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Los Borbones: una familia real: Ni nadie que me comprenda

El documental de Atresmedia es menos escandaloso de lo que se cree, pero hace un retrato psicológico muy humano y sin excusas de la monarquía española

Los Borbones: Una familia real

Los Borbones: una familia real repasa a través de seis episodios la historia reciente de la Familia Real española, desde los antecedentes del bisabuelo Alfonso XIII con la corrupción y los manejos políticos hasta las rencillas internas por el matrimonio del actual monarca, Felipe VI, con una plebeya, Letizia Ortiz. Pero sobre todo se centra en las vicisitud políticas, económicas y personales del rey emérito, Juan Carlos I, cuya trayectoria vital y escándalos diversos han puesto en jaque la tradicional buena imagen de la Monarquía desde la Transición… que él mismo creó.

El documental se estructura, en lugar de forma cronológica -aunque en ocasiones, por pura necesidad, narre en orden- de forma temática, de manera que como solo hemos podido ver los dos primeros episodios, es suficiente para tener una idea general del tono pero no para saber el enfoque concreto de ciertos temas de la, ejem, vida privada de los protagonistas. En su arranque, al menos, es un documental sobre Juan Carlos de Borbón que tiene al resto de la familia de secundarios.

De momento Los Borbones: una familia real no cuenta nada que no se haya publicado ya mil veces. La novedad es que lo lleva al prime time, aunque sea el de La Sexta y solo un episodio. El resto se reserva para ATRESPlayer, donde el grupo se permite mayores dosis de riesgo para los espectadores de pago. En ocasiones a la narración se le notan demasiadas ganas de sonar impactante con cosas que luego no son para tanto -algo común a los documentales de Newtral hasta ahora-, pero en general se busca cierto tono ecuánime al retratar la figura del exmonarca, ensalzando su labor política en la Transición antes de condenar sus actitudes posteriores.

No me toques Los Borbones

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La novedad, decíamos, es que la estructura no sea cronológica sino temática, seguramente para evitar sonar a repetición de otros documentos de cuyo archivo se nutre esta serie y demasiado vistos ya. También, por lo que parece, para construir una imagen del Rey Emérito a base de capas, en la que se va de lo sublime a lo ridículo con facilidad. Esto último se consigue sin que la narración «objetiva» del documental se comprometa, a base de las aportaciones de algunas fuentes esperables -Luis María Ansón, José Antonio Zarzalejos, Iñaki Gabilondo, el expresidente Zapatero- y otras no tanto -¿qué pintan aquí Pedro Vallín o Elizabeth Duval más allá de hacer de «cuota de izquierdas y joven»?-.

En los primeros episodios de Los Borbones: una familia real llama la atención que la parte personal, con el tono un tanto culebrónico habitual, se use para buscar una explicación psicológica plausible al comportamiento posterior de Juan Carlos. Ojo, explicación, que no excusa. Un niño abandonado por su familia, con el ejemplo de las apreturas económicas de su padre y su abuelo como espada de Damocles -«apreturas» nivel reyes, ya me entienden, ya quisiéramos ustedes o yo vivir como un Borbón en Montecarlo- y obligado a romper sus relaciones personales por imperativo institucional. Humanamente es entendible su despendole, aunque institucional y políticamente se condene.

Eso sí, resulta un poco molesto que a veces el documental se empeñe en mostrar como desconocidos datos históricos sobre la Familia Real nivel preguntas del rosco de Pasapalabra, aunque por suerte el tono a cebo de Aquí hay tomate es muy puntual. En contrapartida, se agradece que desde el minuto uno acelere presuponiendo cierta información compartida sobre los escándalos recientes y se atreva con saltos adelante y atrás en el tiempo, sin tratar al espectador como si fuese idiota, algo que muchos documentales pensados para el gran público suelen hacer a menudo. Y ese sentido del humor de fondo antes señalado en ningún momento se come el discurso, retratando a los personajes sin burlarse de ellos. Ni siquiera de Alfonso XIII, y miren que parece diseñado a propósito por un republicano recalcitrante.

La unidad familiar como puesta en escena

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Insisto en la cuestión de que solo hemos podido ver dos episodios de Los Borbones: Una familia real porque en estos se queda una pregunta en el aire acerca de la importancia real de las relaciones románticas de la familia. Obviamente cuando se detallan los oscuros manejos económicos de Juan Carlos y Corinna, la relevancia está clara, pero por momentos uno se cuestiona… ¿qué más da con quién se acuesten estas personas? O, ¿no es ridículo montar un escándalo sobre si se nos permite verlos ir de compras o no, como pasaba en el muy ridículo «documental» Leonor. El futuro de la monarquía renovada? Claro, hasta que aparece uno de los investigadores y aclara que Juan Carlos blanqueaba dinero para toda la familia, no solo para él mismo.

E incluso esa parte es… llamativa. El sistema de pagos en negro para mantener lo que los Borbones aparentemente entienden que debe de ser su status, con una complejidad propia de traficantes de armas internacionales, tenía por objetivo pagar caballos, clases de piano, de esgrima e incluso viajes en über. Es decir, impedir que cualquier miembro de la familia tuviese que vivir como un plebeyo. Felipe VI, sea por cordón sanitario informativo a su alrededor dado que es el actual Jefe de Estado o por que de verdad su conducta es intachable, es el único que se libra.

También es curioso como Los Borbones: una familia real habla de la actualidad en elipsis: se explica que la primera mordida de Juan Carlos I fue durante la crisis del petróleo de los 70, se recuerda que la ignominiosa «caída en Botsuana» coincide con un país de paro galopante y desahucios un día y el otro también… No hace falta, pero es evidente que la España que contempla este documental no vive tan alejada del momento psicológico de aquellas dos crisis, pero sin espitas de salida al cabreo creciente ni la capacidad de la Monarquía, ya perdida precisamente con el segundo evento, de intentar actuar como mediadora social.

Los Borbones: una familia real es un documental interesante pero menos novedoso y escandaloso de lo que se cree él mismo, que tiene el mérito de lo que enseña simplemente por existir -Atresmedia, y por ende Grupo Planeta, atreviéndose, más o menos, a molestar a alguien que tiene poder de verdad- y que de manera nada inconsciente hace un retrato psicológico no precisamente favorable pero al menos sí comprensible de sus protagonistas. Los Borbones no son necesariamente malas personas, por decirlo así, ni siquiera unos corruptos o unos caraduras. Simplemente es que no saben vivir de otra manera.

Imágenes: Carteles de Los Borbones: una familia real – Atresmedia

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