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Análisis

4 reflexiones sobre ‘Sofía y la vida Real’ y los documentales sobre Casa Real

Pocos datos nuevos, cotilleo familiar sobre política y cordón sanitario para Felipe VI: las miniseries sobre la Familia Real española se multiplican por parte de autores y plataformas muy diferentes, pero todas parecen compartir una serie de características que se repiten
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Este viernes 23 de abril se estrena Sofía y la vida Real, serie documental de cuatro episodios dirigida por David Trueba y Jordi Ferrerons a modo de biografía política y sentimental de la reina emérita, esposa de Juan Carlos I y madre del actual jefe de estado, Felipe VI. Podría ser una contraparte de La Sagrada Familia, también de Trueba y dedicado a la corrupción de Jordi Pujol y su entorno durante los años en que presidió la Generalitat de Catalunya. Pero se queda muy por debajo del nivel de las fuentes allí exhibidas y del grado de incisiva ironía con el que aquel estaba presentado, aunque tenga los mismos responsables.

Más bien este Sofía y la vida Real emparenta con el actual empeño en exprimir las vicisitudes de los Borbones españoles y su atractivo mediático hasta en sus aspectos más secundarios, incluyendo los de la vida de Sofía de Grecia, cuya incidencia en los momentos clave reciente de la Monarquía, como veremos luego, ha sido anecdótica en el mejor de los casos, y, cuando no, indemostrable. Así, esta miniserie sigue la estela de Los Borbones: una familia Real (2022), o Salvar al Rey (2022), e incluso Leonor. El futuro de la Monarquía renovada (2020) o el alemán Juan Carlos: la caída del rey (2023), mientras esperamos el futuro XRey.

Sofía y la vida Real
La periodista Pilar Urbano en ‘Sofía y la vida Real’ (2023).

Entre otras cosas, porque comparten gran parte de sus fuentes, entre ellas numerosos periodistas especializados en Casa Real y algún político en ejercicio en el momento de los hechos que se narran. Y vienen a constatar que la «cosa borbónica» debe vender, incluso fuera de nuestras fronteras, sobre todo en Europa y América Latina, particularmente en países de recio republicanismo, donde parece que se suspira de alivio ante la bala esquivada al mismo tiempo que, básicamente, cotillean los males ajenos. La comparativa de Sofía y la vida Real nos sirve así para sacar algunas conclusiones:

El escaso acceso a la Casa Real

La mayoría de periodistas especializados en Casa Real no solo no saben qué ocurre en la Casa Real, sino que además lo admiten abiertamente. Con excepciones honrosas como la redactora de El País Mabel Galaz, la mayoría de hecho se quejan de falta de acceso (o de que no les den su trabajo hecho). Meten más la cuchara periodistas de política general, a derecha e izquierda, como Luis María Ansón —testigo privilegiado, además, de las andanzas de Don Juan de Borbón en la Transición—, José María Zarzalejos o Ana Pardo de Vera. Pero no cuentan nada nuevo.

De hecho, viendo este Sofía y la vida Real uno se pregunta sinceramente si lo habrá. Salvar al Rey y la alemana Juan Carlos: la caída de un rey añaden audios y declaraciones de diferentes amantes de exrey y el primero abundaba en un tema especialmente sangrante: el pacto de la prensa española durante décadas para «proteger» al susodicho de los escándalos, admitido por periodistas como Fernando Ónega y políticos como José Bono. Pero aún así no se añadían hechos no conocidos ni se les daban nuevas interpretaciones, solo se confirmaba o expandía lo más que sabido.

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‘Los Borbones: una familia real’ (2022).

Si acaso en Sofía y la vida Real tenemos un par de enfoques relativamente novedosos pero que parecen más comedia, por lo excesivamente domésticos y casi cuñaos. Además son tratados por Trueba y Ferrerons con cierta maldad en el montaje. El más desopilante, y también más verosímil, es la idea de que Juan Carlos I dio su aprobación al 23F sin darse cuenta, simplemente porque en su estilo de encantador de serpientes daba la razón a todo el mundo, incluido a tipos como Milán del Bosch o Armada, sin darse cuenta de que los muy descerebrados hablaban en serio y encontrándose luego con el percal. Sofía, por cierto, habría servido de alarma de humos del golpe.

