CRÍTICAS
Un hijo: Un drama familiar que se disfraza de thriller

Stills de 'Un hijo'. Montaje: ©Cine con Ñ
Un hijo cuenta la historia de María, una psicóloga escolar que recibe el caso de Guille, un niño de 8 años cuyo comportamiento y dibujos han hecho preocuparse a sus profesores. La orientadora cree que lo que sea que afecta al niño tiene que ver con su padre, Manuel, un hombre poco comunicativo y aparentemente iracundo, pero los dibujos del niño no acaban de dejar claro qué ocurre entre ellos. Ni tampoco el destino de la madre, que ha abandonado el domicilio familiar sin que se sepa por qué.
Nacho La Casa debuta en el largometraje de ficción con este drama familiar que se disfraza de suspense para que su núcleo, relacionado con la incomunicación, la paternidad y el duelo, resulte más impactante al desvelarse. También, quizás, para que el espectador tenga que enfrentarse hacia sus propios prejuicios o suposiciones hacia el personaje del padre, el de la madre… o el de la psicóloga. La jugada es tan compleja, pero también, a su manera, original, que solo plantearla hace única a la película.
Un hijo está protagonizada por Hugo Silva —en su enésimo papel reciente de padre poco comunicativo y con problemas con el duelo—, Macarena García y el descubrimiento del pequeño Ian Cortegoso, al que esperemos que su evidente talento interpretativo no le fastidie la infancia. Jesús Carroza aparece en un personaje secundario más bien instrumental y que sirve para que evitemos pensar que la película puede ir por soluciones altamente perezosas. En general, funcionan mejor García y el niño en sus interacciones que todo lo demás.
Un hijo, el final

Para analizar Un hijo tengo que reventar el final, así que si no quiere saberlo, pare aquí, vaya a verla, y luego vuelva. Ahí va: el secreto es que la madre de Guille murió en un accidente de avión y el padre no sabe cómo decírselo. Por eso siempre está encerrado en sí mismo, triste e iracundo. Solo que el niño no es tonto, sabe que pasa algo, y le oculta al padre que lo ve llorar por las noches, además de tener fijación con Mary Poppins, la película que veía con su madre. Es psicológicamente plausible, pero está escondido de forma rebuscada.
¿Funciona? A nivel emocional… sí. Hay una catarsis final entre padre e hijo —que Silva ejecuta bastante bien, igual que hasta ese momento clavaba al señor estoico que no es mala gente pero lo parece de metido para dentro que está—, y, como los espectadores más o menos hemos seguido a la psicóloga, para nosotros también lo es porque el final respeta al niño y no es «negativo». Incluso se permite un par de lujos de cara a la galería, en un cierre simpático de película familiar que no ha sido hasta la secuencia final.
El problema de Un hijo es la manera de llegar hasta ahí, que es haciendo trampas con la narración. El prólogo nos presenta a la madre en una despedida que los personajes no saben que es definitiva, pero que está rodada para que parezca que sí. Y se sustraen escenas como el accidente del rugby para dejar ambiguo un posible maltrato. Es poco honesto, porque sí que hay escenas desde el punto de vista de Manuel y Guille. Si toda la narración fuese sobre el hombro de la psicóloga, colaría. Así, parece que simplemente nos querían marear.
Un hijo, por principios

Y sí, todas las decisiones que toma La Casa en Un hijo tienen una justificación narrativa y con un raccord, digamos, emocional. La película manipula «bien», e incluso plantea de una reflexión compleja sobre no juzgar la vida de los demás sin conocerla en detalle. La cosa es que los detalles que nos escatima lo hace saltándose sus propias reglas narrativas. E incluso alguna forma de que el padre parezca más «malo» antes de redimirlo —que sea un pelín homófobo el hombre, u ocultar la persona que lleva a Guille a clase cada día— se pasa de tosca.
Es una «pega» que está en el núcleo del planteamiento narrativo y que hace que yo mismo no tenga claro si esta película me ha «gustado» o no. Me parece audaz la idea central, disfrazarte el drama sobre el duelo de otra cosa, más turbia, y jugar con el alivio del espectador al comprobar que, dentro de la tragedia, todo irá bien para Guille. Pero la forma de conseguirla es, en el mejor de los casos, bastante torpe, y si es una forma de reflexionar sobre los juicios sociales, bastante manipuladora.
Con todo, Un hijo me parece un gran debut de Nacho La Casa en la dirección de ficción en imagen real, con unas interpretaciones notables y un buen manejo de la emotividad de la historia sin cargar las tintas en lo trágico ni pasarse de ñoño en las relaciones de los personajes. Una película recomendable para que cada uno la transite como considere necesario, de hecho.
Jose A. Cano