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Sentimos las molestias: Caducar y no darse cuenta

La serie de MovistarPlus+ habla de la decadencia y quedarse anticuado, pero no por sus personajes, sino por su tipo de humor y enfoque de ficción

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Sentimos las molestias nos hace un tour por la vida de Rafael Müller y Rafa Jiménez, dos amigos y músicos casi jubilados que llevan mal la tercera edad. Müller es un director de orquesta de música clásica que ha recibido todos los galardones posibles y Rafa el fundador de una banda de rock de los 80, mítica en la época de la Movida pero olvidada ahora. Por una serie de circunstancias personales acaban viviendo juntos mientras se enfrentan a los achaques y la aceptación de su edad.

La serie usa como reclamo a su pareja de actores protagonistas (Antonio Resines y Miguel Rellán) y la verdad es que acierta porque son lo único bueno que tiene, con el añadido de que los han llamado para que hagan lo que se les da bien pero dentro de su registro han intentado que los personajes no sean tópicos deluxe. Pero ya. Todo lo demás, sin estar «mal hecho», solo es «meh». Anticuado no en el sentido de «envejecer mal» que se usa ahora, sino simplemente que es previsible, tontorrón y sin gracia.

No es que haya nada rematadamente terrible en Sentimos las molestias, y su propuesta de humor, Juan Cavestany en la dirección mediante, parte de cierta cotidianidad enrarecida que encaja bien con la historia. Pero tampoco hay nada especialmente bien, que destaque o que haga memorables o empatizables a sus personajes si no tuviesen la energía prestada de sus intérpretes. Es como si alguien analizase las alineaciones de Brasil y España en 1994 para ver si alguna de las dos puede ganar el Mundial 2022. No sé si me explico.

Crítica de Sentimos las molestias sin desparramar mucho

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La casa de Müller es la misma que la del personaje de Javier Veiga en Pequeñas coincidencias y la forma de retratar el centro de Madrid a base de terraceo y estampas turísticas es idéntica a la de aquella y a la de muchas comedias genéricas que tienen a bien regalarnos a veces Movistar Plus+ o Prime Video. Todo adornado con un puñado de chistes de humor bastante tópico sobre relaciones entre hombres y mujeres, familia, ligar y etcétera, etcétera. No es que sean ofensivos por culpa de lo políticamente correcto, qué va. Ojalá hubiese bromas políticamente incorrectas. Igual así tendrían gracia.

En parte, Sentimos las molestias es una versión en castiza y simpática de Youth, de Paolo Sorrentino, solo que sin haberla entendido bien y queriendo hacerla aceptable para alguien que se escandalizaría con un solo frame del cualquier película al azar del napolitano. Y además, no es humor negro, sino más bien familiar y simpático. Hay gags recurrentes prestados del susodicho largometraje, aunque puede que solo lo parezcan porque quizás ficcionar la vejez tiene temas obligatorios, y hasta una o dos subtramas -el último concierto, la hija de reconstrucción- bastante parecidas.

Los pocos chistes «buenos» son, para más inri, machunadas tremendas. No es que uno sea especialmente sensible con el tema, la verdad, porque para eso algún día no muy lejano será un señoro como los protagonistas, pero el olorcillo a rancio está precisamente en que este par, durante la serie, se deconstruye. Y madre mía, cómo se deconstruye. Que hay bromitas con sentirse humillados porque otros crean que son gays y hasta un mini #MeToo, así como quitándole drama a la cosa -lo que ocurre es incómodo, pero no delictivo- después de hacer referencias a Plácido Domingo. Compadre, fuera de juego. Si no sabes torear, para qué te metes.

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La cosa es que todo en Sentimos las molestias se parece un poco a la forma en que la que su propio guión ve al personaje de Rafa, bisabuelo del rock entrañable a su pesar. Un tipo bastante más desubicado que su amigo el clásico -y mira que este va derrapando desde el minuto uno-, que no es consciente de lo anticuado que se ha quedado. Claro, los rockeros o punketas de esa edad no son así, ni necesariamente los directores clásicos son como Müller, pero es una comedia de Movistar Plus+. No seas cruel, no le pidas que no sea clasista o que no tire topicazos conservadores que harían sonrojarse a Margaret Tatcher.

En fin, que tampoco duele y que Resines y Rellán le sacarían petróleo a un nabo, pero se trata de un producto bastante olvidable, ejecutado por cumplir y con un guión que hace su trabajo pero sin personalidad, casi se diría que sin ganas. Sentimos las molestias es Nasdrovia de la tercera edad, digamos. Una cosa que se cree que es muy inteligente pero que en realidad no es nada de nada, aunque puede no notarse de primeras porque está ejecutada por buenos profesionales que saben hacer muy bien su trabajo.

Imágenes: Sentimos las molestias – MovistarPlus+/Tamara Arranz

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