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'OBJETO DE ESTUDIO'

El Ártico ya no es lo que era, y tampoco podemos mirarlo como solíamos hacerlo

El documentalista Raúl Alaejos firma un experimento formal sobre las convenciones cinematográficas y las maneras colonialistas de mirar al otro, salpicado de un humor lacónico. Después de ganar MajorDocs, se ha podido ver en L’Alternativa, Festival de Cinema Independent de Barcelona
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El documentalista Raúl Alaejos ha firmado un artefacto visual no identificado, Objeto de estudio. La recepción de una beca Leonardo de la Fundación BBVA sirvió para llevar a cabo un proyecto de investigación sobre «el acto de filmar al otro», según palabras del realizador. El cineasta había trabajado un documentalismo observacional, y también había viajado a las regiones polares para hacer campañas de comunicación que le hicieron sentir «un poco extractivista» («vas a recoger unas imágenes de los innuits y las regiones polares que tienes un poco preconcebidas», explica). Esta vez, quería transitar otros caminos. 

Tras sus experiencias previas con Greenpeace y compañía, y la consiguiente reflexión alrededor de estas, Alaejos sintió una necesidad personal de intentar mirar desde otros lugares. Y volvió al Ártico para buscar respuestas o, quizá, nuevas preguntas. El resultado es peculiar. Las dudas al respecto de qué filmar y cómo hacerlo llegan recubiertos de un humor sin comedia, sin carcajada, autocuestionador. Se interpela al espectador mediante planos largos y normalmente silenciosos que parecen diseñados para incomodar e impacientar. O para liberar nuestras mentes de maneras preestablecidas de mirar, y hacer un reset perceptivo.

La premisa de Objeto de estudio tiene puntos de conexión con la lógica colonial y con esas ideas preconcebidas (y, también, potencialmente neocoloniales) que incomodaban a su autor. El realizador sigue las huellas de Robert Peary y Matthew Henson, que intentaron ser los primeros hombres en llegar al Polo Norte de la Tierra. Peary manejaba ideas delirantes: aunar la clarividencia intelectual del hombre occidental y la fortaleza del hombre innuit para crear humanos capaces de superar el clima polar. Ambos procrearon con población autóctona. 

El Alaejos del documental, ficcionado o recubierto con capas de autohumor, se dedica a buscar a los descendientes de los aventureros mientras piensa cómo puede documentar todo ello: «El absurdo de que un cineasta español vaya al pueblo más al norte del planeta buscando los descendientes de unos exploradores norteamericanos de hace un siglo se junta con el absurdo del realizador que no sabe cómo filmar todo eso y termina acogiendo todas las imágenes», explica el autor de Yanni Levkov.

El resultado encaja perfectamente con el espíritu del festival L’Alternativa: hermanar las formas cinematográficas arriesgadas con una preocupación política detrás de esas exploraciones. Céline Pimentel, que pertenece al comité de programación del certamen, explica que esa es una parte intrínseca de su línea editorial: «Una búsqueda puramente formal no puede acabar en nuestras secciones oficiales, aunque pueda tener hueco puntual en una sección paralela o en una proyección especial». «Para nosotros la búsqueda formal tiene que ir de la mano del compromiso político, del compromiso ético, sin que el resultado sea propagandístico», aclara la programadora. 

Alaejos cultiva en Objeto de estudio la perplejidad y la desubicación del público a través de largos planos sin contextos ni explicaciones. Un ejemplo destacado es la representación de una celebración o una entrega de premios. El realizador muestra gente aplaudiendo, mucha gente aplaudiendo, durante largo rato. La audiencia se siente extrañada, como si se hubiese colado en una fiesta cuyo motivo y mecánica desconocen.

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El autor acaba hermanando la reflexión alrededor de las maneras habituales de representar la realidad y el gag visual: «Si ves a alguien aplaudiendo, esperas que después se vea a quien aplaude. La única manera que el espectador pudiese buscar otro tipo de información era que perdiese toda esperanza de ver a quién o porqué se aplaude para fijarse finalmente en quien aplaude». La idea de fondo era obligar al público a posicionarse y tomar partido sobre las imágenes: «No puede tragárselas pasivamente sino pensar hacia dónde va eso y si le interesa».

