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Críticas

El casoplón: Donde vive el humor

Una comedia familiar simpática y con la novedad de salirse de los márgenes del humor de 'padre desastre' y, de paso, reflejar vidas normales
Crítica de 'El casoplón', película de Joaquín Mazón

El casoplón es el gran chalet vacío en La Moraleja que un jardinero, Carlos (Pablo Chiapella), trabaja para dejarlo perfecto a la vuelta de sus dueños de las vacaciones. Un día, desesperados por el calor y la gestión de tres hijos insoportables, Carlos y su mujer, Toñi (Raquel Guerrero), una ama de casa que se busca la vida vendiendo cremas a domicilio, deciden pasar una tarde en la piscina de la casa vacía. Pero lo que iban a ser unas horas se convierten en días en la casa que les ofrece una vida que nunca han podido tener.

De los directores de comedia de encargo que trabajan a día de hoy en España, es posible que Joaquín Mazón sea el que más palos ha tocado de todos en menos tiempo. Desde que en 2022 empezara a encadenar películas, ha hecho una dramedia tierna (La vida padre), una masculina cafre (De perdidos a Río) y una navideña (La Navidad en sus manos, que pronto tendrá segunda parte). Ahora con El casoplón suma otra familiar tras el buen resultado que le dio La familia Benetón (2024).

Esta es una versión menos ‘santiagosegurizada’ de aquellas, con un padre inútil también como en esas pero en la que no es el centro ni de la comedia ni de la trama. De hecho, una de las novedades que propone esta película es que el arco dramático principal sea para la madre, el personaje de Raquel Guerrero, una mujer que ha tenido que sacrificar sus potenciales sueños para criar a sus hijos mientras el señor trabajaba y comía fuet. Si a eso le juntas que la comedia está bastante bien apañada y dirigida, niños incluidos, habrá que darse por satisfechos.

Comedia y revolución

<strong>El casoplón</strong>: Donde vive el humor 1
©Manuel Fiestas

Una de las cosas divertidas que tienen las primeras películas de la saga de Padre no hay más que uno es que asumen la perspectiva de los padres en clave cómica: la gran responsabilidad que es tener hijos, cuidarles y gestionarlos en el día a día. El guión de El casoplón—del bregado en muchas batallas Roberto Jiménez— se mete de lleno en este marco, que es el principal. De hecho, los niños son abiertamente insoportables, auténticos demonios, más que en las películas familiares de Segura (a las que, por cierto, se les lanza un chiste de humor para cuñados a costa de Leo Harlem).

Y lo son en una casa de Mósteles normal, en la que hay gotelé y se fastidia el aire acondicionado. En una vida en la que hay que bajar al súper, hay que hacerle la comida a los niños y el jefe es un imbécil. Aunque todo esté presentado en una clave que poco tiene de revolucionaria —el personaje de Raquel Guerrero acaba trabajando en una inmobiliaria—, la película asume que lo que pasa no es por ciencia infusa, sino porque no tienen dinero. Hasta se verbaliza la fantasía que es la autopercepción de «clase media». Y, pese a que hay un juego aspiracional cómico con el personaje de Raquel Guerrero, al final los personajes prefieren vivir su vida en el barrio como siempre, que es lo que les gusta, y pasar de los lujos. Eso, en la comedia comercial española actual, roza lo marxista-leninista.

El casoplón y el conformismo

<strong>El casoplón</strong>: Donde vive el humor 2
©David Herranz

Con ese trasfondo claro y los personajes definidos, El casoplón está bien equilibrada y tampoco necesita de demasiadas piruetas y distracciones para mantener la atención. Tiene una introducción clara para entender qué significa llegar a la casa, luego pasan cosas entremedias que se balancean entre lo accesorio y lo relevante para los personajes en la película (incluso el cameo de Edurne acaba por estar más justificado de lo que parece) y se da una conclusión con sentido. Al final, todo está dirigido a darle un buen arco al personaje de Raquel Guerrero, que vuelve a clavar ese papel de española media que tan bien se le da (Machos Alfa, Dulces de barrio, Señoras del (h)AMPA).

Por ir volviendo a casa, El casoplón es una comedia familiar que, sin ser demasiado exigentes, sí que hace lo que se le podría pedir a una de estas películas: que sea simpática, que esté bien interpretada, que entretenga y que refleje un poco la vida de la gente normal, que es su público objetivo, sin mandarles mensajes nacionalsocialistas ni tomarles por imbéciles por el camino.

Dónde ver

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.