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La hija: Maternidades estériles

El director de ‘El autor’ vuelve con un thriller atmosférico, pero demasiado conservador

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La hija presenta la historia de una adolescente embarazada (Irene Virgüez) a la que una pareja (Javier Gutiérrez y Patricia López Arnáiz) convence en secreto para que les entregue a su bebé. Sobre esta trama gira la nueva película de Manuel Martín Cuenca (Caníbal, La flaqueza del bolchevique), que regresa al cine después del buen resultado de El autor (2017). Un thriller de ambientes, de tensión en escalada, que se presentó fuera de concurso en el pasado Festival de San Sebastián.

Como es habitual en su filmografía, Martín Cuenca se acerca a personajes en semiaslamiento, carcomidos por un trauma que les lleva a tomar decisiones extremas, incluso las que significan pasar por encima de los demás. En esta película se acerca a una pareja que no puede tener hijos y que urde un plan para quedarse con el bebé de una adolescente necesitada en medio de Sierra del Segura (Jaén), un lugar perfecto para mantenerse lejos de las investigaciones por la desaparición de la chica.

De madre a madre

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La maternidad, uno de los temas del cine español de 2021 (Ama, Madres paralelas), es el centro también de la película de Martín Cuenca. En este caso, se establece una pugna de legitimidades ante esa nueva vida mientras se estrecha el cerco exterior sobre el plan de Javier y Adela (Gutiérrez y López Arnaiz). Un thriller entre lo psicológico y lo policíal que busca crear un ambiente irrespirable ahondando en el rural jienense. Y, al final, es la película la que se queda sin aire.

Las ideas-ancla de La hija giran, más concretamente, en torno a la maternidad negada, tanto la que biológicamente no se puede producir como la que se arrebata de las manos por superioridad moral y/o de clase. Y aquí está el enfrentamiento entre las dos mujeres, alimentado por un hombre de dos caras como Javier (Gutiérrez). Este tema aparece con fuerza, pero es un camino que luego se queda sin andar del todo tanto en el personaje de la joven (una Virgüez a la que quizá le venga demasiado grande el papel) como en el de la mayor (una López Arnaiz desaprovechada).

En ese sentido, las ambigüedades del personaje de Javier están mejor trazadas, siendo su exploración psicológica mucho menos interesante. Puede deberse a que Martín Cuenca y Alejandro Hernández no hayan sido capaces de escribir personajes femeninos en tres dimensiones frente a esta disyuntiva de ser madres, a la dirección de las actrices o simplemente porque no funcionan los elementos que despliega el director. O las tres cosas. El asunto es que es una posibilidad de desarrollo que se termina escapando de las manos.

La hija y el thriller que me dejas

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Martín Cuenca carbura sobre un planteamiento acotado en el que caben pocas cosas. Se crea un tour de force a tres al que le añade dos personajes que funcionan como desestabilizadores del hilo argumental principal. Nada más. Es una búsqueda de lo esencial y lo desasogante que, poco a poco, agota esos temas de fondo de la película, que pasan a seguir el carril único del thriller de detonación lenta. Una dinámica que debía ofrecer algo más para que su desarrollo previsible no acaparara el discurso. Sin embargo, el matiz se va perdiendo según se acerca al final.

El director lo quiere controlar todo a través de la puesta en escena y el dominio sobre los espacios, oprimiendo a sus personajes en un entorno permanentemente hostil. Pero ese control, en vez de hacer crecer las dinámicas internas de la película, mantiene estáticos sus enfrentamientos primitivos de fondo. La hija no se transforma según avanzan los personajes, se queda en un piñón fijo al que solo le va añadiendo intensidad y precipicio, fiándolo todo al impacto.

El talento de Martín Cuenca y su capacidad atmosférica a través de la austeridad formal están ahí, pero a su alrededor las luces se van apagando. La hija acaba resultando una película demasiado conservadora, una que tiene que tomar algún riesgo para que el punto de partida no se coma el estudio psicológico de sus personajes, y no lo hace. Una película que vista como un thriller en ascenso funciona, pero que decide no ser mucho más que eso, aunque lo quiera parecer.

Imágenes: La hija – Marino Scandurra (Caramel Films)

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