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Dani de la Torre y Albert Espinosa logran el equilibrio en la nostalgia en ‘Live is life’

La película es una historia de aventuras clásica que idealiza los 80 sin perderle la cara a cómo hemos cambiado

Live is life

Las películas hay que juzgarlas por lo que son y no por lo que nos gustaría que fueran, es decir, aceptar el código que nos proponen, como comentaba Dani de la Torre en la presentación de Live is life en el Festival de Málaga. El director gallego ha encontrado a mitad de camino el equilibrio entre su tono y el del escritor Albert Espinosa para parir una película de aventuras homenaje a los 80 y a la Galicia rural pero que no le pierde la cara ni a los claroscuros de la época que retrata ni a la narrativa más actual.

Una historia muy alejada del tono de El desconocido o La unidad pero en la que de la Torre confiesa haber vertido parte de sus experiencias de adolescente en la misma Galicia cuyos paisajes se ha recreado en retratar hasta el punto de que entran ganas de quedarse a vivir en ellos. «He querido que viajemos juntos a los 80», confesaba el cineasta, «que quedan hace ya 40 años, y no 20, como todavía seguimos diciendo», bromeó. También confesó que perdió a su madre a los pocos meses de iniciar la producción y que fue ella quien le animó a rodar una película tan alejada de su registro, algo que hace Live is life, que llega a cines el 13 de agosto, aún más especial para él.

Motivos de salud impidieron a Albert Espinosa acompañar a la presentación en el Teatro Cervantes de la película, pero si lo hicieron los cuatro jóvenes protagonistas, Adrián Baena, Juan del Pozo, Raúl del Pozo y Javier Casellas. A ellos, que hicieron piña durante el rodaje, los considera de la Torre como el mayor reto como director que ha tenido hasta ahora: «después de El desconocido y La sombra de la ley pensé que ahora tocaba una peli sencilla, de chavales… y no, manejar a estos cinco…».

Sioux, chicas y bicicletas

Dani de la Torre y Albert Espinosa logran el equilibrio en la nostalgia en 'Live is life' 1

Live is life es, en fin, una película bonita. Visualmente muy bonita. Su primera secuencia marca el tono con Rodri (Adrián Baena), uno de los protagonistas, evadiéndose de un atasco gracias a la música, e indicándonos que lo que vamos a ver tiene más de eso que de espíritu realista. Además el trayecto desde Barcelona hasta el pueblo en Galicia, interminable como solo podía serlo una huida vacacional en familia en aquella época, tiene lo suficiente de tierno y de verídico como recordarnos que lo que vamos a ver se parece aquello: quizás previsible, pero muy cómodo y feliz.

El género «niños en bicicletas» está a punto de convertirse en el nuevo «películas de la Guerra Civil» del cine español, pero tiene la ventaja de huir de referentes extranjeros y saber darle textura de verdad a lo que presenta, lejos del plástico de otras series o largometrajes recientes. Quizás porque el director ha ido a buscar los paisajes de su propia infancia, el bar, los bollycaos, la fiesta y hasta los quinquis que hacen de obligados antagonistas -esos mullets, por Dios- no son cartón piedra, sino recuerdo embellecido, que es de lo que se trata.

La historia de Live is life, eso sí, está más cerca de las que suele escribir Albert Espinosa que del género negro o el policial que cultiva de la Torre, que ha dejado su capacidad para estetizar lo sórdido apenas para una escena en la que se refleja el mundo de la heroína en los 80. Si los tics del autor de Planta cuarta nos ponen nerviosos, algunos giros de guión de esta película lo harán, con el síndrome de la pitufina habitual en él alcanzando un nuevo nivel que casi parece -quizás lo sea- autoparodia.

Live is life y la España que somos

Dani de la Torre y Albert Espinosa logran el equilibrio en la nostalgia en 'Live is life' 2

Un apunte de la rueda de prensa en el Cervantes que explica, en parte, el enfoque de este artículo: durante la misma a de la Torre se le reprochó falta de empatía por la forma de representar el bullying y él, aparte de pedir que se entienda el tono de aventuras de la película tuvo un pequeño arranque y señaló que el protagonista que lo sufre tiene un detalle que demuestra «que un angelito tampoco es». Los chavales de Live is life son tiernos, emotivos y algo inocentones, pero no aspiran tanto a ser modelos de conducta como reflejo.

El director también recordó que el estilo de Espinosa, que ha tenido una vida cualquier cosa menos fácil, es «hacer que los problemas parezcan menos problemas» y transmitir la alegría por estar aquí. De la Torre recordó «que en aquella época en el pueblo a mi me impresionaba que había niños de mi edad, 12 ó 13 años, que trabajaban en el campo después del colegio. Los chicos tenían cargas casi de adultos». De alguna forma «ver cómo era aquella época nos ayuda a conocernos mejor».

Hay un detalle del guión que es mejor que cada uno descubra por su cuenta, pero que define muy bien Live is life, el cine, la nostalgia y la misma vida, que esté yo aquí escribiendo y ustedes leyendo. Uno de los niños rescata un objeto de un lugar en el que ellos no deberían haber pisado y lo usa para algo si no inesperado, al menos inesperable en aquél momento. «Así son los objetos, que tienen un valor o un uso sino el que le queramos dar cada uno en cada momento», explicó el director.

© Fotos Álex Zea – Ana Belén Fernández – Festival de Málaga

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