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Críticas | D'A Film Festival 2025

‘La casa y el ternero’: el documental pequeño que contará cómo vivíamos cuando nos echaban del barrio

La realizadora Rocío Montaño propone un cine doméstico que alterna las imágenes de malestar político con las estampas de vida íntima sin ofrecer (¿o sin forzar?) ganchos narrativos
'La casa y el ternero', película de Rocío Montaño

Alguien dijo que toda película es un retrato del momento histórico en que fue realizada. Incluso aunque no lo pretenda, el cine es testimonio de su tiempo. Y lo es, más todavía, cuando se propone serlo. Parece el caso de La casa y el ternero, el nuevo documental de la cineasta madrileña Rocío Montaño (Ansiedad y la cámara). La autora es cineasta y maestra, según reza la ficha de la autora en el D’A Film Fest. Ya se sabe: según qué audiovisuales no dan mucho dinero a quienes lo trabajan.

La nueva película de Montaño es un ejemplo de cine doméstico que esta vez está recorrido por un tema de actualidad permanente (¿recuerdan El pisito?): el acceso a la vivienda. Las estampas más o menos íntimas de convivencias y fiestas se alternan con imágenes de movilizaciones. Montaño renuncia a volcar un sentido del juego narrativo explícito, a incluir anticipaciones o evoluciones susceptibles de generar curiosidad en la audiencia, pero el cuaderno de imágenes de protesta y de calma, de ciudad (a veces hostil, pero no siempre) y de naturaleza fluye con ligereza. La duración ajustada del filme (apenas 52 minutos) facilita que su visionado resulte agradable y sensorialmente estimulante.

También vivimos entre protesta y protesta

‘La casa y el ternero’: el documental pequeño que contará cómo vivíamos cuando nos echaban del barrio 1

La casa y el ternero es una obra mostrativa. No hay rótulos explicativos ni voces en off que acompañen a la audiencia. Se muestran momentos de manifestaciones, de desahucios, de jornadas sobre el derecho a la vivienda en un centro social ocupado, también de protestas contra la colonización de Palestina. La autora hace su propia elaboración del viejo lema que afirma que lo personal es político. No se abstrae en un malestar, ni tampoco en varios malestares que interseccionan, sino que abraza también las pequeñas alegrías y los momentos de pausa. 

Montaño nos muestra sonrisas, risas y gestos de ternura en celebraciones que no sabemos muy bien de qué tratan, pero quizá da igual. Filma pétalos de flores o un ternero bebiendo la leche de su madre. Llevado al título del filme, el ternero y su amamantamiento parece simbolizar la vida que intenta abrirse paso entre ese ánimo de lucro desatado que niega la posibilidad de hacer nido y causa sufrimiento. En este mediometraje hay, citando el título de un documental de Laura Poitras, belleza y dolor. Y también el conflicto evidente entre los intereses del capital y del mantenimiento y la reproducción de la vida.

La casa y el ternero: el mundo de hoy que quizá será el mundo de ayer

‘La casa y el ternero’: el documental pequeño que contará cómo vivíamos cuando nos echaban del barrio 2

La visita y un jardín secreto (2022) o Filmei paxaros voando (2024) han sido ejemplos recientes de un cine doméstico español cuyas realizadoras abrían en canal su privacidad. A diferencia de estos filmes, el mediometraje de Montaño acaba siendo más bien púdico. Pueden haber imágenes personalísimas, pero no son demasiado reveladoras de intimidades, al presentarse sin contextos e historias que las expliquen.

De tan contenido, este trabajo de cine-ojo tiene un punto inespecífico que puede resultar sugerente. Algunas de sus imágenes pueden servir para construir relatos nostálgicos, y a veces un tanto impotentes, de lo que estamos perdiendo con las gentrificaciones. Vemos dos personas que hablan de balcón a balcón, esas cosas que suceden cuando los barrios todavía tienen vecinos. La incorporación de parlamentos realizados en una jornada sobre el derecho a la vivienda, en cambio, integran en el flujo audiovisual unos discursos con pretensiones de acción transformadora. 

Y, aún así, esas palabras en La casa y el ternero también pueden interpretarse con cierta libertad. Un activista afirma que el barrio madrileño de Vallecas está viviendo lo que ya vivió el barrio de Lavapiés, que ya está en una fase más avanzada de turistificación. Sus palabras se pueden interpretar como esa llamada al aprendizaje para resistir más y mejor que seguramente era, o como una profecía cuyo cumplimiento (¿inevitable?) solo puede observarse con abatimiento. 

Ignasi Franch

Ignasi Franch

Periodista cultural y crítico cinematográfico desde 2003, cuando todavía se veían algunos disquetes por las redacciones. Colabora en medios como El Diario, El Salto, Crític, Caimán - Cuadernos de Cine, Directa y Rockdelux, entre otros.