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Gora Automatikoa: Vivan las tomaduras de pelo

La película hecha solo para conseguir el Goya pone a prueba nuestro sentido del humor y gana como simpática revancha y autocrítica de los anónimos del audiovisual

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Hay una forma rápida y sencilla de conseguir un Goya: hacer una película de animación. A esa conclusión llega Galindo, un director en horas bajas, cuando ve la gala de los premios del cine español por excelencia y descubre que La gallina turuleca consigue el premio sin competición. No hay otras nominadas. Galindo buscará convencer a sus amigos cineastas semiretirados, Pablo y Dharma, para embarcarse en la absurda aventura de hacer una película con el único objetivo de hacerse con el «cabezón». Esto es, tal cual, Gora Automatikoa.

Sí, esta película va de cómo estos tres directores hacen la película que estás viendo. De cómo se les ocurre y se convencen de la idea y de cómo la llevan a cabo de la forma más cutre y descarada posible para intentar llegar a la gala. Una metacomedia animada con la que David Galán Galindo, Pablo Vara y Esaú Dharma han conseguido una nominación automática a los Goya 2022 y con la que tienen todas las papeletas de llevarse el premio, ese que cerraría el círculo del troleo que es que esta película simplemente exista.

Los directores y su equipo han hecho en pocos meses una parodia urgente de la industria del cine español y, sobre todo, de sí mismos como profesionales del sector. Gora Automatikoa te gana porque no deja de ser una coña entre amigos hecha realidad, uno de esos ‘¿y si..?’ medio en broma, medio en serio que esta vez sí se ha llevado hasta el final. Una misión tan transparente y con tan poca vergüenza que resulta muy complicado no sumarse, sobre todo si tienes el sentido del humor suficiente para entender que está bien que nos tomemos el pelo entre todos.

En Gora Automatikoa se ríen del cine español….

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Gora Automatikoa pide un mínimo de complicidad a priori con ese concepto juguetón de la película. Una vez abierta esa puerta, lo recompensa. Primero por cómo hace humor de la realidad y funcionamiento del cine español, un sector al que le viene muy bien reírse un poco más de sí mismo. Es bueno para todos que no solo se hagan chistes en un par de galas al año, sino que se atrevan a hacerlo desde las propias películas, que son las que realmente permanecen.

Es verdad que ya hay varias películas que hicieron antes caricatura de nuestro audiovisual. Desde la crítica al cine del franquismo de Bardem y Berlanga en Esa pareja feliz (1951), pasando por el filtro histórico de Fernando Trueba (La niña de tus ojos, La reina de España) o las pinceladas humorísticas en las películas relacionadas con el mundillo de Almodóvar (¡Átame!, Mujeres al borde de un ataque de nervios, La ley del deseo, Kika, Dolor y gloria) hasta llegar al cine autorreferencial de Carlo Padial (Algo muy gordo, Vosotros sois mi película).

Pero la de Vara, Galán Galindo y Dharma es la primera que hace humor sobre la industria de esta forma tan frontal y contemporánea, con nombres y apellidos reales. Hace referencias más o menos directas, se ríe de la endogamia y los vetos del sector y muestra con humor algunos absurdos del sistema para hacer eligibles las películas a los Goya. No hay más que ver la metaparadoja de que un error burocrático sobre su nacionalidad haya dejado fuera de la competición a D’Artacan y los tres mosqueperros, dándoles la razón en la crítica pero más posibilidades de ganar el Premio. Aquí está la gracia.

…pero sobre todo de sí mismos

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Pero lo mejor del planteamiento transparente de Gora Automatikoa es que, sin darse ningún tipo de importancia ni seriedad, sí deja ver lo que hay detrás de la industria con alfombra roja y del sistema de premios: gente con dificultades para hacer el cine que le gustaría y teniendo que tirar de un truco para llegar a tener visibilidad o a lo que se considera el éxito en el sector. Es la simpática «venganza» de los anónimos del audiovisual, que son la grandísima mayoría.

Los tres directores además están en una posición ideal para hacerlo porque no forman parte del núcleo duro de lo que se conoce como «la industria», pero tampoco están fuera de ella. No son unos recién llegados, unos outsiders o unos estudiantes de cine con una ocurrencia para salvar una práctica, como se bromea en la película. Son unos currantes del audiovisual desde hace años, curtidos en el duro circuito sin llegar a ser Spielberg pero tampoco progresando por ser familia de nadie. Todo lo que han conseguido se lo han ganado ellos mismos.

Esa posición hace que el humor de la película tenga el necesario toque de revancha y mala leche, pero sobre todo una autoironía salvadora y entrañable con la que cualquier persona anónima, de cualquier ámbito, se puede indentificar. Los tres directores pueden permitirse reírse del cine español porque tienen la distancia y la humilidad suficiente para reírse antes de ellos mismos como trabajadores del sector, exponiendo y compartiendo como amigos las miserias y frustraciones de su carrera.

Como guinda al espíritu del proyecto, los tres directores incorporan de verdad la cultura digital y de Internet como parte del ADN de la película y no como accesorio de algún chiste. Partiendo de la base de que la idea de hacer una película de esto podría haberse hecho realidad gracias a Forocoches, la película hace bandera de la mezcla de estilos de animación y la manipulación de elementos como en cualquier meme. Hay hasta citas con nombres de usuarios de redes sociales o un personaje que vive solo en Twitter, nuestro cinéfilo de cabecera Andrés Trasado.

Al final, Gora Automatikoa hace un poco absurdo cualquier análisis crítico, incluso cualquier pega que se le pueda poner. Es simplemente una idea divertida llevada hasta el final, poniendo a prueba nuestro sentido del humor. Una broma corta a la que, mientras pasan los minutos en el contador, le da tiempo a hacer reír con los últimos monos del sector, homenajear al cine de animación y ensalzar valores de siempre como la amistad. No está nada mal para una película de mierda.

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