CríticasPelículas españolasPelículas españolas 2021Películas españolas en cines

Madres paralelas: Un Almodóvar para la memoria

Sin ser tan redonda como ‘Dolor y gloria’, una película con la que volver a disfrutar del cine del manchego

madres-paralelas-critica-cine-con-n

Pedro Almodóvar vuelve a los cines con su tercera película estrenada en tres años: Madres paralelas. Una historia de dos mujeres que coinciden en el parto a la que el director llevaba años dándole vueltas, pero que escribió en su gran mayoría durante el confinamiento de la primavera de 2020. Sigue así un ciclo de hiperactividad creativa que está siendo entre bueno y buenísimo, y que ahora mantiene, sin muchos fuegos artificiales, con esta obra a dos tiempos entre el melodrama y la reflexión histórica y política.

Madres paralelas es, por lo general, más lo primero: una historia de dos madres inesperadas, una en juventud y la otra en madurez, que se cruzan para siempre en un hospital. Esta coincidencia da pie a una serie de hechos y situaciones dramáticas. Y sobre esto se añade un prólogo, un gran epílogo y algunas pinceladas en torno a la memoria familiar de Janis (Penélope Cruz), la principal protagonista de la película. Una estructura bastante sencilla pero algo arriesgada y bastante novedosa en Almodóvar, que acaba encajando.

Más allá de las pegas razonables que se le pueden poner a Madres paralelas, ver esta película es un goce absoluto si te suele gustar el cine de Almodóvar. Por el perfeccionamiento de sus imágenes y por las constantes, vivas y definidas, de algunos de sus temas y formas. Por, básicamente, hacer contagiosa su plenitud artística. Quizá resulte algo más distante a los menos interesados que habían reconectado con la más redonda Dolor y gloria, pero es difícil no reconocer que las capacidades del manchego siguen en plena forma.

Temas paralelos (y algún ligero spoiler)

Madres paralelas: Un Almodóvar para la memoria 1

Empezar este texto situando a Madres paralelas en esta etapa particularmente inquieta y activa de Almodóvar venía por algo. Madres paralelas es una película que llevaba mucho tiempo ahí, pero es también una película urgente. Almodóvar quería decir algo, y lo quería decir ahora. Por primera vez en su carrera, quería hablar directamente de un tema desde una perspectiva política y social: la memoria histórica y los muertos olvidados de la Guerra Civil. Un asunto que él mismo ha sentido como pendiente tras haberse negado, como ha dicho, a tratar de frente el franquismo o sus huellas.

Esta urgencia no se resuelve mal, pero sí de una forma un poco descompensada. Almodóvar mete, como ya se ha dicho, una historia suya de siempre pero aderazada con esta de la memoria histórica, que sucede por fuera de la trama principal -y del plano- durante muchos minutos. Tiene pocos momentos para tratarlo. Quizá sea esa la razón por la que le sale bastante peor la prosa que el verso: poner en palabras de los personajes algunos temas resumidos y explícitos, en un excesivo apego al guión, no funciona en algunos momentos. Aquí Almodóvar paga la inexperiencia no haber abordado nunca así su escritura.

Por el otro carril está el drama principal. El de dos personas que, en una fatalidad típica del director, tienen que acabar encontrándose y chocando en sus deseos, miedos y aspiraciones. Este tramo de Madres paralelas se concentra en la maternidad frágil que se trata, una vez más, a través de la pérdida (Todo sobre mi madre, Julieta). Pero no sólo como trauma: ser madre en esta película es ser vulnerable, pero también un horizonte cambiante que no puede definir totalmente la vida ni el destino de sus dos protagonistas.

Para expresar el melodrama marca de la casa, nada mejor que todo el artefacto almodovariano funcionando como un reloj: la composición de los personajes principales y secundarios (Penélope Cruz, un tornado), los detalles con los que interactúan, el juego con los espacios y la profunda puesta en escena, la equilibradísima y ya patentada coloración, los diafragmas cerrados e inmersivos de la fotografía de José Luis Alcaine, la incisiva música de Alberto Iglesias o la elegancia del montaje de Teresa Font. Para quedarse a vivir en cada uno de esos elementos.

Memorias perpendiculares

estreno de Madres Paralelas

Al final, aunque no se fundan del todo sus dos temas en paralelo, se abre paso en perpendicular una reflexión que une el drama en torno a la maternidad de estas dos mujeres solas con la de los muertos aún en las cunetas. Almodóvar traza,en un emocionante tramo final, una línea familiar que conecta a todas las generaciones, las de ayer y las de mañana, con un futuro que solo será consciente y esperanzador si son capaces de cerrar con su pasado.

Es entonces cuando, más que con las otras películas de Almodóvar sobre maternidad, Madres paralelas acaba más emparentada con su cercana Dolor y gloria. Es casi como una forma de cerrar la historia de Salvador Mallo. En aquella película, Almodóvar planteaba una memoria individual, la suya, con la que debía reconciliarse para encontrar su inspiración y su propia verdad. Ahora se cierra el círculo con el acercamiento a una memoria colectiva, que necesita otra vez escarbar en las fosas del pasado para seguir adelante.




Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

Menú