Críticas
La que se avecina, episodio 200: La broma infinita

Stills del capítulo 200 de 'La que se avecina'. Montaje: ©Cine con Ñ
La que se avecina, episodio 200, empieza con Antonio Recio —mayorista, no limpia pescado—, aspirando a recuperar la presidencia de la comunidad de Contubernio 49 por enésima vez. Mientras Berta tiene una nueva aventura, Amador se las ve y se las desea para financiarle un documental a su novia terraplanista y en el bloque hasta tienen ahora una tradwife, Antonio de repente nota algo raro. Los acontecimientos se repiten. Está atrapado en un mismo día, en un bucle infinito.
Llegar a 200 episodios no es ninguna tontería para una serie de ritmo semanal (o lo que sean ahora las que se estrenan en bloque, ustedes me entienden, las «no diarias»). Hospital Central (2000-2012) clavó los 300, Cuéntame cómo pasó (2001-2023) llegó a los 419. Por ponerlo en contexto: Farmacia de Guardia (1991-1995) llegó a 170, más un telefilm. Y Médico de Familia (1995-1999) se quedó en 120.
La que se avecina probablemente se funda a las dos anteriores si le dan medio metro para rematar en el área, porque realmente ahora mismo es Aquí no hay quien viva (2003-2006) redux y lleva, reales, un poquito más de 300 (91 de la original, 210 de la actual al acabar esta temporada 16). A base de repetirse. Sin ninguna vergüenza. Y encima haciendo bromas sobre ello. En bucle.
Porque en su episodio 200, La que se avecina se permite una especie de broma interna con muchas capas, que parece un guiño de cinéfilo de salón —a Atrapado en el tiempo (1993), de Harold Ramis, tantas veces emitida en las tardes de sábado televisivas que todos nos la sabemos— y es una autoparodia nivel Dios. Porque el episodio 200 es un día que se repite, una y otra vez. Pero no lo es. Y es queriendo. Porque es donde estamos a gusto. Con un Pescadero que sea un imbécil insoportable. Y así debe ser.
La que se avecina son 200 episodios más

En fin, que por esta santa casa hemos firmado varias críticas de temporadas anteriores de La que se avecina titulándolas exactamente igual, porque en la serie lo tienen tan claro que lo llevan hasta el extremo. El día infinito es, en realidad, una representación, porque el resto de personajes se han conjurado para intentar ‘redimir’ a Recio y que deje de ser tan insoportable, como le ocurría a Phil Connors en la película. Pero no funciona, porque Recio se queda con la parte de volverse aún más rijoso y faltón. Si cabe.
Eso ya, como idea, es descacharrante, pero es que además es un chiste con cuatro capas —la parodia de la película, la parodia de sí mismos, la representación de la repetición, la inevitabilidad de que el personaje siga siendo un capullo integral para que dé juego—, algo que pocas series de comedia española se pueden permitir sin que a alguien le estalle la cabeza. Es un juego complicadísimo que, al verlo, parece un episodio más de la serie, quizás ligeramente más loco.
Y esa es otra capa, la quinta: que ni es más largo, ni tiene más presupuesto, ni nada. Hasta tiene alguna subtrama que continúa en paralelo por si la principal se queda sin chicha y que hace que se les fastidie la repetición nada más empezar, pero como Recio es un egocéntrico medio lelo no se da cuenta. En un episodio donde además se ríen de las tradwifes y su imposibilidad de mantener ese postureo en bucle sin reventar de una forma u otra. Es precioso. Es prácticamente maradoniano.
Atrapado en el contubernio

De manera que el episodio 200 de La que se avecina lo que viene a decir es que quieres que todo siga igual. Como en las parodias de turno que han hecho en Los Simpsons o Futurama, por ejemplo, sobre que la regla sagrada de la televisión es que al final de cada episodio todo vuelva a «la normalidad». Aquí «la normalidad» es el salto de tiburón constante, el astracán ibérico a la enésima potencia, los personajes que podrían seguir actuando durante cinco minutos después de que les cortasen la cabeza (Ignatius dixit)… Pero «normalidad», al fin y al cabo.
Larga vida a La que se avecina. Porque además la va a tener, se la deseemos o no. Es la serie de confort de España y lo tiene tan claro que su episodio especial es uno que ni es especial ni es episodio, es uno más en el que te vienen a decir que su trabajo es ser repetitivos, como Bart, y que te lo vas a comer mientras siga teniendo gracia. Y aunque el costumbrismo se ha ido por el retrete y la crítica social se ha quedado un poco en reírse de los desclasados y ya desde cierta superioridad, es verdad que la sigue teniendo.
Así que por 200, o 301, episodios más.
PD: Tampoco está de más que la serie, de vez en cuando, se moleste en parar y recordarte que Recio o Amador no son personajes «positivos» a los que nadie en su sano juicio se quiera parecer. En la era de la literalidad, han tenido que subrayar que la terraplanista es lerda y la tradwife lo que quiere es ser rica, por si acaso.


Jose A. Cano