CRÍTICAS | SEMINCI 2026
‘Un hombre en un puente’ o la ambigüedad de la desesperación

Roger Casamajor en 'Un hombre en un puente'. ©Vértigo Films
Un hombre en un puente sigue a Andrés, un antiguo empresario inmobiliario ahora arruinado por una mala inversión, con las cuentas embargadas y sin forma de salir del bucle. Duerme en su coche, se lava en aseos públicos y come sacando dinero de donde buenamente puede por las calles de Madrid. Hasta que llega pandemia de COVID19 y se encuentra que su anterior sistema de vida no es posible. En ese momento decide regresar a su pueblo, donde se reencontrará con su antigua novia de juventud, viejos amigos y su hermano, con el que lleva 10 años sin hablarse.
David Martín de los Santos vuelve al largometraje seis años después de La vida era eso (2020) con una historia que pone a prueba al espectador y sus expectativas, valga la redundancia, sobre el protagonista y su posible destino. Roger Casamajor aguanta prácticamente el 90% de la película en plano con un personaje ambiguo, complicado, que es capaz de caer mal mientras uno espera que le vaya bien, comprensible en sus muy humanos fallos y atrapado en su propia incapacidad para pedir ayuda, que habla sobre lo fácil que es caer por las grietas del sistema y las pocas opciones que existen cuando se entra en dicha espiral.

Jose A. Cano