Series españolas
Ser o no ser, temporada 2: Lo tuyo es puro teatro

En la temporada 2 de Ser o no ser continúa la historia de Joel, un adolescente trans aspirante a actor que se encuentra completando sus estudios del Bachillerato de Artes Escénicas. En la primera temporada su inmadurez y falta de sinceridad le costaron su relación con Ona, la compañera de clase que le gusta, y la llegada de una alumna, Bruna, complica un poco más las cosas. Al mismo tiempo Joel sueña con poder operarse para completar su transición, ya que los tiempos de espera en la Sanidad Pública son más largos de lo que él desearía y la economía familiar está muy lejos de ser boyante.
Esta serie es la última superviviente de PlayZ, ese espacio de experimentación con formatos y nuevos públicos que RTVE no sabía que tenía. Que haya llegado a una segunda temporada se debe a los premios y al tema, claro, muy agradecido para atraer a determinados públicos. También, posiblemente, a que ahora el protagonista, Ander Puig, es más famoso tras fichar por Élite.
Por el camino retrata la transición al actual modelo de RTVE Play, que tendrá su primer original 100% con la próxima Esto no es Suecia, que comparte algunos temas con la serie que nos ocupa. Habría que revisar, eso sí, que para el ente «descentralizar» signifique producir en el puente aéreo Madrid-Barcelona, pero eso lo dejamos para otro día.
Tiene gracia que la temporada 2 de Ser o no ser se estrene con tan poca distancia con la cuarta y última de Sex Education (2019-2023) y la inminente séptima (¿y quizás penúltima?) de Élite (2018- ). No es que sea cuestión de compararlas hito a hito, porque son series con objetivos, presupuestos y ambiciones artísticas muy diferentes. Pero la de RTVE, que es la más modesta, gana también en realismo y en ánimo didáctico. Lo cual es como lo mínimo que habría que pedirle a una televisión pública, así que bien.
A fulanito le gusta menganita

Lo mejor de esta temporada 2 de Ser o no ser es lo mismo que lo de la primera: que los chavales, aunque estén dramatizados, suenan a chavales. Un poco ridículos e ingenuos para un adulto, como que se toman demasiado en serio cosas que para padres o profesores son pantallas superadas hace tiempo, pero empatizables en su movida. No son fantasías aspiracionales o sexuales de personas ya con cierta edad o reflejos de prejuicios y ansiedades adultas como suele pasar… mira, en casi todo lo demás, incluida Euphoria (2019-2022), o, por supuesto, Élite.
Claro, eso tiene un precio. Los términos en los que se mueve Ser o no ser son muchos más pedestres (la serie está grabada prácticamente en cinco localizaciones) y la historia mucho más explícitamente didáctica y con menos giros que cualquiera de las anteriormente citadas. Sigue siendo una historieta de ‘a fulanito le gusta menganita pero ella en realidad esta con zutanito’, aunque en general bastante mona y sin excesos dramáticos, de hecho casi que con una madurez emocional que no alcanzas ni juntando a medio elenco de cualquier serie con protagonistas adultos.
Lo que la diferencia de nuevo de sus primas hermanas sobre contenido LGTBI, incluyendo tanques como Las noches de Tefía, es que, a pesar del salto generacional, se mantiene la reflexión sobre las ficciones y el arte como máscara necesaria y salvación. En este caso con un exceso de autoficción que vuelve a escenificar una salida del armario —o varias—, cuando la clase dramatiza su anterior trimestre en una obra para las familias. Además, ya que en este temporada Joel ha superado a la abuela homófoba, tránsfoba y lo que sea menester, la homofobia, interior y exterior, queda toda para uno de los secundarios.
Temas importantes

El peligro cuando se hacen series como Ser o no ser, por otra parte, es que te pones a coleccionar temas de los de «es importante hablar de esto a la chavalada», y claro, se pueden apelotonar. Le pasa a Élite, donde encima se nota tela que son por quedar bien entre cada polvo salvaje con purpurina, y le pasa hasta a Sex Education, que en la última ha tenido que meter chistes sobre ello y todo. Aquí de repente nos encontramos con la salud mental, el suicidio y el consumo de alcohol en jóvenes, todo a través del mismo personaje. Alicia Falcó (Las buenas compañías) lo hace estupendamente, pero a veces suena a pegote y que lo importante era darle otra aspirante a novia a Joel.
También hay que celebrar que, al igual que los referentes positivos del subgénero, se preocupe por darle una salida digna y una posibilidad de redención al personaje de masculinidad más tradicional, cuyas propias inseguridades y razones para ser como es también se exploran. Aunque sean enormemente tópicas, eso sí, pero es que en seis episodios, si encima hasta la madre y la profesora —Emma Vilarasau dándole empaque al conjunto— tienen subtramas, no da tiempo de más.
Bajando el telón. A Ser o no ser no le hacía falta temporada 2, pero tampoco le sobra. Como serie de y para adolescentes sencilla y realista, con aspiraciones de pedagógica sin dar la turra, cumple, y aporta la necesaria novedad de no estilizarlos hasta convertirlos en fantasías truculentas. Por otro lado, el componente meta de ambientarse en clases de artes escénicas la dota de un tono diferente y coherente con las representaciones actuales de los temas que quiere tratar.

Jose A. Cano