en España y se especializará en la creación y producción de series y películas de ficción para España y el mercado internacional.

Ya tienen oficinas en Madrid nada menos que Netflix, HBO y la mencionada Amazon, además de Viacom. StarzPlay ya rueda su primera serie española. Disney inauguró su catálogo patrio con una miniserie de Mediaset. Muchos de estos estudios desarrollan su trabajo en parte con Secuoya Estudios como casera, ahora reconvertida, o al menos así lo ha anunciado, en gran productora internacional en español. Y en paralelo Filmin producirá su primer ficción propia tras la entrada en su propiedad de fondos de inversión estadounidenses.

La competencia es mucha, cada mes caen varios anuncios de nuevos proyectos. Netflix parece que no acaba de anunciar una tanda de nuevos rodajes cuando ya prepara la gran presentación de varias películas o series. La parrilla se vuelve bulímico y devora productos que olvida en una semana. Apenas HBO con 30 Monedas o Movistar+ en la medida de sus posibilidades han apostado por el capítulo semanal que mantiene la serie en la conversación, la estrategia que tan bien funcionó a Juego de Tronos y está usando Disney+ con sus productos Marvel o Star Wars.

El suscriptor español se cotiza caro porque el mercado es que el que es y no todo el mundo puede suscribirse a varias plataformas. Que HBO se plantee experimentar con anuncios, es decir, hacer como la televisión lineal de toda la vida, indica el camino de las streaming wars a nivel global. Mientras, hace falta tener la serie IMPRESCINDIBLE que todo el mundo quiere ver, ser la plataforma por defecto -«esta noche vemos Netflix»- se aturulla al respetable a base de noticias y más noticias que nosotros, pobres plumillas, reproducimos con fruicción.

Streaming Wars Spanish Edition

'Streaming Wars': Gómez-Jurado, 'Gomorra', Netflix y la Superliga 3

Y mientras ocurre todo esto, el Estado ha decidido lanzar su ambiciosísimo Plan de Impulso Audiovisual, que busca en la ficción un sector que cree empleo, mejore la imagen del país y al mismo retroalimente a la economía como foco de innovación -los fondos NextGen de la Unión Europea deben centrarse en proyectos de digitalización- y tirando de otros sectores más tradicionales como el turismo. Más noticias, vía Ministerio -de Cultura, no del Tiempo-, menos contenido concreto.

La guerra por los derechos del fútbol, de últimas, infló un mercado que se hizo dependiente de sus derechos y resultó en espejismo. Al final los dos principales beneficiados fueron los de siempre, Real Madrid y Barcelona, y el resto de clubes mendigaron las migajas. No huyan, por favor, respetados lectores y lectoras de indudable marchamo intelectual: ¿qué pasará cuando pase las streaming wars, a nivel global, con el mercado español, si ya existe hasta un término para las series que no ve nadie ahogada entre la montaña de novedades?

Por supuesto, en plena cresta de la ola las ventajas son fácilmente visibles: trabajo para los profesionales del sector y contenidos variados que garantizan, por mera estadística, un mínimo de calidad. El miedo es que se convierta en otro espacio de especulación cuyos beneficios no se utilicen para construir industria y garantizar una continuidad en la misma cuando lleguen, porque siempre llegan, las vacas flacas. Sobre todo cuando se empieza a depender de gigantes internacionales a los que el territorio y sus autores, en principio, le importan poco.

Porque la pregunta es la que hace falta hacerse cada vez más en voz alta: ¿por qué no estamos hablando de burbuja?

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