Preseleccionado a los Goya
‘Imade’, el corto que cuenta en lengua de signos cómo es vivir lejos y echar de menos a los tuyos

Un fotograma de 'Imade', el cortometraje documental de Ignacio Acconcia. ©AYHE Productions
Imade Ouchgheou es un joven marroquí sordo que vive en España. Aunque aprecia su trabajo y su día a día en una fundación en Barcelona, planea con ganas un próximo viaje a Marruecos, donde debería reencontrarse con su familia tras seis años sin verse. Es la historia con la que arranca Imade, el cortometraje documental de Ignacio Acconcia que opta a la nominación al Goya (Mejor Cortometraje Documental) acercándose a la vida y añoranzas de una persona migrante en nuestro país.
Ignacio Acconcia conoció a Imade a partir de su anterior película, el documental El niño de fuego. El protagonista de aquel largo, Aleixo Paz, superviviente de un accidente que le dejó con severas quemaduras, empezó a trabajar en la Fundación Catalònia, que presta servicios que satisfacen las necesidades de personas con discapacidad intelectual, trastornos de conducta y/o situación de vulnerabilidad. Ahí también estaba Imade. «Ellos querían hacer un vídeo, algo para presentarlo», comenta el director en entrevista a Cine con Ñ, «y ahí surgió la idea de grabar también el reencuentro familiar y se fue construyendo lo que es hoy el corto».
En ese proceso de creación, la historia de Imade empezó a significar algo más que un trabajo para Acconcia. Según fue investigando y adentrándose en las emociones de su protagonista, el director, de origen argentino, encontró una conexión personal: «Pensé en mi padre y en mis padres, que ya vinieron ya de adultos a España, y cómo han vivido ellos las pérdidas y el hecho de estar lejos de su familia estando aquí». Aun así, el cineasta recalca que con el cortometraje aspira a ir más allá de casos particulares: «Quería que esto sirviera para hablar de cómo viven esta separación todas las personas migradas».
La «herida interna del migrante»

A diferencia de películas recientes como Yo capitán (Matteo Garrone, 2023) o El salto (Benito Zambrano, 2024) y aunque su protagonista tendría mucho que contar sobre su propio viaje, el corto se centra en el día a día de Imade ya en España, ahondando en el relato de las personas migrantes con las que convivimos. «Hay muchas películas maravillosas sobre el viaje migratorio, pero me parecía interesante abordarlo desde el punto de vista de cómo es su vida aquí», comenta el director.
Acconcia, que resalta la resiliencia y la capacidad de adaptación del joven a su nueva vida en Barcelona, quería resaltar con este tipo de relato documental que «su caso es uno entre muchos que no salen así». «Él ha tenido la suerte de encontrar una cobertura, pero hay personas que se pierden por el camino o que llegan aquí con 15 años, sin nada, y no tienen el apoyo familiar ni la guía suficiente», comenta el director.
«Me interesa hablar de cómo nos ven los demás y cómo eso también nos construye»
Y de esa realidad particular nace un sentimiento universal: el echar de menos a los tuyos y, a veces, sentirte solo cuando estás lejos de casa. «Las personas migrantes llegan con la idea de tener un futuro mejor y cuando llegan, además de tener que asumir roles laborales muy difíciles, están totalmente descontextualizados de su cultura y de su entorno. Sus raíces, sus costumbres, muchas veces sus religiones… son otras, y tienen que lidiar con esa alienación», asegura Acconcia, que vuelve acordarse de su padre para mencionar esa «herida interna del migrante».
El cineasta piensa que tratar la vinculación con las raíces a través del cine es también acercarse a «la identidad», uno de los temas que más le estimula como creador y que vincula también a lo que trataba de hacer con El niño de fuego: «Me interesa hablar de cómo nos ven los demás y cómo eso también nos construye», asegura.
Imade, una historia de búsqueda
Pero en la identidad de Imade está también otro elemento: la discapacidad. «Su condición de persona sorda es otra de las cosas que lo atraviesan, así que no podíamos no explicarlo», explica Acconcia. En el corto se ve, por ejemplo, su uso de la lengua de signos, pero también hay una intención de que el espectador entre dentro de su subjetividad como personaje: «A la hora de hacer un retrato de una persona, me gusta que te puedas acercar a su manera de ver el mundo», explica el director. Y una de las maneras más expresivas de hacerlo era a través del sonido.
Acconcia trabajó en esta inmersión junto al diseñador de sonido de Imade, Oriol Donat. El objetivo era salir de los lugares comunes al respecto (el clásico efecto de «burbuja»), y para conseguirlo intentaron que la limitación sonora se percibiera como un elemento «más orgánico, que diera una sensación de que es algo que te toca». Al final, lo que quería Acconcia con esa representación era «ayudar a entender lo alejado que está Imade de su realidad» en su condición de persona migrante. Esto, aclara el director, «no significa que las personas sordas estén aisladas ni que sea la forma en la que Imade vive su sordera».
Al final, el cortometraje en sí mismo ha sido una búsqueda completa para el director, un camino de exploración hasta llegar a quedarse con la historia de vínculo lejano de Imade. Eso le ha llevado a tener que dejar de lado otros aspectos o aristas de su vida en el montaje final. «Es un proceso muy interesante de la creación documental, pero a veces también muy doloroso», se sincera el cineasta.
La depuración final de la narración se puede sintetizar en una contenida y emocionante secuencia de reencuentro familiar en Marruecos. Es el colofón perfecto para Imade. Poco antes de cerrar la entrevista, se produce otra conclusión simbólica: la de este reportaje. Ignacio Acconcia recibe una llamada. Es su padre.

Arturo Tena

