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Secuoya hace las Américas: de problemas con ‘Ten’ a ser el mayor estudio de ficción en español

La firma que preside Raúl Berdonés ha anunciado un ambicioso plan internacional que se apoya en los futuros beneficios fiscales que ofrezca España como sede de rodajes y la inversión de grandes grupos de capital riesgo.

Secuoya hace las Américas: de problemas con 'Ten' a ser el mayor estudio de ficción en español 1

En abril de 2016, hace todavía menos de cinco años aunque parezcan el triple para el mercado audiovisual e incluso las formas de consumo, Grupo Secuoya lanzaba Ten, canal de TDT cuya licencia le había concedido poco menos de seis meses antes el gobierno de Mariano Rajoy y que nacía, en realidad, con el objetivo nada disimulado de servir de plataforma de venta de los productos audiovisuales del conglomerado.



El canal ha tenido tiempo de dar muchos bandazos, incluido aquél intento en 2017 de lanzar programación original propia que se llamó #RevoluciónTEN y que no llegó a sonoro fracaso porque sonoro implicaría que alguien se enteró. Desde hace 2018 es poco menos que un contenedor de programas de telerrealidad importadas y en su momento llegó a emitir hasta videntes. También acabó por recibir contenidos de la presunta competencia de Secuoya, Mediapro, porque los extraños compañeros de cama no son un invento del actual boom de la ficción.

 

Secuoya y una televisión de MurciaSecuoya hace las Américas: de problemas con 'Ten' a ser el mayor estudio de ficción en español 2

‘Víctor Ros’, serie producida por New Atlantis, filial de Secuoya, para RTVE.

En su momento se quiso identificar a Secuoya, de hecho, como «el Mediapro de Rajoy» frente a la presunta cercanía de los gobiernos de Zapatero con la empresa de Jaume Roures. Entre 2011 y 2014 Miguel Ángel Rodríguez, actual asesor de Isabel Díaz Ayuso y secretario de Estado de Comunicación con Aznar, formó parte del Consejo de Administración de la firma. Secuoya aún gestiona, tras múltiples prórrogas, la gestión de la televisión autonómica de la Región de Murcia, gobernada por el PP, al frente de la cuál puso en su momento a Alejandro Samanes, fundador de 13TV.



Sin embargo atribuirle filiaciones políticas a las empresas, como todo, es relativo. Secuoya seguirá gestionando la televisión murciana hasta abril, cierto, pero por los plazos de la nueva concesión, que es probable que no caiga en sus manos, alargados por la pandemia. Y al mismo la empresa se ha hecho hace menos de seis meses con la gestión técnica de IB3, la cadena pública balear, en este caso controlada por un gobierno del PSOE.

De hecho es sobre las intenciones de un presidente socialista, Pedro Sánchez, de promover fiscalmente Madrid como gran estudio del audiovisual en Europa sobre las que pivota la venta internacional de su nuevo salto, Secuoya Studios. Un proyecto tan ambicioso en los empresarial como complicado en su ingeniería financiera, que se basa en el prestigio -y los precios- de la producción en España y se apoya en el ex embajador de EEUU en nuestro país, James Costos, en otro tiempo ejecutivo de HBO.

En casi todos los frentes en los que quiere expandirse a nivel internacional experiencia no le falta. A través de sus numerosas filiales, Grupo Secuoya ha producido lo mismo informativos de televisión que series de ficción o documentales, con clientes que van desde RTVE hasta DMAX pasando por Atresmedia. Su firma New Atlantis, por ejemplo, está detrás por igual de Españoles por el mundo que de cintas como La carta esférica, de Imanol Uriba, o series como Vive cantando (Antena 3) o Víctor Ros (TVE). Los proyectos con los que arranca el sello Secuoya Studios siguen esa línea, como el estreno retrasado por la pandemia de la comedia Mamá o Papá o la futura adaptación a serie de La mala leche, el cómic de Henar Álvarez.

 

Capital riesgo para la firma inmobiliaria de SecuoyaSecuoya

Raúl G. Berdonés (Granada, 1978), presidente de Grupo Secuoya. Foto: Linkedin.

