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«Quería hacer una película con la que quedarme tranquilo»

Ignacio Acconcia presenta su primera película, el documental ‘El niño de fuego’. El director y guionista reflexiona sobre las claves de su proyecto y los retos de un documentalismo ético.

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Formado en la cantera de la ESCAC, Ignacio Acconcia (1984) debuta en largo con un proyecto en el que lleva siete años inmerso: El niño de fuego, un documental sobre un joven (Aleixo Paz) que convive con los efectos físicos y psicológicos de un grave accidente que le provocó quemaduras en más del 90% de su cuerpo.Y ahora es el turno de enseñársela por fin al público, que puede verla en exclusiva en Movistar + desde el pasado domingo 24 de enero.



Tras varios cortometrajes y una serie de televisión, Acconcia ha conseguido llamar la atención con su primer gran proyecto: llegó a la SEMINCI, donde fue seleccionado en la Sección DOC. España, y ahora recibe la atención directa de una gran operadora como Movistar. El director recibe a Cine con Ñ para hablar sobre las claves de esta meditada película, pero también para reflexionar sobre la ética del documentalismo o la capacidad para trazar un retrato generacional.

 

En distintas entrevistas ha dicho que uno de los motivos para hacer El niño de fuego es que quería explorar el tema de la identidad. ¿Por qué hacer un documental sobre este concepto en concreto y por qué Aleixo servía para hacerlo?

Todo me vino a partir de hacer un máster de documental de creación en la Pompeu Fabra. La identidad era el hilo por donde quería iniciar mis pasos: me fascinaba ese proceso de cambio que hay en la misma durante la adolescencia.  La otra parte viene también a partir de un artículo que leí en El País sobre un cursillo de maquillaje para personas que se habían quemado. Me llamó la atención y me hizo preguntarme cómo era vivir así y cómo se podía construir esa identidad a partir de un rostro desfigurado.

Partiendo de esa idea, fui a la Asociación de quemados del Hospital Vall d’Hebron y a partir de ahí salió todo rodado: fui a varias sesiones, conocí a Teresa, la madre de Aleixo, y luego a Aleixo. Y ahí fue cuando concidieron estas dos cosas que yo buscaba: él tenía 13 años, empezando la adolescencia, y vi claro que el personaje me interesaba mucho también por dentro.

¿Cómo se fueron mezclando esa unión del aspecto exterior y de lo que va sucediendo psicológicamente dentro de Aleixo?

Al principio tenía una idea bastante superficial sobre todo el proceso. Empecé a interesarme por Aleixo con esa curiosidad inicial de saber cómo él se enfrentaba al mundo a partir de su cuerpo. Esa era la idea inicial del documental, pero poco a poco me fui dando cuenta de que esa persona que había dentro era más interesante que todo eso. Me interesaba enseñar quién era, explicar qué cosas lo hacían quién es y la manera en la que esas mismas cosas le habían afectado en su vida. Para eso había que indagar en su familia y en el trauma tan grande de su accidente, que lleva incorporado heridas que no son físicas.

En un proceso de más de 7 años, ¿qué viste en Aleixo cuando todo empezó y qué ves en él ahora?

Cuando conoces a Aleixo marca una barrera, una distancia. Pero en muy poco tiempo te das cuenta de que es una persona frágil, muy sensible y con un gran corazón. Es muy fácil de ver porque es muy tierno, pero como es tan emocional, intenta protegerse para que no le hagan daño. Cómo está físicamente le ha condicionado mucho su vida, claro.

En todos estos años también ha cambiado mucho, ha tenido distintos altibajos. Ahora creo que es una persona más madura, que el documental también le ha ayudado para tener herramientas para el futuro, que era uno los objetivos de la película. Le he visto crecer y convertirse en un adulto. Poco a poco yo creo que se puede reconciliar con quién era antes. Es un proceso muy lento, evidentemente.

¿Cómo se hace entonces una película que funcione y sirva psicologícamente a una persona, pero que también pueda conectar con un espectador totalmente ajeno a su historia?

Para mí era totalmente innegociable que la persona que estaba retratando se llevara algo, y se llevara algo de mi. Yo con Aleixo he construido una amistad que a día de hoy continua y sé que continuará. Para mi era importante que él se sintiera cómodo y que el documental le ayudara a encontrar respuestas en su vida. Algunas situaciones para el documental le ha costado ver que podían ser constructivas para él, sobre en cuanto al accidente y su familia. Le costaba entender por qué tenía que hablar o hacer según qué cosas, pero después creo que le ha valido la pena.

