Películas españolas
La Maternal: Volver a lo de siempre, aceptar que no será igual

La Maternal se acerca a la vida de Carla (Carla Quílez), una chica problemática de 14 años que vive con su madre (Ángela Cervantes) en el pueblo. De un día para otro, Carla descubre que está embarazada y se muda a un centro de chicas menores que esperan o acaban de tener un bebé. Aplaudida en el Festival de San Sebastián, es la esperada segunda película de la directora Pilar Palomero después de Las niñas (2020), su ópera prima y gran ganadora de los Goya de la pandemia.
En esa primera película, Palomero se iba hasta el simbólico ’92 para contar el camino de una joven en busca de su propia voz. Las niñas adoptaba el estilo atento, apocado y secretamente rebelde de su protagonista. Ahora también lo hace con otra chica en el presente: La maternal es un torbellino de emociones y rabia, propio de una joven que ve cómo se evaporan sus expectativas de vida en un segundo cuando aún no es capaz de entenderlas.
Histriónicamente medida, La Maternal es un drama sobre la maternidad precoz empapado de arrebatos y angustias. Consciente de ello, Palomero supera el ejercicio de naturalismo medido y ambiental de Las niñas y desviste la puesta en escena para que la película se deje llevar por el agobio de sus personajes, que ya tienen suficiente con lo suyo. Palomero llega así a un retrato adolescente vivo y generoso, quizá con un toque excesivo de crueldad, pero que se quita suficientes artificios de encima sin olvidarse de pegar duro cuando tiene que hacerlo. Si no está entre lo más granado del 2022 por algunas decisiones, se queda cerca.
La Maternal, futuro ahogado

La Maternal es una película que se nota más suelta que otras en ese juego con los límites de la ficción y la no ficción; con los actores primerizos y los experimentados. Es un constructo que, pese a algún momento más torpón, Palomero trata con mucha inteligencia, cárgándolo y descargándolo de situaciones dramáticas, que pasan de ser muy evidentes, a calladas o directamente resueltas en elipsis. Ese control también está en ese equilibrio entre madres errantes: una que no sabe serlo (Quílez) y otra que no ha sabido (Ángela Cervantes) intentando enmendarlo.
Otro de los aciertos clave del filme es cómo trata el futuro y las expectativas del mismo. Aunque todo anuncia a la incertidumbre que tiene que venir tras el nacimiento de un niño que no debería de estar ahí, la película no tiene expectativas y se enuncia en presente. Lo que algunos están viendo como un tramo central repetitivo es una herramienta de acumulación -arriesgada, sí, pero coherente- que ahoga el avance en el llanto continuo de un bebé al que no sabes cómo callar. Y ahí es donde se te mete dentro.
De crueldad y pasos adelantes

Es verdad también que hay algo de crueldad en esta insistencia de la película, un atosigamiento que prácticamente fuerza una reacción sentimental a lo que está ocurriendo. Aunque se pueda considerar que en estas secuencias hay un cierto grado de manipulación que no se acompasa con la propuesta seca y desnuda de Palomero, también es cierto que nunca deja de ser coherente con la situación que vive su protagonista, interpretada por una Carla Quílez que amplifica el agobio hasta lo humanamente posible.
La Maternal resuelve la rabia de su protagonista de la misma forma en la que se canta hoy un clásico de Estopa: volviendo a lo de siempre, a casa, aceptando que ya no podrá ser igual que antes. La barrera psicológica -e industrial- del one hit wonder parece superada para algunas cineastas españolas, que están aprovechando las oportunidades de desarrollar una carrera sin tantos obstáculos. Aquí tenemos otro ejemplo más para seguir pedaleando con optimismo.
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Arturo Tena