La película de Lone Scherfig
‘La contadora de películas’: el relato oral contra el horror de la historia

El Evolution Mallorca Film Festival pone el broche a su encuentro anual con La contadora de películas, película dirigida por la danesa Lone Scherfig (An education, One day) que adapta el éxito literario del escritor chileno Hernán Rivera Letelier. El público de Palma podrá ver esta coproducción internacional liderada por la española A Contracorriente Films, que ha llevado hasta Chile a dos viejos conocidos del cine español: los actores Antonio de la Torre y Daniel Brühl.
Después pasar por Seminci, la clausura de esta nueva edición certamen mallorquín será el pase previo al gran estreno en cines el 27 de octubre de este ambicioso proyecto que cuenta la vida de una familia de un campamento minero en medio del desierto de Atacama en los años 60. Su vida de dificultades económicas se aliviará cuando descubren el talento de la hija pequeña, María Margarita, para contar películas que no pueden ver en la gran pantalla.
El cuento original y la fuerza del cine en siglo XX
En voice-over, la propia María Margarita, interpretada por Alondra Valenzuela y Sara Becker, cuenta al espectador La contadora de películas. Es un doble juego que desvela desde el principio el plan de Lone Scherfig: convertir la película en sí misma en un cuento. En su dimensión más básica, esta intención conecta a la película con el valor sugestivo de la narración, rescatada aquí en su esencia originaria. Es el relato oral como forma de estimular la imaginación, como forma artística milenaria que nos retrotrae hasta el juglar épico.
Por el otro lado está el cine, el arte «nuevo» que renueva esa misma capacidad de contar historias en el siglo XX. Ahora, a través de las imágenes en movimiento y el sonido. La contadora de películas reivindica la relación con el séptimo arte del cine de los orígenes: la popular y compartida, la misma que creó la leyenda del público asustándose en la llegada de Llegada del tren a la estación de La Ciotat (1896) de los Lumiére. Ahí está el poder de la ficción cinematográfica a la hora de conectar con las emociones del espectador.
La capacidad de María Margarita para contar lleva a un público humilde y popular, al que le está vetado el acceso a la cultura por su falta de recursos, películas como Senderos de Gloria (1957), Con faldas y a lo loco (1959), El Apartamento (1960), Desayuno con diamantes (1961), El Hombre que Mató a Liberty Valance (1962), Los paraguas de Cherburgo (1964)… un desfile de algunas de las películas norteamericanas más populares de la época en la que está ambientado el filme.
La historia de Chile rompe el hechizo
En la época de La contadora de películas habían pasado 60 años desde que nació el cine, la edad de oro de Hollywood se acababa, y la ilusión del público que llena todos los días las salas está también en su ocaso. La ilusión del cine se rompe a medida que la mirada de la infancia de María Margalida también se esfuma, y su paso a la edad adulta va mitigando ese relato compartido que encandilaba a los ojos y llenaba bolsillos. De pronto, irrumpe la historia.
Es la historia de Chile, claro, la que aparece en ese desierto aparentemente suspendido en el tiempo. La contadora de películas cuenta de fondo otra historia, la dolorosamente real: la de los mineros del salitre en Atacama, obreros que trabajaban en condiciones inhumanas bajo el capital extractivo extranjero, algo que se sintetiza durante la película en los personajes masculinos principales.
Casi como una especie de mini-Novecento (Bernardo Bertolucci, 1976), la película filtra desde los vaivenes familiares algunos de los conflictos de clase y políticos de la convulsa Chile de finales de los 60 y principios de los 70, que desembocó en el trágico final del Gobierno de Salvador Allende y la llegada del gobierno militar de Augusto Pinochet. Es la dictadura la que acaba con todo en La contadora de películas que, aún así, se resiste a abandonar la mirada infantil desde una sala de cine ya vacía.


Arturo Tena

