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La Polla Records, cuarenta años orgullosos de no ser nada

El documental ‘No somos nada’ sigue la gira de despedida del mítico grupo punk y retrata sus orígenes rurales y espíritu contestatario que sobrevive a las décadas

La Polla Records No somos nada

En un momento del metraje de No somos nada, Evaristo Páramos, mítico vocalista de La Polla Records, va conduciendo desde su pueblo, Agurain, en Álava, hacia Vitoria. Y comenta como en los inicios les echaban en cara que un grupo punk no podía venir de un entorno rural. Después de quejarse de que «ya hay muchas religiones para que inventemos otra» señala a la carretera, llena de baches: «¿Cómo que no va a hacer la gente punk, con este asfaltado?».

Javier Corcuera, director peruano residente en España desde los 80, acude este año a Donostia por tercera vez presentando No somos nada, que el pasado viernes abría la sección Zinemira, dedicada al cine vasco. Confeso seguidor del grupo, cree que «el lugar para estrenar la película es aquí, en San Sebastián. Yo me siento como en casa pero es que ellos juegan en casa». Un escenario local pero con proyección internacional, como los ha reflejado el documental y como ha sido la trayectoria del grupo.

«No hemos querido hacer una película para fans», explica a Cine con Ñ en la terraza del Hotel María Cristina de San Sebastián, «sino una historia universal, de un grupo que salió de un pueblo y se hizo universal. Creo que en España a veces no se es consciente del alcance que ha tenido a nivel internacional La Polla Records. Cuando de las canciones de un grupo punk se hacen versiones en salsa que ya ha trascendido y es cultura popular», ríe al comentarlo. «Y por eso creo que perdurarán en el recuerdo».

La Polla Records y la familia

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A favor de Corcuera está, claro, el propio metraje de su película, que arranca con fanáticos del grupo comentando a cámara por qué han acudido a alguno de sus conciertos. Se mezclan acentos de diferentes países de habla hispana, etnias y edades, incluido un niños que no debe llegar a la docena de años comentando que acude con su padre «porque La Polla Records nos encanta». Los seguidores serán el pegamento del filme, abriendo y cerrando cada segmento.

Los paseos de Evaristo por el monte, incluido uno con su madre Pilar de 90 años -que nunca había ido a verlo en concierto en cuatro décadas y lo hizo para la grabación de la película-, articulan la mayor parte del documental, pero es la entrevista a Abel Murua la que va hilando la cronología y da presencia a los dos miembros fundadores ausentes, su hermano Fernando -cuya influencia sobrevuela toda la primera parte de la película- y el retirado Txarly. Para rematar la caracterización inclasificable del grupo, el quinto elemento, Sumé, aparece en todos los conciertos pero no concedió ni media entrevista a la grabación del documental.

De un lado los fans, del otro la cotidianidad de los ambientes en los que se retrata a Abel y Evaristo, sin salir de Agurain, contribuyen al contraste constante de No somos nada, que salta de la soledad de los paseos por la montaña en mitad de Álava con las ovejas bailando a un estadio a reventar de público dejándose la garganta en ciudad de Lima. Para el grupo, acostumbrado, como recuerda su cantante, «a salas de 800 tíos que no se llenaban», en parte ambos ambientes son uno y sus seguidores parte de esa familia extensa.

La Polla Records y el tiempo

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La Polla Records se puso el nombre, según Evaristo, «sin saber lo que significa Records, porque lo ponía en todos los discos«. Abel confiesa que cuando se repartieron los instrumentos y le tocó el bajo se enteró de que tenía cuatro cuerdas, y que el más metódico del equipo, su hermano Fernando, aprendió a tocar la batería casi de forma autodidacta, yendo a todos los conciertos que podía, fijándose en cómo lo hacían otros y luego ensayando y ensayando.

Ese toque naïf perdido cuatro décadas atrás se mezcla con dos decisiones de dirección, en lo que el director Corcuera cree que es «un documental de montaje«. Por un lado, la de las animaciones que sirven para separar segmentos, que se basan en la estética de los discos y pósters del grupo pero también en el mundo del cómic underground de los 70 y 80 que Evaristo confiesa como decisivo en su formación cultural. Por otro, el montar cada canción que con fragmentos sin orden cronológico de conciertos de diferentes épocas, de tal manera que se mezcla a miembros del grupo y seguidores de todas las décadas en las que La Polla Records ha llenado salas de 800 personas o estadios.

Finalizaremos sin revelar algunos giros del metraje que sorprenderán, ya que el propio director admite que no esperaba que la mayor parte de la película se acabase rodando en el campo y en No somos nada hay sorpresas hasta en los créditos finales. De momento sin fecha de estreno, el objetivo es que el documental se estrene en salas más pronto que tarde tanto en España como en varios países de América Latina donde se rodó la gira de despedida. Evaristo y Abel lo celebrarán, probablemente, desde la Taberna Otxoa de Agurain, que era el teléfono de contacto que dejaban cuando aún no eran nada.

Imágenes: Fotogramas de No somos nada – Tamboura Films
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