Análisis
El triunfo de ‘Los domingos’ consagra el ciclo de las nuevas directoras españolas

Alauda Ruiz de Azúa, con los Goya a Mejor Dirección y Mejor Guión en la gala del sábado 28 de febrero en Barcelona. ©RTVE
Alauda Ruiz de Azúa es la gran triunfadora de los Goya 2026. Como anunciaban los pronósticos tras cosechar los principales galardones en Forqué, Feroz y Medallas CEC con Los domingos, su trayectoria en la temporada de premios ha culminado con cinco ‘cabezones’, incluyendo los de las categorías de Mejor Película, Dirección y Guión. Un hito que supone la consagración de la propia cineasta, pero también la de toda una generación de directoras, a las que quizás ya hace un par de años que debimos dejar de llamar «nuevas».
Entre 2018 con Carla Simón por Estiu 1993 (2017) y 2024 con Estíbaliz Urresola con 20.000 especies de abejas (2023), siete directoras ganaron el Goya a Mejor Dirección Novel, incluyendo a la propia Ruiz de Azúa en 2023 y a Arantxa Echevarría en 2019, Belén Funes en 2020, Pilar Palomero en 2021 y Clara Roquet en 2021. Ahora, por primera vez, una de ellas logra unir a dicho galardón el de Mejor Dirección (aunque ya dos habían levantado el de Mejor Película, con algún matiz).
Es cierto que Simón, la «iniciadora» simbólica de la oleada, ganó un Oso de Oro con Alcarràs (2022) y que la misma Los domingos irrumpió con una Concha de Oro en San Sebastián, además de que algunas de ellas han tenido un más que buen recibimiento entre el público. Echevarría con La infiltrada (2024), pueden presumir de haber recaudado 9,7 millones de euros y sentado en la sala a 1,5 millones de espectadores, premios aparte. Así que hablar de consagración suena hasta a chiste, en parte.
Pero el paso en los Goya de Dirección Novel a Dirección a secas tiene un componente simbólico, de apoteosis, que pocos rituales del año cinematográfico español alcanzan. Es el evento por antonomasia, que dobla taquillas con su «efecto Goya» y lanza carreras. El reconocimiento del resto de la profesión, con Ruiz de Azúa apenas como la cuarta persona en sumar los dos galardones en su palmarés solo tras Fernando León de Aranoa, Juan Antonio Bayona y Alejandro Amenábar, además de la primera mujer.
Las mujeres en los Goya
Cabe recordar que los dos primeros premios noveles fueron para mujeres: Ana Díez, en 1989, y Rosa Vergés, en 1990. Pero, al contrario que sucesores varones —Juanma Bajo Ulloa, Julio Medem o Mariano Barroso, por ejemplo, todos aún en activos y sacando adelante proyectos personales—, sus carreras no tuvieron la oportunidad de despegar en el largometraje. El pasado 5 de febrero, un comunicado de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA) señalaba como las nominadas a los Goya siguen siendo apenas un 38%, y que la brecha de género se agudiza según la especialidad.
La nómina de mujeres que han ganado el Goya a Mejor Dirección es escasa: Pilar Miró en 1996, por El perro del hortelano (1996); Icíar Bollaín en 2003, por Te doy mis ojos (2022), e Isabel Coixet dos veces, la primera en 2005, por La vida secreta de las palabras (2004), y la segunda en 2017 por La librería (2016). Sumando el recién ganado por Ruiz de Azúa, son cuatro cineastas y cinco premios en 40 ediciones.
Si atendemos a Mejor Película, firmadas por mujeres se encuentran como ganadoras tres de las cuatro mencionadas —el año del Goya de Miró, el principal fue para Tésis (1996), de Alejandro Amenábar—, más Las niñas (2020) en 2021, por la que Pilar Palomero también ganó Dirección Novel, y La infiltrada (2024), de Arantxa Echevarría, en 2025, ex aequo con El 47 (2024), siendo el Goya de Dirección para Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez por Segundo premio (2024).
Y aún así, los Goya pueden presumir de más mujeres premiadas que otros galardones. Solo Tonie Marshall y Justine Triet han ganado el César a Mejor Dirección, y la primera en el año 2000. En los Óscar hubo que esperar al de Kathryn Bigelow en 2010 después solo lo han conseguido Chlóe Zhao y Jane Campion. En los BAFTA son exactamente las mismas cineastas en las mismas fechas.
Incluso dentro de España, los Gaudí 2026 presumen de haber dado por primera vez Dirección y Novel a dos mujeres —Eva Libertad y Gemma Blasco—, cuando los Goya alcanzaron ese hito en 2003 con Icíar Bolláin y Ángeles González-Sinde.
Los premios no son todo
Por otra parte, aunque la carrera de Alauda Ruiz de Azúa se ha cimentado sobre reconocimientos como la Biznaga de Oro por Cinco lobitos (2021) o Feroz y Forqué por Querer (2024), la verdadera consolidación ha sido que antes de ganar cualquiera de ellos ya tenía firmado el siguiente proyecto, como es el caso de su próxima serie, y que casi siempre han sido desarrollados con libertad creativa absoluta.
Tampoco a Arantxa Echevarría le han hecho falta premios para no dejar de rodar. Desde 2018 lleva siete películas, ha llegado a estrenar dos en el mismo año y combinar comedias comerciales para Netflix como La familia perfecta (2021) con proyectos tan personales como Chinas (2023). Este mismo Festival de Málaga estrenará Cada día nace un listo, su séptimo largometraje.
Mención aparte al caso de Simón, que además del Oso de Oro estrenó su película Romería (2024) en Cannes y tanto ella como la productora de su cine, María Zamora, han recibido el Premio Nacional de Cinematografía. Ya se puede considerar un nombre del cine internacional, quizás la autora española de esta generación de mayor prestigio fuera de nuestro país, pero los Goya se le resisten.
Otras cineastas que no han obtenido el Goya, porque todo el mundo no puede ganarlo a la vez, son Elena López Riera, Elena Martín, Andrea Jaurrieta o Mar Coll y su Salve María (2024), que triunfó en los Feroz. Y otras muchas, esa es la buena noticia, que nos habremos dejado fuera, como Elena Trapé, en su día ganadora en Málaga y convertida en una de las directoras de series más prestigiosas del panorama, o Neus Ballús y su Sis dies corrents (2021).
Claro que CIMA apuntaba al conjunto de la profesión, en el que hitos como la candidatura 100% femenina a los Óscar de las sonidistas de Sirât, Amanda Villavieja, Laia Casanovas y Yasmina Praderas —ayer ganadoras del Goya— tapan una realidad que sigue siendo precaria. Pero aunque sigan rodando con un tercio del presupuesto de sus compañeros masculinos, podemos concluir que las directoras ya no son un conjunto emergente o una cuota bienqueda, sino una realidad autoral que constituye el presente del cine español.

Jose A. Cano