El visionado de Objeto de estudio desubica, pero su autor no quería hacer una película críptica. Para que la broma haga gracia, hay que poder entenderla. Por ese motivo, su autor proporciona pistas más explícitas o más implícitas con las que dibujar un mapa del viaje. Incorpora pequeños diálogos donde transmite sus dudas. Además, el locutor de la radio comunitaria local transmite consejos (ficticios) sobre cómo representar a la población autóctona.

«Quería que el público, provenga de dónde provenga, pudiese entender ese pesar mío»

. Al espectador le queda claro el componente central de la película como reflexión sobre las formas y las maneras de mirar, y esta información le llega vestida de un cierto humor: «Quería que el público, provenga de dónde provenga, pudiese entender ese pesar mío al respecto de la antropología visual y su búsqueda del superobjetivismo».

Pimentel explica que el enfoque de Alaejos les pareció seductor: «Hace un ejercicio de deconstrucción del cine etnográfico con mucho humor hacia sí mismo como director e investigador, y a la vez con mucho respeto y cuidado hacia la población innuit. Abarca muchísimo, pero no es nada pretencioso, sino muy divertido», explica. Alaejos incluso se permite una escena de viaje en trineo con aires de videoclip que despliega todo tipo de recursos (imágenes captados con drones, cámaras lentas…). La escena supone un contrapunto voluntariamente frívolo, y juguetón, de rotura de los corsés del documentalismo más sobrio.

Alaejos escenifica un cierto fracaso de su viaje. No puede retratar algo que no existe. La superraza que imaginaba Peary se ha convertido en un pueblo sedentario: «Mirando el paisaje, imaginas cazadores peleándose con el clima y con los osos, pero predomina una vida sedentaria con comida ultraprocesada y alcohol». El investigador incluso muestra obstáculos oscuramente cómicos, como que muchos descendientes de los exploradores hayan muerto en fechas recientes. Y los que sí encuentra no parecen interesados en sus antepasados. 

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Y esta sí es una especie de revelación con valor ‘periodístico’, que no deja de tener un punto paradójico. Objeto de estudio nos muestra a una población innuit con ropas, casas, hábitos que no desentonan con lo que podríamos ver en las zonas más frías de Estados Unidos o de Cánada. El filme os transmite que la mirada exotizante al Ártico no solo resulta problemática por su etnocentrismo con ecos coloniales, sino porque es, en buena medida, falsa. 

Se sabía: no somos tan diferentes, aunque los equipos de National Geographic se empeñen en filmar a los últimos cazadores del hielo («siempre hay alguien dispuesto a ponerse unas pieles y dejarse grabar», dice Alaejos). Pero estos ciudadanos, a pesar de vivir bajo los modos de vida occidentales que trajeron con ellos los antiguos aventureros coloniales, se sienten completamente desapegados de sus antepasados. Alaejos habló con varios descendientes de Peary y Henson, pero las entrevistas «caían en saco roto, cosa que me parece interesante y, a la vez, normal». 

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El director de ‘Objeto de estudio’. Raúl Alaejos.

Alaejos explica que la propia naturaleza del proyecto, y su financiación como una investigación, le llevo por un camino diferente del habitual. «No pensaba que tenía que estrenarla sí o sí, me la planteaba como una investigación», explica. Preparó unos primeros montajes mucho más austeros, menos condescendientes con el espectador. En cierto momento, Objeto de estudio duraba 100 minutos. Finalmente, ha acabado en esos ajustadísimos 60 minutos salpicados de ese no-humor que la convierten en una experiencia accesible, a pesar de las parsimonias contemplativas. A la vez, esta misma brevedad dificulta que la obra alcance una exhibición normalizada: la industria espera largometrajes de 80 minutos o más. 

En todo caso, su autor se muestra complacido de que el resultado se proyecte en festivales, y de que haya recogido distinciones como el Premio a la Mejor Película en MajorDocs. A la vez, le encantaría mostrarla en museos, en universidades y en el circuito académico de la antropología visual. «No todos los cineastas tenemos que competir bajo las mismas reglas, ni siquiera en el mismo circuito», resume. 

Ignasi Franch

Ignasi Franch

Periodista cultural y crítico cinematográfico desde 2003, cuando todavía se veían algunos disquetes por las redacciones. Colabora en medios como El Diario, El Salto, Crític, Caimán - Cuadernos de Cine, Directa y Rockdelux, entre otros.