«No me gusta esa idea de aprovecharte de quien vas a grabar»

De sus palabras se percibe esa clásica tensión ética del documentalista: por un lado tiene que extraer lo que necesita de su objeto de estudio y por el otro tiene que lidiar también con las relaciones y los vínculos personales que se crean con el mismo. ¿Cómo llevó este aspecto durante la realización del documental?

Es algo sobre lo que pensé desde el minuto 1. De hecho, una de las razones por las que he tardado tanto en hacer El niño de fuego ha sido también porque quería estar satisfecho conmigo mismo, quería sentir que estaba haciendo una película con una persona que también estaba sacado algo de todo ese proceso.
Quería hacer una película con la que éticamente me quedara tranquilo. No me gusta esa idea de aprovecharte de quien vas a grabar. Quería hacer una película con Aleixo de tú a tú, entre dos amigos que pasan un tour de force. Él se ha dejado grabar porque existía esa relación.

¿De qué manera se construyó entonces ese espacio en común entre los dos? Imagino que habría diferencias sobre lo que cada uno quería mostrar en la película.

Era díficil. Aleixo es una persona muy compleja y muchas veces nos lo ponía complicado. Era su manera también de controlar la situación. Por ejemplo, íbamos a un centro comercial a grabar con un amigo suyo y a él no le gustaba la situación de estar entre tanta gente. Intentábamos convencerle de que era una buena escena, que había que hacerla. yo creo que esa energía también la utilizaba en nuestra contra, él me lo ha reconocido después, pero después accedía.

Él es muy impulsivo en sus primeras reacciones, aunque luego cuando está en casa lo reflexiona y se da cuenta de cuando se equivoca. El rodaje no fue fácil en muchas situaciones, pero creo que todo el equipo (la familia, el director de fotografía, la productora, el sonidista) remábamos a favor porque todos teníamos el mismo objetivo de que él estuviera mejor. Y yo creo que el documental le empujaba a quitarse miedos de encima.

Y de todo eso, ¿qué crees que le llega al espectador?

Estamos aún viendo las primeras reacciones (el documental se estrenó el domingo 24), pero creo que de ese primer feedback y de las críticas en prensa me ha sorprendido para bien que hayan captado quién es Aleixo y el cuidado con el que me he acerdado a él. Es gratificante que no se haya percibido que me quería acercar a él de una forma morbosa.

«Queríamos explicar esa rabia de pegarle un puñetazo a la pared y que luego él transforma en algo creativo»

 

Una de las frases icónicas en los primeros tramos de la película es ese “yo no he superado nada, me he quedado atascado” de Aleixo. ¿Cómo querías filmar esa frustración y rabia interior?

Es difícil plantear esos sentimientos en imágenes. Lo que intentamos era retratar ese Aliexo que está encerrado en casa, con su perro y su vida nocturna, ese escribir a oscuras o la presencia del boxeo. Ese primer acto del documental es muy del día a día, que es lo que transmite esas ideas.

En la película tiene un papel importante la escritura y la música. ¿Qué valor le queríais dar a estas expresiones?

En cuanto a la música, tiene un valor esencialmente catalizador para la película. Queríamos explicar esa rabia de pegarle un puñetazo a la pared y que luego él transforma en algo creativo, sacando esa energía desde fuera en un concierto. La escritura es algo que Aleixo hacía desde pequeño, desde que tuvo el accidente, y es la mejor manera de saber lo que le pasa por la cabeza y entenderlo. Él tiene una facilidad para expresar sus sentimientos escribiendo, nos parecía muy importante que el espectador pudiera escucharlo y que él lo leyera, con esa cadencia de creerse lo que hace. Eso con él era muy fácil.



Recogiendo su trayectoria desde el principio de la adolescencia, ¿qué crees que transmite Aleixo también sobre su propia generación?

Es una persona que ha vivido en un entorno social muy particular, eso le ha quitado herramientas para tirar para adelante. Él ha tenido que labrarse un futuro a base de picar piedra, no ha tenido un entorno que le pusiera las cosas fáciles. A nivel económico y a nivel familiar le ha influido en su proceso de crecer, y ahí hay paralelismos con su generación: una persona sin estudios de secundario, sin formación laboral, con una discapacidad que le pone mucho más difícil el encontrar trabajo. Se ha perdido mucho en esa etapa, pero todos tenemos esperanza de que eso cambie. Yo soy optimista de que puede salir adelante.

 

Arturo Tena (@artena_)


El niño de fuego, de Ignacio Acconcia, está disponible online aquí

 

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