Crónicas
‘Días mejores’ sigue siendo la distancia más corta entre dos puntos

Días mejores se presentó en Málaga hace poco menos de un año y a Málaga ha vuelto con su segunda temporada. En un acto con el público entregado celebrado en el Teatro del Soho, nueva sede este año de ampliación del certamen andaluz, la serie de Adolfo Valor y Cristóbal Garrido tuvo un emotivo recibimiento para sus personajes, que regresan tras pasar, en su cronología dentro de la ficción, por el confinamiento de 2020 y lo peor de la pandemia.
Blanca Portillo, Francesc Orella, Marta Hazas, Erick Elías y Alba Planas recuperan sus papeles de hace un año, con los personajes cambiados por la terapia de grupo sobre el duelo de la primera entrega y lo ocurrido en la pandemia durante la segunda. Días mejores sigue girando en torno al duelo, pero al decidirse por mantener el elenco, en lugar de rotar pacientes por la consulta de la doctora Laforet, lo hará hacia delante, reflexionando sobre cómo la vida, realmente, no se detuvo aquellos meses, y siempre hay que lidiar con algo más cuando salimos del último trauma.
La serie de Prime Video, dirigida en el capítulo que se pudo ver en el Soho de Málaga por Alejo Flah, incorpora a Violeta Salama y Mar Olid a un equipo de dirección al que también su une el propio Adolfo Valor, que se ponía tras la cámara desde el par de episodios que firmó en Reyes de la noche. En esta entrega Días mejores se decide por ser un poquito más política y mete una escena que habla más de la actualidad de la Comunidad de Madrid que de entonces, como dejó claro Garrido en el coloquio, pero si no te importa, tampoco se nota. Todo bien. Todo correcto.
Cortita y al pie

Detalles aparte, Días mejores, si se permite el símil futbolístico, sigue yendo cortita y al pie. Hace una línea recta, que es la distancia más corta entre dos puntos: la representación de una realidad y la emoción del espectador. Ni se complica ni es su labor, aunque en este regreso se permita alguna floritura —el momento Operación Triunfo en confinamiento, del que no diremos más— y la cámara juegue con las alturas de los personajes como si hubiesen tomado nota de algún meco que les dio la crítica especializada y quisiesen subir nota.
Y mira, no. Justificarse no, jamás, hayamos dicho lo que hayamos dicho los energúmenos. Que la segunda temporada funciona, y con solo un episodio, lo demuestra la recepción que tuvo en Málaga. Espectadores que confesaban no haber visto un solo minuto de la primera admitieron que se habían emocionado, otros compartieron su admiración por los actores y hubo momentos de emoción compartida, en especial recordando el aplauso a los sanitarios y con la intervención de una familiar de Cristóbal Garrido que se encontraba entre los asistentes.
Días mejores ya era, de partida, un planteamiento de drama de serie en abierto pero mejor producido y dirigido de lo que acostumbran estos, y con un reparto espectacular. No necesita nada más, es como el Real Madrid de Ancelotti, si puedo seguir por aquí, va a lo que va y lo hace fácil, porque es lo que se le pide. Ya sabíamos que eran muy listos porque la protagonista se apellida Laforet, no hace falta que cite a Joan Didion, aunque si les apetece, que lo hagan. Es como celebrar un gol con una voltereta, pues como tú veas, el trabajo principal ya estaba hecho.
Un gol más que el otro

La segunda temporada de Días mejores aspira a reflexionar sobre la pandemia y sobre aquella cita que todos los de cierta edad repetimos durante el confinamiento y Valor ayer en el Soho: «La vida se abre camino». Nuevos personajes que suponen fichajes para el elenco —Carol Rovira, Marta Aledo o Sonia Almarcha, cero spoilers sobre qué hacen— ampliarán el tipo de conflictos, los y las protagonistas tendrán que superar nuevos traumas sin tener del todo arreglados los de la primera parte —uno es muy espectacular, cero spoilers de nuevo— y se trata de identificarse con sus conflictos.
Hay momentos que recuerdan al Besos al aire, algo inevitable si mezclas eso del dramedia tan español con pandemia, sanitarios y su pizquita de romanticismo, y otros demasiado planos o previsibles, pero es una serie amable que quiere dar cariñito al respetable, y eso no se le puede reprochar. No se hartará de premios —disculpen la insistencia, pero esos son todos para Las noches de Tefía este año— ni será una afilada sátira de las Españas pasadas, presentes y futuras —eso era Reyes de la noche, de estos mismos autores, y se la cancelaron—, pero es una muy buena serie.
Si el rol de Prime Video en el panorama de series españolas actuales es ser más tele en abierto que las propias cadenas de tele en abierto, al menos Días mejores demuestra que, con recursos y confianza en los profesionales, se podía hacer la misma clase de producto pero mejor. Humor blanco, progre pero sin asustar a nadie, un poco trágico pero siempre amable y actuado y dirigido de forma tradicional, sí. Todo eso, pero excelente. Marcas un gol más que el contrario y has ganado, sin reinventar el fútbol. Un trabajo bien hecho.

Jose A. Cano