REPORTAJES | FESTIVAL DE MÁLAGA 2025
Lorcamanía: la leyenda de San Federico Mártir se encarna en ‘Lorca en La Habana’

Un 'trovero' cubano charla con un Federico convertido en marioneta en 'Lorca en La Habana'. ©Plano Katharsis Producciones
«No se puede ser universal sin ser de alguna parte. Y Federico García Lorca es universal, pero siendo andaluz hasta las trancas. Y ese componente se reveló con luminosidad cuando en 1930 él viaja a Cuba, donde lo llamaban ‘el andaluz’ mientras estaba allí», explica Antonio Manuel Rodríguez, que ha dirigido el documental Lorca en La Habana junto a José Antonio Torres.
«Sin embargo, eso no se ve a la inversa, aquí no somos conscientes de cómo lo vieron allí. Por eso hemos querido hacer una película sobre la visión cubana sobre Lorca, de como Cuba lo tiene siempre presente y si vas por Matanzas y ves teatros de títeres en los que representan a Federico», añade.
La película se estrena este viernes, 21 de marzo, en el Festival de Málaga, dentro de los pases especiales de la sección de documentales. Parece que Lorca nunca se agota en cine, en sus diferentes formas.
En 2021 el mismo certamen malagueño estrenó Juana la Lorca (2021), de Valeriano López Domínguez, una mezcla de provocación, surrealismo y reivindicación del poeta más irreverente. En 2022 José Sánchez Montes reclutó al diseñador e ilustrador Álvaro García, Seisdedos, para Cante Jondo, Granada 1922 (2022), documental que recrea mediante animaciones la génesis del Concurso del Cante Jondo organizado en la Alhambra por García Lorca y Manuel de Falla. Algo tiene el Lorca cuando lo bendicen, que su vanguardia se contagia a la forma cinematográfica de las películas que intentan contenerlo.
Su última adaptación canónica, aunque no lo sea para nada, es La novia (2015), de Paula Ortiz, que ya cumple diez años. Antes estuvieron las más formales La casa de Bernarda Alba (1987), de Mario Camus, o Yerma (1998), de Pilar Távora, además de la Bodas de Sangre (1981) musical de Carlos Saura.
El audiovisual sigue luchando por volver a atraparlo como personaje, con sus cameos en El Ministerio del Tiempo (2015-2020) aún recientes, o el recuerdo de la Lorca, muerte de un poeta (1987), de Juan Antonio Bardem, y Muerte en Granada (1996), de Marcos Zurriaga. Pendientes están proyectos como Poeta en Nueva York, del director y guionista Jorge Naranjo, o la serie que el propio Saura dejó a medias y terminará su hijo, Carlos Saura Medrano, Las voces perdidas.
Lorca en La Habana y en todas partes

Lorca en La Habana parte del impacto y el legado de García Lorca en su estancia en Cuba, en ocasiones opacado por el paso por Nueva York. Los directores explican como todo empieza cuando, tras su anterior trabajo juntos, la serie documental Arqueología de lo jondo (2022), basada en el ensayo del propio Rodríguez, prologaron el ensayo García Lorca y Cuba: Todas las aguas, del historiador cubano Urbano Martínez Carmenate. «En 2023 presentamos esa edición en La Habana y esa fue la excusa para poder viajar por primera vez una parte del equipo ya con la intención decidida, después de haber leído la obra, de que teníamos que rodar este documental», comentan.
La historia se construye así a través de las investigaciones de expertos cubanos, como el mencionado Martínez Carmenate o Ciro Bianchi, que no conocieron al poeta por cuestión de edad pero si entrevistaron en su día a muchos de sus contemporáneos. También se recrean con actores las historias del musicólogo Adolfo Salazar, uno de los pocos españoles presentes en el relato, que acompaña a Lorca en todo el viaje, o de amigos de allí, como los poetas cubanos Nicolás Guillén y Flor Loynaz o la etnóloga Lidia Cabrera.

También de la representación de una obra, escrita por el propio Antonio Manuel Rodríguez, a partir de las cartas reales del mismo Federico. «Es una licencia, una parte de documental ficcionado, en la que tomamos las palabras de Lorca y les da cuerpo un actor, partiendo de la base de esa recreación teatral, es decir, el mismo actor aparece con una máscara de Lorca cuando empieza su aparición», explican. Una aparición que, de hecho, advierte al público en algún momento, saliéndose del personaje, que él no es Federico, aunque debamos pensar que sí lo es.
Una idea fundamental para Rodríguez y Torres es como en parte Cuba mantiene la memoria de Lorca cuando España no quiere o no puede: «Federico no existió durante la dictadura. Tras su muerte no hay calles en España que se llamen Federico García Lorca, no se estudia en los colegios. Pero allí sí. Durante todo este periodo Federico estuvo presente no solamente en Cuba, sino en todo el mundo… y allí en Cuba especialmente. Mientras aquí estaba prohibido representar sus obras, en La Habana se montaban en el Teatro Nacional, el más importante de todo el país».
Federico García Lorca no existe

La paradoja de Lorca en La Habana reside en el doble retrato del poeta, él mismo que persigue cada recreación de su obra o de su persona que recojan este texto, los otros títulos que hemos mencionado o la obra del mismo Antonio Manuel: la leyenda de Lorca, que se reinventa en cada época y cada país. Por un lado la película trata de aprehender al Federico persona, que se sintió libre en sus juergas y devaneos en Cuba y fue él mismo más que nunca, descubriendo su voz poética. Por otro, en realidad recoge las leyendas de Lorca, al que llamaron el Príncipe de los Poetas y el Rey de Andalucía, el hombre que «veía la vida color de ron».+
«¿Se ha exagerado la importancia del viaje de Lorca a Cuba? Lo cierto es que nosotros viendo fechas y anécdotas ya notábamos que era imposible, que todo no cuadraba, que no podía estar en dos sitios a la vez», explica Torres. «Pero al mismo tiempo, él también crea esa leyenda, porque en La Habana lo tratan con un respeto como poeta que por ejemplo en España no había tenido todavía», añade Rodríguez. «Hoy en día es difícil separar las dos cosas, el Lorca legendario y el Federico real, el ser humano, pero creo que de alguna forma lo engrandece
Lorca en La Habana o en Nueva York se convierte así en un arquetipo universal del poeta libre y liberador. Igual que hay una placa en San Francisco que lo identifican como activista político cuando nunca militó en ningún partido o El Ministerio del Tiempo, en su fantástica representación, le puso un acento sevillano que es imposible que tuviese, pero tampoco podemos saberlo cuando no hay grabaciones de su voz. Así, esta Lorca en La Habana que prolonga la leyenda del Poeta Mártir, y que parte de un Federico real, nos habla, tanto en el fondo como en la forma, de que no hay más Lorca que aquel que cada tiempo necesita.

Jose A. Cano