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Valeria T2: In Spain we call it narcisismo

La comedia romántica de Netflix remonta sobre su desastrosa primera entrega pero sigue derrapando en su intento de construir una fantasía aspiracional

valeria t2

En la segunda temporada de Valeria la protagonista tiene que decidir si publica su novela, Impostora, con pseudónimo masculino, como le propone la editorial, o mantiene su integridad como autora. Al mismo tiempo, y en paralelo a los enredos amorosos y laborales de sus amigas, sigue sin decidirse entre Víctor, el atractivo arquitecto que la volvió loca en la anterior temporada, y Adrián, su ahora exmarido, que no acaba de salir de su vida.

A ver, vamos por partes. La segunda temporada es mejor que la primera. La autora de las novelas, de hecho, está bastante más satisfecha con el resultado de esta que de la anterior, que según sus seguidoras obviaba puntos clave de la trama. Parece que las responsables de Valeria han tomado nota de las críticas recibidas e intentado arreglar algunos desaguisados en cuanto a la representación de la diversidad, de la sexualidad de sus personajes o de su Madrid tan idealizado que quedaba ridículo.

Volvemos a algo que quien suscribe ya admitió en la primera temporada: esto es una cuestión de públicos objetivos y servidor de ustedes no lo es. Aún así, y precisamente por ello, cada producto establece las reglas por las que debe ser juzgado. En el caso de Valeria, se las vuelve a saltar. Menos o de forma no tan tontorrona como en su anterior entrega, pero sí de forma constante y, sobre todo, creando un público, vía fantasía aspiracional, al que sigue tratando como si fuese un poco idiota. Y claro, si no respetas a quien pretendes que te siga, pues algo falla.

Crítica de Valeria T2 sin spoilers

Valeria T2: In Spain we call it narcisismo 1

El problema de Valeria sigue siendo la esquizofrenia de autoayuda y la falsedad del modelo aspiracional que insiste en proponer. Si las comedias recientes de Movistar+ existen en una burbuja pija fuera del tiempo y el espacio, esta versión castiza de Emily en Paris o Sexo en Nueva York quiere al mismo tiempo reflejar la vida real de su público objetivo y ponerla en filtro beauty -como en el chiste de ¿No es romántico?, pero creyéndoselo-. Y claro, sorber y soplar no se puede.

En la T2 no hay momentos de tomar decisiones en base a frases de bolsitas de té, pero su disonancia cognitiva se muestra en una escena donde Carmen, la amiga publicista, está intentando convencer a su novio y compañero de trabajo para que cambie un eslogan de una marca de maquillaje que le parece poco acertado. Le pregunta qué le parece un pintalabios, que tenga en cuenta que ella se lo pone para sentirse bien, no por lo que digan otros. El chaval responde, muy tranquilo y sin entender: «¿Entonces qué más da lo que me parezca?».

Como en muchas otras ficciones, se entiende la vida como potenciar la mismidad del yoismo interior de cada cuál en todo su egocéntrico narcisismo, con el objetivo de que cuando no nos haga falta nadie de nadie en la vida, todos lo noten y se alineen los astros para que cumplamos nuestro destino. Esta serie no está tan interesada en la trama como en venderse como un estilo de vida, aunque sea uno inexistente y un poco tóxico.

No hay más que comprobar como en las semanas previas al lanzamiento, con gran jaracanda por parte de Netflix, la única que ha hablado del argumento es Elisabet Benavent, la autora de las novelas. Todo el resto de entrevistas y movidas varias se han dedicado al diseño, la ropa, los lugares a los que van las protagonistas -sitios carísimos para los que ahora se nos aclara que por sus trabajos algunas de ellas tienen sesiones gratis- o cómo en una reciente feria de interiorismo se recrearon los ambientes del inverosímil salón de la protagonista o su bar favorito.

El taxi de Valeria

Valeria T2: In Spain we call it narcisismo 2

En cuando al argumento, y como decíamos en la introducción, las responsables creativas parecen haber tomado nota de muchas críticas vertidas sobre el pijismo irredento o la muy estúpida representación de la diversidad de la primera temporada -y que en el libro no estaban, encima-. Si en el primer episodio de la T1 Valeria se subía a un über en plena huelga del taxi sin que se entendiese muy bien qué sentido tenía aquello, ahora el taxi se usa como metáfora de sus dudas económicos en torno a si aceptar publicar su novela, Impostora, con pseudónimo masculino o, en fin, autoeditarse.

