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El final de ‘La casa de papel’ no te va a gustar

Aunque aún no se haya visto, creemos que no te va a gustar. Sea o no buenísimo. Es imposible que una serie así contente a todos a la hora de decir adiós

Final de LA CASA DE PAPEL

No, no, en el momento de escribir esto todavía no lo hemos visto. Cuando llegue el final de La casa de papel lo contaremos en su respectiva crítica, esto es más bien un aviso. Tampoco somos especialmente desconfiados con Álex Pina y compañía y su capacidad de dar una traca final a la altura de las cuatro temporadas y media anteriores. Esto es ya una cuestión de fatalismo y experiencia respecto a los cierres de series largas con más éxito del que resultaba saludable.

Recuerden que todo esto es un sueño de Resines, como cuando acabó Los Serrano. Por salirnos de España y olé, ¿conocen a alguien que quedase satisfecho con el final de Perdidos? ¿Y con el de Juego de Tronos? De hecho. ¿A cuánta gente habéis tenido que explicárselos? Porque no, aunque al final de Perdidos están todos muertos, no era como en El sexto sentido, en la isla estaban vivos. Creo.

El final de La casa de papel, el icono

<i>El final de 'La casa de papel' no te va a gustar</i> 1

En la última temporada y media, el consenso entre un montón de personas que aún así no dejan de ver la serie, aireado por redes y en análisis de sobremesa, es que se ha estirado el chicle y no acaba de funcionar. En esta casa no compartimos ese punto de vista y le hicimos la ola a la denostada temporada cuatro, a pesar de sus peros. La cuestión es que parece que la luna de miel entre una parte del público y la adrenalina de Vancouver se ha acabado, quizás porque funcionaba mejor a toro pasado, quizás porque cuanto más intenso es un enamoramiento más a lo bestia se pasa.

También habría que ser comprensivos con el marrón que tienen encima Álex Pina y su equipo. La casa de papel no es un fenómeno exclusivamente patrio, es lo que te responde la gente fuera de España cuando dices de dónde eres en sustitución del «¡Xavi! ¡Iniesta! ¡Casillas!» de hace una década. Es un icono cultural con fans fatales que ven -o veían, snif- a Dénver, Nairobi, Moscú, El Profesor o Lisboa como a parte de su familia. Juega en la Liga de Harry Potter. De Cómo conocí a vuestra madre.

Recuerden que esta última, la del brasas de Ted Mosby, sí que tenía un final bueno, de hecho mejor que más de la mitad de la serie. Pero se llevó palos hasta en el carnet de identidad, porque somos así. Una patulea de espectadores tan empeñados en demostrar su elevado criterio y exigente paladar que existen rankings de las series con los peores finales. Casi subrayando como se nos ha olvidado que estas cosas las ve uno para disfrutar o entretenerse. No para enfadarse por cosas que hacen personas imaginarias que en realidad son actores.

Ni «buena» ni «mala», sino todo lo contrario

<i>El final de 'La casa de papel' no te va a gustar</i> 2

Por supuesto es más que legítimo que haya quien no conecte con la propuesta de los últimos episodios o a quien le haya saltado el tiburón y ya no pueda mantener el pacto de ficción con una serie que, como todo lo de su productora, ha jugado siempre a mantenerse en el filo en ese sentido. Se podrá argumentar sobradamente, por ejemplo, que el romance de Nairobi y Bogotá o que su subtrama final gire en torno a ser madre chirrían respecto al personaje como icono feminista. O que otra entrega más en el Banco de España, con el segundo atraco casi doblando en episodios al primero, es demasiado. Vaya que sí.

Pero en el fondo llegamos aquí con un relato más que mediatizado. La casa de papel irrumpió como algo nuevo, tanto que superó a la emisión tradicional y su salto al streaming, entonces futuro y ahora presente, abriendo camino para la actual «Edad de Oro» en calidad, cantidad y difusión de la ficción televisiva nacional. Precisamente ese estallido ha hecho que muchos de los elementos que la hacían única se conviertan en lo normal, que la exigencia de verosimilitud con las series españoles aumente y que las expectativas del público crezcan con cada entrega.

El final de La casa de papel igual será bueno, malo, decepcionante o apoteósico. Pero no nos va a gustar. Porque probablemente sea imposible superar el nivel de satisfactoria previsibilidad de la sonrisa del Sergio con su panamá blanco ofreciéndole carga a Murillo. Porque ya hemos enterrado a tantos personajes que sus muertes casi han dejado de impactar. Y porque no ha cambiado la serie, hemos cambiado nosotros como espectadores, y lo único que no puede hacer El Profesor es viajar atrás en el tiempo y devolvernos la novedad del primer día.

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