Sofía no habla bien español, pero nadie lo admite

La mayoría de periodista especializados en Casa Real no quieren sonar críticos con Casa Real porque dependen de caerle bien a sus responsables, pero necesitan parecerlo para tener trabajo. Hay excepciones ya mencionadas, pero el resultado de esto es que en una serie documental sobre Sofía de Grecia no se dicen claramente dos cosas que no solo son públicas y notorias, sino que además se deducen al verlo: que no habla bien español y que no vive en España desde hace, al menos, 20 años.

Es discutible si realmente se trata de dos datos tan relevantes. Quizás no, salvo que la casa que tenga en Suiza o en Londres la estemos pagando nosotros directa o indirectamente, que es posible. Pero, por lo demás, si acaso serían temas que influirían en la valoración de alguien muy monárquico, muy católico y un poco carca. Hay que ver, qué mala abuela, qué mala española, qué mala madre. Muchas de las fuentes del documental, tipo Jaime Peñafiel, no pueden soportar una «mala imagen» de Sofía en esa escala de valores y por tanto evitan la disonancia cognitiva con excusas peregrinas.

Esto no es un true crime, es corazón

Porque si Sofía y la vida Real y el resto de miniseries y películas son interesantes a nivel de comunicación política es, si acaso, desde lo emocional. Al menos en este caso tienen la decencia de admitirlo: la Familia Real se basa exclusivamente en la imagen, no en la legitimidad legal de cualquier tipo, y si no se configuran como una especie de proyección de la autopercepción idealizada del propio país o los ciudadanos no sienten a sus miembros como «propios», se hunden. Es un poco ridículo, porque está contaminado de esa idea tan española —heredada del franquismo— de que República es igual a izquierda, y por tanto a caos.

Salvar al rey
‘Salvar al Rey’ (2022).

De manera que tenemos unos episodios finales dedicados a que algunas fuentes, que no todas, discutan si Sofía se puede hacer una foto con sus nietas o no cuando quiera o si es bueno para la Casa Real que Letizia haya sido periodista y quiera de esta manera proteger en exceso a sus hijas (y por tanto no permitir que estas personas puedan entrevistar a las dos niñas cuando ellos quieran sobre sus novios y sus vestiditos).

Cordón sanitario para Felipe y Leonor

Como ocurría con Los Borbones: una familia real y el documental de Leonor, se acaba dibujando una imagen de Felipe como un pobre tipo que ha tenido que aguantar una familia muy desestructurada y con relaciones viciadas por eso de la herencia y el pedigrí, pero también por el mangazo y la juerga. Así que al convertirse en jefe de la Casa Real ha tomado todas las medidas a su alcance para proteger a sus hijas. Sinceramente, ¿quién puede juzgar que obra mal? ¿Qué le importa a una persona racional si esas niñas ven mucho a su abuela o si la nuera se lleva mal con la misma?

Por otra parte, una vez más y como se dejaba caer en los minutos finales de Salvar al Rey, se nota que una tarea de todos estos documentales es proteger la imagen de Felipe VI y de su hija y heredera. Es decir, se sacrifica la en otros tiempos honorable y ejemplar imagen de Juan Carlos I y Sofía, ya insalvable, para construir un nuevo relato de representatividad aspiracional. Que en este caso pueda ser más «real» que en el anterior no quita que se vuelva a la vieja comunicación basada en la emotividad y la infantilización de la ciudadanía. Sofía y la vida Real simplemente está mejor rodado y montado, pero al final todos acaban en lo mismo.

Jose A. Cano

Jose A Cano (Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha colaborado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con El Salto, El Español o revista Dolmen. Socio de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE).