Informe CIMA
El cine español podría alcanzar la paridad de género en 2026, pero las directoras ruedan con menos recursos

Alauda Ruiz de Azúa recoge la Concha de Oro por 'Los domingos' en el pasado Festival de San Sebastián. ©Iñaki Luis
El cine español roza el mínimo equitativo de paridad de género entre hombres y mujeres. El Informe CIMA, de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), que este 2025 cumple su décima edición, calcula que de continuar la tendencia actual, la presencia de mujeres profesionales en el sector podría alcanzar el 40% el año que viene, en 2026, considerado el mínimo de igualdad exigible (frente al hipotético ideal 50%).
Eso sí, la desigualdad en el audiovisual español persiste en otros ámbitos. Profesiones tradicionalmente masculinizadas como producción o dirección de fotografía siguen sin ser permeables a la presencia femenina, con solo un 24% o 21% de mujeres en puestos de decisión en el pasado 2024. También se constata que persiste la diferencia económica: los proyectos dirigidos o liderados por mujeres cuentan con, al menos, un 24% menos de presupuesto: aproximadamente medio millón de euros menos.
Son cifras, en realidad, optimistas, pero a través de las cuáles el informe, presentado en el marco del Día del Cine Español en la Academia de Cine, deja claro que existen espacios de desigualdad de género que se mantienen el tiempo. Las expertas de CIMA han valorado que existe «un crecimiento significativo de la representatividad de mujeres en un sector aún mayoritariamente masculinizado». La representatividad de las mujeres en el sector del largometraje ha aumentado del 26% en 2015, año del primer informe, al 38% en 2023-2024.
«Los datos reflejan una reducción de las barreras históricas y sugieren que podrían alcanzarse niveles de equidad próximamente, siempre
que se mantenga o se intensifique la tendencia actual». De hecho, si la presencia de mujeres profesionales en el cine español ha crecido en los últimos 10 años, en los últimos cinco lo ha hecho a mayor ritmo, cosa que el informe atribuye a tres factores: las políticas de igualdad «basadas en acciones positivas», la mayor visibilidad de las profesionales y «un cambio cultural en la industria».
De ahí la «proyección optimista» de alcanzar dicha distribución equitativa en base al género de profesionales del sector en los porcentajes globales para 2026. Con la tendencia registrada hasta el año pasado, la estimación es que se logre el 40% de profesionales femeninas en 1,7 años, es decir, para mediados del próximo. Un «mínimo equitativo» que rompería la tendencia histórica. Por profesiones, destacan los avances en áreas como dirección de arte, dirección de producción, música o guión y el estancamiento en sonido o efectos especiales.
Las mujeres ruedan más con menos
Donde persiste la brecha es en un dato ya destacado en el informe 2024: la diferencia de presupuesto entre los filmes dirigidos por hombres, o con más hombres en los puestos de decisión, y los que tienen mujeres al frente. Un desequilibrio en los recursos disponibles que afecta, por fuerza, al tipo de películas que rueda cada cual. El año pasado persistió esa desigualdad y las mujeres rodaron con un 24% menos de costes, una diferencia de media de medio millón de euros.
En concreto, la media de costes de los largometrajes dirigidos por mujeres ha sido de 1.707.559 euros, frente a los 2.248.525 euros por los largometrajes con dirección masculina. Esto «puede condicionar significativamente la escala, calidad técnica y ambición narrativa de los proyectos dirigidos por mujeres». El informe aclara que se trabaja sobre «costes reconocidos», en cualquier caso.
Lo llamativo es que también señala que las ayudas públicas ensanchan dicha diferencia. «Cuando se observan los costes reconocidos por tipo de ayuda, se evidencia que la brecha económica se intensifica en las ayudas selectivas, donde alcanza un 30%. Aunque las mujeres representan un 48% de las direcciones, el coste medio de sus películas fue de 687.650 euros, frente a los 987.694 euros de los hombres», recoge el resumen ejecutivo del Informe CIMA 2025.
En contraste, en las ayudas generales —destinadas a proyectos de mayor envergadura— la representatividad de títulos dirigidos por mujeres alcanza el 44%. Estas existe «una brecha prácticamente nula, con una diferencia de solo 0,81 euros. Esto sugiere que el tipo de ayuda condiciona significativamente la equidad económica en la producción».
Finalmente, también se constata que, a mayor presupuesto, menor presencia de mujeres. El patrón, según aseguran las expertas de CIMA, es que «la representatividad de largometrajes dirigidos por mujeres disminuye según aumentan los costes medios. En ficción, las mujeres dirigen el 43% de los títulos, pero con una brecha del 13%. En el extremo opuesto, los documentales, de menor coste medio, alcanzan su mayor representatividad (71%) y la brecha más baja (3%).

En cuanto al papel de los agentes, en 2024 el 36% de los largometrajes comprados o coproducidos por RTVE, Atresmedia Cine y Telecinco Cinema fueron dirigidos por mujeres. RTVE un 38% de mujeres, Telecinco un 33% y Atresmedia un 31%. Entre las plataformas que producen cine español, la que más apuesta por las películas dirigidas por mujeres es Movistar Plus+ (34%), seguida de Netflix (22%) y Amazon Prime (13%).
Normatividad e inclusión
El Informe CIMA 2025 también incluye un análisis sobre la representatividad dentro de la pantalla, entre los personajes y los estereotipos que representan. Dicho estudio da al cine español «un suspenso en diversidad», ya que «el 100% de los papeles protagonistas están interpretados por personas con identidades cisgénero, mientras que las identidades de género no hegemónicas apenas alcanzan el 0,6% y únicamente en papeles secundarios».
Los intérpretes con cuerpos no normativos «representan el 6%», y, además, «la no normatividad se feminiza, el 62,16% de los cuerpos considerados no normativos en pantalla corresponden a mujeres cis». Por otro lado, el análisis considera que «la discapacidad es casi invisible: los intérpretes con discapacidad solo representan un 0,65% mientras que los personajes con discapacidad ascienden a un escaso 4,88%».
En el caso de las personas racializadas, son intérpretes y personajes blancos quienes concentran la representación, dejando a las personas racializadas en una presencia «testimonial»: el 4,55% de intérpretes y el 3,90% de personajes. A ello se sumaría «el edadismo de género»: las mujeres cis concentran el protagonismo entre los 26 y los 45 años, mientras que los hombres cis ocupan la centralidad de la trama a partir de los 46 años (70,27% de 46-50 años, 61,29% de los 51-55 años).


Jose A. Cano