Por otro lado Nerea, la amiga abogada lesbiana, ahora en paro, es criticada por sus ligues y el resto de amigas por «perfeccionista». Es curioso, porque tiene una escena en la que se ve que no sabe poner lavadoras. Es decir, esta niña no es perfeccionista, es una pija especialmente revenida. Pero nunca se verbaliza que es una cuestión de descenso de clase social. Se ha quedado sin redes de apoyo familiares por salir del armario y esta serie, que quiere ir de progresista, prácticamente no lo menciona.

(Por detalles así, meter un momento «ni una menos» en el que las cuatro amigas sufren algún tipo de acoso callejero al volver a casa de fiesta, queda de pegote. Por cumplir. Venga, media escenita así y ya somos feministas a tope, podemos seguir con el culebroncillo).

Ah, y eso. Valeria, directamente, se autoedita. En la primera temporada nuestra protagonista tenía dos rasgos de escritora: decir que lo era y no escribir nada de nada. Cuando se acostaba con Víctor, el apuesto chulazo que le hablaba siempre como si fuese tonta, su cerebro hacía click y de golpe escribía una novela erótica en dos meses. Ahora, en lugar de mandar el manuscrito a más editoriales -nunca tuvimos claro cómo llegó a la anterior, aunque en las novelas sí se explicaba-, directamente pasa a venderse ella, aunque nunca la veamos hacer nada más que quejarse de que no la compra nadie.

Al menos la vemos ir a eventos literarios -la serie no quiere pasar por pija, así que nos muestra una sesión de vermut y poesía con lectura de Luna Miguel- y hablar de libros -incluso hacen un chiste de que siempre que se adapta un libro alguien se queja de que le mola el Sr. Darcy de Colin Firth, que a quién no, hija-. Pero es que a estas alturas Valeria… nos cae mal. Víctor, ya nunca más un inmaduro chulopiscinas, quiere una relación, pero descubrimos que después de meses viéndose ella no sabe… ni qué edad tiene. Trata a su ligue como el «novio malvado» a su amiga Lola, la fucker del equipo.

In Spain we said ay que me muero

Valeria T2

Porque, por supuesto, aunque toda la parte «profesional» tenga un poquito más de peso, la subtrama sobre la mismidad de cada una de las protagonistas sigue girando alrededor a los hombres, y de nuevo la amiga lesbiana es la única que consigue que esta serie pase el test de Bedchel porque sus rolletes son mujeres. Claro que ese mismo personaje tiene un momento en que lo verbaliza. Es decir, la serie es perfectamente consciente de que al final venimos al salseillo y lo del libro, el cameo de Luna Miguel o el trabajo de la amiga publicista es por parecer más listas.

De hecho. El capítulo 2 de Valeria T2, el 2×02, el segundo de la temporada, concentra la mayor cantidad de escenas eróticas acumulada en un solo episodio por una serie española en los últimos años. En los últimos 70 o así, seguramente. Ni Física o Química y Élite en sus mejores tiempos. Cosa que, la verdad, no tiene nada de malo, porque es lo único de cómo venden la serie que se cumple y al menos ahora la amiga «pringada» tiene escenas calentorras equivalentes a las del resto y no cómicas per se, por ejemplo. En serio, si toda la serie fuese esto, adelante.

O sea, Valeria sigue siendo una fantasía aspiracional de empoderamiento, pero, sobre todo, es una serie que sigue detectando un vacío: la representación de la sexualidad de un determinado sector del público -mujeres jóvenes profesionales y urbanas o gente que se proyecta en la vida que se supone que estas tienen, que ya es decir- que este no ve satisfecho. En ninguna parte. Y como la naturaleza odia el vacío, lo llena con cosas narcisistas y de protagonistas aspiracionales infantilizadas y manipuladoras. Menudo modelo aspiracional.

En resumen: a Valeria T2 le importa más parecer que ser, pero se ha dado cuenta de que tiene que ser un poco más para que no cante tanto. Ojo, como comedia romántica acaba funcionando, el reparto no es malo dado lo que le dan para trabajar y como creación de un mundo aspiracional se le podrán poner pocas pegas -hay gente que paga por entrar a los vestuarios del Bernabéu, no vamos a juzgar a nadie-. Pero aún así, por la creación de un discurso tan egocéntrico, superficial y, en el fondo, machista, la serie se sigue suspendiendo a sí misma en cuanto a crear modelos de empoderamiento, sea este vital o «solo» sexual.

Puedes ver Valeria, T2, completa aquí.

Imágenes: Valeria T2 – Netflix

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