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Un despido y un pseudónimo: el caso de la serie ‘Pura sangre’ reabre la herida de la autoría y el papel de los guionistas

Still de 'Pura sangre', la nueva serie de Telecinco. ©Mediaset España
El pasado 28 de enero se estrenó en Telecinco Pura sangre, una nueva serie para el prime time de la cadena de Mediaset en la que llamó la atención la presencia de un showrunner desconocido: Hernán Cofa. No tardó mucho en saberse que era un pseudónimo, un anagrama con las letras de su propio nombre del conocido guionista y productor Nacho Faerna, que al ser despedido por Shine Iberia antes de la finalización de la serie y no poder participar en el resultado final, optaba por no firmar su trabajo.
Un episodio más en la relación complicada entre guiones y producción en el audiovisual reciente español, sobre todo por lo extraordinario de la decisión de Faerna. El propio autor lo ha explicado en sus redes, sin entrar en demasiados detalles debido a que su despido se encuentra en los juzgados y no se resolverá hasta, al menos, 2027.
Como ya han aclarado desde diferentes foros, el sindicato ALMA Guionistas indica a Cine con Ñ que «es un derecho moral e irrenunciable de todo autor exigir el reconocimiento de su nombre, usar un seudónimo o que la obra sea anónima. El hecho de firmar con seudónimo no es muy común, pero puede darse el caso en diferentes situaciones».
Guionistas, irregularidades y cintas de vídeo
El caso de Pura sangre es más llamativo, y particularmente extraordinario, porque se trata del creador y teórico showrunner de la producción, que ha participado en ella durante dos años, prácticamente hasta el final del rodaje según explicó él mismo en su cuenta de BlueSky. Fuentes del sector consultadas apuntan a que, si ya es raro que alguien decida firmar con pseudónimo o no firmar, aunque se den casos «de vez en cuando», lo es aún más si se trata del propio creador del producto.
Como el mismo Faerna comentaba en su hilo en la red social: «Ojalá se comprenda que los guionistas son los creadores de unas obras de autoría colectiva, que si importamos conceptos como showrunner debemos darle contenido al palabro y respetar sus atribuciones». Faerna, en su momento, fue el director de Ficción de Shine Iberia, encargándose de proyectos estrella como Bosé (2022).
Una polémica que incide en la desprotección del colectivo de guionistas, paradójicamente uno de los más activos en sus reivindicaciones, ya sea vía sindicatos como ALMA u organizaciones como DAMA, y que no deja de reclamar mayores derechos en cuanto al reconocimiento de la autoría… y la precariedad económica y laboral del sector.
Precisamente ALMA y DAMA colaboraban hace menos de un año en el estudio La profesión de guionista en España, elaborado por el Instituto Universitario del Cine Español de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M). En el mismo se subraya la irregularidad e intermitencia que obliga a más de la mitad de los y las profesionales, hasta un 56%, a compatibilizar el guión con otro tipo de actividades, dentro y fuera del sector audiovisual.
De hecho, más de la mitad de los y las guionistas (54,1%) ha sufrido irregularidades en la aplicación del Convenio Colectivo en vigor hasta 2024, siendo los guionistas de programas (84,1%) y aquellos que trabajan exclusivamente por cuenta ajena (72,1%), los principales afectados. El estudio destaca también que el trabajo exclusivamente como autónomo es lo más habitual (44,6%), especialmente en el cine (60,4%).
Créditos anónimos o polémicos
En cuestiones más vinculadas a la autoría en sí, en los últimos años desde los espacios de los propios guionistas se han subrayado el reconocimiento de los coguionistas en los premios —desde que existen galardones como el Feroz al Mejor Guión de una Serie—, la presencia en la alfombra roja en determinados festivales o la denuncia sobre firmas de productores que no han contribuido al guión —aunque siempre sin dar nombres—, en la eterna disputa sobre qué se entiende exactamente como «creador» en el caso de las series.
El caso de la firma con pseudónimo o la petición de anonimato sería el inverso, al tratarse de un autor que, al no haber podido controlar el resultado final, decide desvincularse. En ese sentido, un precedente no exactamente similar, pero que apunta a esa falta de control sobre las creaciones, es el de los guionistas responsables de algunas de las series de los 2000 recuperadas en revival en los últimos años, como Los Protegidos o Física o Química.
En la primera entrega del estudio de la Carlos III, en 2021, otro dato relevante era que «el 70,2% de los guionistas encuestados ha tenido una experiencia directa de que algún profesional que no fuese guionista hubiese obtenido un crédito como creador o guionista de una ficción; mientras que el 48,3% ha tenido una experiencia directa de haber trabajado en un guion sin que dicha labor se viera reflejada en los créditos». En aquel momento se calculaba que apenas un 29% de los guionistas vivía exclusivamente de su actividad.
Como resume, una vez más, Faerna en su publicación en redes: «En una industria en la que se maltrata sistemáticamente a los autores, proteger nuestro nombre es la última medida que nos queda, amparada, como digo, por la ley».

Jose A. Cano