La conversión de Secuoya en «el gran estudio para la ficción en castellano» viene de la mano del desembarco de Netflix en nuestro país, y tras ella HBO o Viacom. Los estudios de la llamada allá por 2017 ‘ciudad de la tele’, en Tres Cantos, Madrid, son hoy bautizados Madrid Content City. De ser «el casero de Netflix» el grupo que preside Raúl Berdonés quiere pasar a convertirse en una potencia -en su medida ya lo era dentro de España- y al mismo tiempo reorganiza sus activos estratégicamente dentro del grupo.

La propiedad física del complejo audiovisual pertenece a Secuoya pero no: la compañía vendió los «activos inmobiliarios» de la ciudad de la tele a Roots Servicios Inmobiliarios SL el pasado verano de 2020. Se trata de una compañía presidida por el propio Berdonés y creada precisamente para poseer la titularidad de todas la propiedades de este tipo del grupo. La operación se presentó como una forma de «equilibrar balance» y reducir deuda de la propia Secuoya tras un duro 2020.

Al mismo tiempo el conglomerado ha vivido vaivenes financieros que siempre, sobre el papel, apuntalan su posición de clara a sus ambiciosos planes. En junio del año pasado Secuoya renovó varios préstamos de millones de euros para garantizarse liquidez. Y este enero, semanas antes del «lanzamiento» de Secuoya Studios, dos fondos de inversión aterrizaron en el grupo y en la futura Madrid Content City: Pricoa Private Capital, propiedad de la aseguradora estadounidense Prudential Financial, Inc., inyectó 70 millones en el Grupo Secuoya, y HIG Real Estate, brazo inmobiliario del fondo de capital riesgo, adquirió el 40% de la propiedad de la futura ‘ciudad de la tele’ internacional.

 

Secuoya, futura capital de la ficción en españolSecuoya hace las Américas: de problemas con 'Ten' a ser el mayor estudio de ficción en español 3

El lanzamiento de Secuoya Studios se está dando con pompa y magnificencia en estos momentos, con la futura adaptación para el mercado internacional de El Zorro por bandera. Sedes en Miami y Ciudad de México -capitales de la ficción en español-, Bogotá, Lima y Santiago de Chile. La pica en Flandes de Costos, sus contactos e influencias, en Los Ángeles. Y Madrid como medida de todas las cosas y gran capital de la ficción, con unos estudios preparados para que Secuoya coproduzca y colabore con cualquier empresa del mundo y pueda difundir sus productos para millones de espectadores.

El objetivo es que Madrid Content City sea «el mayor hub de producción audiovisual de Europa, cuyas instalaciones ocuparán más de 140.000 metros cuadrados». Cada una de las cinco compañías que forman Roots desarrollára una fase del proyecto, que acabará por sumar 12 estudios, tres edificios de oficinas con más de 10.000 metros cuadrados, una universidad para 7.000 alumnos, una residencia de estudiantes con más de 250 camas, cinco restaurantes, dieciocho naves auxiliares, un área comercial de 4.000 metros cuadrados, una estación de servicios, servicios complementarios y un auditorio

Madrid Content City ya tiene en funcionamiento su primera fase, un total de 22.000 metros cuadrados que alberga cinco estudios completamente terminados y en funcionamiento -tres de 1.200 metros cuadrados y dos de 1.500 metros cuadrados cada uno-, edificios de oficinas, centro de postproducción y el mencionado auditorio. La futura universidad, por cierto, la explotará el mismísimo Grupo Planeta, aliado tradicional también de Secuoya y propietario de Atresmedia. Y un centro de I+D+i. Y un think-tank. De todo. La repanocha.

Esta maquinaria se sostendrá sobre los futuros beneficios que generen, por un lado, el auge de la ficción española y su proyección internacional, con nuestras grandes series de prestigio arrasando en HBO, nuestros creadores contratados como showrunners para proyectos de las productoras de EEUU, La casa de papel siendo versionada en Corea del Sur y Prime Video estrenando el reboot de El Internado en más de 126 países. Por otro, con los eternos beneficios fiscales que permitan competir a España en atractivo contra Hungría o Croacia al mismo tiempo que el Brexit elimina la competencia de los estudios Pinewood en Gran Bretaña.

La pregunta, una vez más, es cuándo podremos empezar a hablar de burbuja.

 

Jose A. Cano (@caniferus)

 

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