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Críticas | D'A 2026

‘Muito barulho’: una tragicomèdia (¿documental?) de la intimidad

La primera película en la direccion de Carla Coll, una breve exploración de un viaje a Lisboa con una amiga, es una especie de documental comédico, fresco y abierto a la tristeza
Crítica de 'Muito barulho', película de Carla Coll

La premisa de Muito barulho, breve filme de apenas una hora de duración, es tan sencilla como curiosa. La realizadora Carla Coll acompaña a una amiga y colaboradora artística en su trayecto hacia Portugal. El objetivo de la amiga, la actriz Camille Latron, es romper con su pareja, con la que mantiene una relación a distancia. Y Coll documenta, mediante una pequeña cámara, ese agridulce proceso donde los vínculos de un amor romántico en transformación conviven con esa amistad que se fortalece por el camino.

A partir de estos sentimientos y situaciones, Coll y Latron encuentran una película. Una película con incomodidades, humor, lágrimas y visitas a museos. Como obra de producción inexistente, requiere que el público se abra a un cine sin dinero, de imágenes crudas. Y que se deje llevar por una historia pequeña filmada como vida real y montada como una especie de documental comédico abierto a la tristeza.

Muito barulho, estrenada en la sección Un Impulso Colectivo del D’A, nos habla de la posibilidad de hacer cine desde lo auténticamente íntimo, con pocos instrumentos y con la letra pequeña, como quien escribe un diario íntimo. Y de llevarlo a cabo con una relación abierta con la idea de privacidad. ¿Qué es demasiado íntimo? Coll ha decidido que unos cuantos momentos intensos, de esa tristeza genuina salpicada de alguna broma, podían aparecer en su película. Y que esa ruptura sentimental que sirve de macguffin tenga lugar fuera de cuadro, sin su presencia y sin la cámara.

¿Cómo nos explicamos cuando nos explicamos?

'Muito barulho': una tragicomèdia (¿documental?) de la intimidad 1

Año tras año, llegan a los festivales cinematográficos decenas de películas de alrededor del mundo marcadas por una cierta pretensión generacional. Las firman jóvenes cineastas que retratan el mundo, su mundo. Y lo hacen, obviamente, utilizando la lengua común del lenguaje cinematográfico que emplean sus antecesores. A menudo, no solo utilizan la misma lengua, sino también el mismo dialecto y registros muy parecidos, apenas levemente matizados.

Desde la modestia, desde lo privado, Muito barulho rompe con unas cuantas inercias de esa especie de sentido común audiovisual que estrecha vías de expresión, que homogeniza formas y, con ello, empuja a la homogenización de imaginarios. Lo curioso es que puede verse en ella algo de retorno al pasado, como cuando las nuevas generaciones de melómanos se acercan al vinilo. De alguna manera, la película conecta con la tradición de los vídeos domésticos previos a la explosión de las cámaras ultraportátiles y de la incrustación de estas en los teléfonos móviles. Las estampas de paisajes urbanos de las localidades portuguesas, el jugar con las posibilidades del zoom filmando desde una ventana, nos recuerdan que lo fresco no tiene porqué ser exactamente nuevo

De paso, Coll aporta una experiencia de lo turístico refrescantemente alejada de los códigos de lo publicitario. Un anuncio de cruceros, una escena de transición de una entrega multimillonaria de la saga Fast & furious (o de comedias españolas como De perdidos a Río) y un reel de Instagram de un usuario cualquiera emplean estéticas asombrosamente parecidas. Son maneras de mirar el mundo que, a la vez, también son maneras de habitarlo. La autora de Muito barulho, en cambio, se abstrae de estas normas no escritas. Y, en realidad, da igual si lo hace por convicción o por falta de recursos económicos. 

Muito barulho puede ser un match, imprevisto o no

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Sea como sea, Muito barulho es una de estas pequeñas películas que dan sentido a los festivales cinematográficos como espacio de descubrimiento y no solo como lugar más o menos prescriptivo de selección y exhibición de lo exquisito. Un espacio parecido al que ocupó un par de años atrás la simpática Dos dies i l’eternitat (2024), por poner un ejemplo. 

Seguramente el debut de Coll está falto de andamiaje narrativo como para que un público no especializado la busque. Puede parecer improbable que asome por algunos cines comerciales como otra comedia sin dinero, pero con más relato (y más equipo técnico y artístico): La amiga de mi amiga (2022), esa chispeante fiesta con fondo tristón que dirigió Zaida Carmona. Seguramente, las imágenes lo-fi de Muito barulho pudieron resultar disuasorias para más de un espectador que husmeaba entre la programación festivalera a la búsqueda de algo que le pudiese satisfacer de manera garantizada

Quien firma estas líneas, en cambio, no tiene claro qué pasaría si ese público que podría ser esquivo, que podría reaccionar ante la propuesta de Coll desde una cierta sospecha, se la encontrase en sus pantallas sin buscarla. Si las imágenes de Muito barulho le fuesen ofrecidas a ese público, le llegasen sin haberlas escogido, como sucede con tantas imágenes mainstream que devienen habituales, convencionales, porque nos bombardean con ellas hasta hacérnoslas familiares. Quizá, como en las aplicaciones de ligues, tendría lugar un match. Sea este imprevisto o no.

Ignasi Franch

Ignasi Franch

Periodista cultural y crítico cinematográfico desde 2003, cuando todavía se veían algunos disquetes por las redacciones. Colabora en medios como El Diario, El Salto, Crític, Caimán - Cuadernos de Cine, Directa y Rockdelux, entre otros.