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El círculo: ¿Por qué no nos callamos?

Seguimos siendo señores queriendo chupar cámara en el feminismo.

El círculo: ¿Por qué no nos callamos? 1

El círculo, documental de Iván Roiz y Álvaro Priante, retrata la práctica de los «círculos de hombres», una práctica de conversaciones entre varones, no terapéutica, en la que se comparten experiencias sobre la masculinidad, la relación con las mujeres o la expresión de los propios sentimientos. A través de un variado grupo de hombres y varios círculos se explora la violencia, la competitividad o la socialización en cierta idea de lo masculino.



Permítanme, ya que esto va de señores hablando de sus movidas, que irrumpa con mi yoísmo. Estrenar esto el 7 de marzo, es decir, a 24 horas de 8M y programándolo «temáticamente» como ha hecho Netflix con Nevenka o Atresmedia con la inminente Alba, es no enterarse de nada de nada. Esto no tiene tanto que ver con el documental en sí como con Movistar+. Pero miren, si un señor quiere ir de feminista lo mejor que puede hacer, el 90% del tiempo, es callarse el boquino. Punto en boca. Shut up. Que te calles, Paco Pepe.

De nuevo, esto es cosa de la programación, no del documental en sí. En los detalles está el demonio, claro, pero el contenido es el mismo lo programes cuando lo programes. El círculo empalma conversaciones, unas más distendidas y otras de mayor intensidad emocional que empiezan con bullying, pasan por la violencia de género y llegan hasta la represión de los propios sentimientos. La película parte de la experiencia de los propios directores en estas prácticas y mantiene esa sensibilidad, aunque sea difícil saber a quién está dirigido exactamente.

 

El círculo… de señoresEl círculo

El actor Manolo Caro es uno de los hombres que participan en «círculos» sobre la masculinidad. Imagen: Movistar+.

Lejos está de este humilde aporreador de teclas negar la necesidad de que los ONVRES aprendamos a expresar nuestros sentimientos y expandir nuestra mismidad y nuestro yoísmo, y bien está difundir de manera lo más accesible y pedagógica posible las herramientas que existan para ello. En la medida en que un documental en Movistar+ pueda serlo, claro. Es como un chiste para escandalizar homófobos en los Feroz: no hay homófobos viéndolo, o al menos que vayan a admitir que lo son. Sería más útil, si el objetivo es ese, infiltrarse en el programa taurino que emita el actual Canal Sur.

Está bien que haya fragmentos en la que los participantes admitan que se sienten obligados a competir entre ellos incluso estando en ese presunto lugar seguro de decontrucción. Servidor de ustedes se pregunta si atizarle al documental no es en sí mismo «competir» con el mismo y con otros críticos en quién es más listo y está más de vuelta de todo. Son muy duros los momentos en los que algunos de los protagonistas recuerdan episodios de violencia vividos tanto como víctimas como, en algún caso, victimarios.



Pero mire usted. Es que ya no somos tan interesantes. Que está bien prevenir el bullying, ojo. Líbreme Dios. No soy nadie para enmendar la plana a los de la capital. No voy por ahí dándome pisto. Simplemente les pido que se den cuenta del coñazo que podemos llegar a dar los señores llorando por nuestras cosas y lo ridículo que puede ser decir eso de «el patriarcado nos oprime a todos». Que yo también lo he dicho, y basta googlearlo. Escribiendo sobre Mad Max, que es lo peor. Lo que pasa es que aunque nos creamos que hablamos un pijo de bien, en algún momento alguien se puede cagar en nuestros muertos uno a uno.

 

El círculo… de hacerse un lavadito de caraEl círculo

Antes mentí. Sé a quien está dirigido. Seamos obvios. A suscriptores de Movistar+. Gente que dice que se ríe con Broncano de forma irónica, que sabe lo que son los Premios Feroz y que arquea la ceja ante los fallos de guión o los giros naïf en la última serie de Albert Espinosa. En concreto, además, a los señores, claro. Señores como el menda que esto suscribe, seguramente, ni jóvenes ni viejos, tampoco ricos pero que no se pueden quejar tal y como está la cosa. Bueno, la mayoría probablemente con más posibles que yo, que soy autónomo, pero sin estar montados en el dólar.

De nuevo creo que se trata más de un problema de contexto que de las intenciones de los responsables del documental en sí o de los participantes en los círculos. Es que en general estas cosas suelen oler a guitarra en las fiestas, que lo peto, mira, les encanta. Y aunque las experiencias que comparten los protagonistas son necesarias y las intenciones del documental, con su bailarín de danza interpretativa sufriendo la presión de la masculinidad tóxica que da gusto verlo, son muy buenas, el contexto es el que es. El que suscribe solo pide recordar que la delgada línea entre mostrar emociones sinceras con un objetivo y la pornografía emocional para quedar de guay es muy fina, tanta que un día estás fundando Más Madrid y no te has dado ni cuenta.

Parte de la gracia de El círculo es aprender a no juzgar situaciones ajenas, por lo cuál en sí mismo escribirle una crítica ya, mal. Pero hay un momento, en el primer cuarto de hora, en que Justo, uno de los hombres de más edad y experiencias, y gracias a ello más sincero y ecuánime, invita a expresar como se están sintiendo en ese momento respecto al resto de participantes. Es brutalmente sincero: «tú me recuerdas a mi hermano y me das miedo, a ti te siento cercano… y tú… de ti no me fío un pelo».

 

Jose A Cano (@caniferus)

Puedes ver El círculo completa online aquí.
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